El periodismo está siendo sacudido como pocas veces antes, desde adentro y desde afuera. Los periodistas nunca tuvieron acceso a tantas herramientas para producir, procesar y distribuir información como hoy, pero tampoco existió una tentación tan traicionera de dejar aspectos fundamentales del oficio —como el pensamiento creativo o el criterio periodístico— en manos de la tecnología. Del otro lado, la sociedad ve su sentido crítico amenazado silenciosamente por los algoritmos, es azuzada por líderes políticos a odiar a los periodistas y consume información dentro de plataformas que los medios no controlan. En esa doble tensión se juega buena parte del futuro de un oficio que atraviesa una de las transformaciones más profundas de su historia.

Sobre ese escenario reflexionó en Rosario Fernando Belzunce, periodista, escritor y director editorial del Grupo Vocento de España, durante una visita a la ciudad en la que participó de una ponencia sobre los desafíos actuales del periodismo, en el marco del ciclo Personal ITP (Innovación, Tecnología y Periodismo), que Personal desarrolla bajo su programa Redacciones 5G. 

“Uno de los grandes retos que tenemos los periodistas es lograr que la información importante, además resulte interesante. Nosotros tenemos la obligación de explicar mejor nuestro trabajo a las audiencias: hay que hacer un ejercicio de transparencia y de didáctica. Nos hemos dedicado, durante décadas, a contar lo que les pasaba a los demás, pero también es bueno que contemos lo que nos pasa a nosotros mismos para que se conozca mejor y se aprecie la importancia de este oficio”, sostuvo.

Una trascendencia que, para Belzunce, no proviene de ninguna condición extraordinaria de quienes lo ejercen, sino de algo mucho más profundo: “Es un oficio que, dicho con humildad, tiene mucha importancia porque lo que hacemos es cubrir un derecho: el derecho de las personas a recibir información veraz para poder tomar sus decisiones con libertad. No es ni más ni menos que eso”.

Belzunce, en el panel posterior a su charla con Lalo Falcioni y Pablo Montenegro, de Rosario3, y Federico Cioni de El Litoral.

“Sin periodismo todo sería peor”

Esa definición también atraviesa Periodistas en tiempos de oscuridad, su último libro, construido a partir de diálogos con más de cien profesionales que cuentan sus experiencias y vivencias dentro del oficio, la mayoría en entornos complejos para ejercer ese rol, como guerras o dictaduras. Y de esos testimonios emerge una reivindicación del periodismo alejada de la épica que, erróneamente, ayudaron a construir el cine, la literatura e incluso los propios periodistas.

“En mi último libro surge la idea de que este oficio no cambia gobiernos, no detiene guerras, no está para grandes épicas, y no tiene por qué ser eso: a veces las películas o algunos casos concretos te pueden llevar a ese equívoco, pero está claro que sin periodismo todo sería peor”.

La conclusión se torna significativa porque proviene de quienes trabajaron en algunos de los escenarios más extremos posibles. “A muchos corresponsales de guerra les he preguntado si han visto compensado tanto esfuerzo, y me decían que sí: si bien no he detenido guerras, si bien el pensamiento idealista que tenía en la juventud se me ha acabado, es verdad que sin mi trabajo la situación habría sido peor. Con mi trabajo he conseguido que muchas situaciones se sepan, que se conozca información que de otra manera no se hubiera sabido, y luego gente que con eso tomó decisiones. Por eso es relevante que el periodismo se ejerza con profesionalismo”.

Ese derecho a conocer para poder decidir explica también por qué, para Belzunce, periodismo y democracia mantienen una relación difícil de separar.

“El periodismo siempre florece en democracia: cuando hay una dictadura, se hace un esfuerzo tremendo y casi que debe ejercerse desde la oscuridad. En el fondo, el periodismo se integra en un sistema de valores en el que la libertad de expresión forma parte de los pilares de las sociedades democráticas. Fortalece la libertad de expresión, la convivencia y las ideas, y permite que la gente tome sus decisiones en libertad”, manifestó.

“Se han empezado a traspasar algunas líneas rojas”

La relación entre periodismo y poder siempre fue tirante. Y es natural: si una de las funciones principales de la prensa es observar, preguntar, investigar y fiscalizar a quienes toman decisiones que afectan al conjunto de la sociedad, la incomodidad resulta inevitable. El problema, según Belzunce, comienza cuando esa tensión se transforma en un intento sistemático de desacreditar a quien la publica. Algo que venimos viendo seguido en nuestro país. 

“Siempre hubo una tensión fuerte entre los poderes y el periodismo, porque el periodismo consiste en auditar esos poderes y en actuar de intermediario haciendo una labor fiscalizadora. Y esa tensión bien entendida es hasta necesaria. Cuando recibes un llamado de un político o de un empresario, digo que es una tensión necesaria porque en el fondo significa que importa, que tu trabajo tiene un efecto”.

Pero, a su entender, algo cambió durante la última década: “Hace no más de 10 años se han empezado a traspasar algunas líneas rojas y ya vemos un ataque frontal hacia periodistas: hay señalamientos, hay una intencionalidad en desacreditar el oficio. Sucede con Milei aquí en Argentina, sucede en Estados Unidos, en España, Suecia, Alemania: países con regímenes democráticos avanzados. Y al final sorprende que en poco tiempo haya cambiado tanto. Una cultura tan democrática como la estadounidense, en diez años se ha dado vuelta: tiene un presidente que ataca a la prensa un día sí, un día no, y eso genera un rechazo y una crisis sobre el propio oficio. La polarización aparece ahí y es muy triste”.

