“Para habitar las alturas, primero hay que aprender a sostener el ascenso.

Pero hay instantes que no avisan, y lo cambian todo. 
Basta un segundo para partir una vida y obligarte a mirar de frente el abismo

Entonces aparece la pregunta que nadie está listo para responder: ¿Quién eres cuando desaparece todo lo que te definía?”.

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Así comienza el trailer para redes sociales de “Ascenso y oscuridad: Punto de no retorno”, el libro que el próximo 5 de agosto presentará en nuestra ciudad el piloto Guillermo Mujica, quien a mediados de julio de 2019, junto a uno de sus alumnos, sufrió en Carcarañá un siniestro aéreo que por poco les cuesta la vida.

Mujica, venezolano de nacimiento, pero ciudadano argentino desde 2015, era instructor de vuelo hasta que su avión de pequeño porte se precipitó al suelo tras sufrir una falla técnica. Increíblemente, y contra todos los pronósticos, ambos lograron sobrevivir. Pero el piloto, que pasó varios días internado, perdió la vista y quedó, como reza el video presentación, obligado a mirar de frente a un abismo jamás imaginado.

“Lo que tuve que aprender, sobre todo, fue a no enfrascarme en el sentido que no tengo. Y pensé: «Si me quedan cuatro sentidos, voy a apuntar a esos cuatro y los voy a tratar de potenciar». Fue ahí cuando hice el cambio de chip: con las cartas que tengo, haré la mejor jugada. Fue difícil, pero aquí estoy”, dijo Mujica en diálogo con Punto Medio (Radio 2).

Su segunda salvación

El expiloto, hoy radicado en Buenos Aires y con 16 años en nuestro país, vivió 11 años en Rosario. “De hecho, todavía mantengo el número de teléfono de allá, con el 341 adelante”, dijo distendido durante un diálogo en el que recordó cómo fue verse de frente ante un desafío que no había entrado nunca en sus planes: una caída de semejante magnitud y su consecuente ceguera.

Llegué a un punto donde realmente me preguntaba: «¿Qué hago ahora? ¿Cómo sigo? ¿De qué me agarro?». Porque literalmente estaba tirado en una cama, sin poder ver y ni siquiera moverme. Me dijeron que solamente tenía que quedarme inmóvil, esperar a que me recuperara y trabajar en mí. Fue muy duro”, recuerda de los días posteriores al siniestro.

Hoy está convencido de que fue su propia pasión por el vuelo la que lo mantuvo anímicamente fuerte: “Me aferré al mismo accidente para seguir adelante, porque realmente era para que tanto mi alumno como yo estuviéramos muertos. Y me dije: «Ok, si haciendo lo que me gusta tuve el accidente; si llegué tan alto con este entusiasmo por volar, llegué a la cumbre y me caí… va a ser esa misma pasión la que me va a sacar de acá»”.

A partir de ahí inició el camino de la reconstrucción. Es decir, de su propia segunda salvación.

La tapa del libro de Mujica.

Ciego antes del accidente

Después del “evento transformador”, como él prefiere denominar al accidente, Mujica tuvo una revelación: ya estaba ciego desde mucho antes. “La oscuridad no radica sólo en la cuestión física de haber perdido la visión. Yo después del coma me desperté sin ver, pero también era oscuro en términos simbólicos el lugar al que tuve que ir para poder reconstruirme”.

“Yo digo que antes del accidente ya estaba ciego porque había muchas cosas que no veía de mi propia vida. Y cuando me tocó ir a ese lugar adonde no quería ir, dentro mío, a limpiar todo eso, se me hizo realmente complicado. Pero no tuve opción: tuve que ir sí o sí. De ahí viene el segundo título del libro, ‘Punto de no retorno’, que es un vocablo que se usa en aviación cuando el avión vuela sobre zonas inhóspitas (círculos polares u océanos), en las que, si pasa algo (una falla del motor, una falla hidráulica, una emergencia médica), el avión ya no puede pegar la vuelta. Y tiene que seguir. Eso es exactamente lo que me pasó a mí”.

Vivos de milagro

Todos los recuerdos que Mujica tiene del accidente, que narra en el capítulo 6 de su libro, son producto de la memoria de su alumno, quien pilotaba la aeronave