El fenómeno, además, encuentra tierra fértil en las redes sociales, donde la velocidad de circulación y la fragmentación tendenciosa de los contenidos, todo por fuera de los medios tradicionales, desafían hasta límites insospechados qué es lo que la sociedad considera verdadero.

“Vivimos una época donde proliferan las corrientes populistas, que lo que hacen es lanzar mentiras, diluir la verdad, lanzar medias verdades. Y es difícil combatir argumentos que se quedan en los márgenes, que tienen cierta intencionalidad y luego se basan en las redes sociales, que son contextos donde no tenemos el control de nuestros propios contenidos. Todo eso genera un clima de desconfianza y polarización de la sociedad muy fuerte”, subrayó Belzunce.

Con el algoritmo como editor de contenidos, cada persona recibe una selección cada vez más personalizada del mundo que la rodea. Y mientras antes podíamos toparnos con dos opiniones contradictorias en el mismo diario, hoy somos atropellados por una sucesión de contenidos elegidos específicamente por mecanismos que aprendieron qué nos gusta, qué pensamos y, sobre todo, qué queremos seguir viendo.

“Hubo un momento en que se valoraba que un periódico mostrara diferentes puntos de vista, gente con opiniones diferentes, otras ideas, que te sacudiera, que te sacara de la zona de confort. Y ahora hemos entrado en una tendencia donde la gente está acostumbrada a recibir opiniones que refuerzan: eso ha pasado con las redes sociales, con plataformas que parece que adaptan los contenidos que te van a llegar para que te satisfagan”, dijo Belzunce, en diálogo con Rosario3 y El Litoral, medios que acompañaron la realización del evento.

¿Puede el propio periodismo explicar a sus audiencias aquello que está sucediendo? ¿Tiene la obligación de intentarlo?: “Hay una labor didáctica que los periodistas debemos hacer, pero otra cosa es que lo consigamos. De todos modos, hay que intentarlo. Muchos periódicos hemos hecho eso, salir a contar cómo funcionan los algoritmos, las plataformas. Cada vez hay más consciencia sobre eso. Pero es complicado salir de ese bucle, e incluso creo que las empresas periodísticas no somos tan fuertes como para competir con multinacionales que manejan miles de millones de dólares”, remarcó.

Belzunce, junto a los periodistas de Rosario3 que formaron parte del panel.

La tecnología como aliada

Negar las ventajas que semejante aluvión tecnológico le otorgan al trabajo periodístico sería desaprovecharlas. De hecho, Belzunce plantea que la tecnología está ofreciendo posibilidades que hasta hace muy poco resultaban inimaginables para una redacción. Por ejemplo, para hacer periodismo de investigación.

“Hace tres años apenas, cuando tenías acceso a miles de folios de documentación sobre temas de corrupción, desentrañar los datos de cientos de miles de documentos era muy complicado. Debías repartir todo entre diez o doce periodistas y era complicado encontrar cifras, fechas, poder cruzarlos y cotejarlo todos. Pero en los últimos meses hemos hecho un serial de investigación con gran precisión basado en documentos pasados por la IA que nos permitió encontrar ciertos patrones. Tiene muchas ventajas”, graficó.

Bien utilizada, la inteligencia artificial puede ampliar enormemente las capacidades de un periodista. Procesar volúmenes gigantescos de documentación, encontrar coincidencias, detectar patrones o acelerar tareas que antes demandaban semanas de trabajo. Ese sería el lado iluminado de la luna: sobre el otro perfil de la tecnología, el que queda a oscuras, poco podemos hacer porque no está en nuestras manos.

“Hay temas que no podemos manejar. Una cosa es la herramienta y otra es cómo va a cambiar los hábitos de consumo de la población, las consultas, cómo se va a consumir la información, qué rol tendrán los sesgos, cómo nos va a cambiar el entramado de negocios: eso nos trasciende”.

Y es allí donde aparece la paradoja que Belzunce pretende resaltar: cuando las máquinas permiten procesar más información que nunca, cuando los algoritmos pueden conocer progresivamente nuestros gustos y cuando una inteligencia artificial es capaz de reelaborar un texto en segundos, aquello que parecía más antiguo empieza a adquirir un nuevo valor: la vuelta a la esencia. 

“Desde ya que es bueno estar bien parados y preparados: poder comprender la tecnología para poder manejarla y que no sea la que te maneje a ti. Pero con tanto aderezo, lo que toma más fuerza son las esencias periodísticas, lo que te hace volver al oficio puro y duro: la investigación, seguir enviando periodistas a donde suceden los acontecimientos, buscar fuentes por todos lados, contrastar la información, tener un posición de rigor y profesionalismo, tener entrevistas con personas: todo eso no lo va a poder reemplazar la IA”.

El recorrido termina, entonces, en ese lugar bien conocido, fundacional y básico. Un periodista frente a un acontecimiento. Una pregunta a una fuente. Un dato que debe ser comprobado y contrastado con otro. Alguien que estuvo ahí para poder contar lo que pasó. “Quizás la IA pueda superarnos en reelaborar historias. Pero en elaborarlas de primera mano, nunca lo va a poder hacer. Eso es volver a las esencias”.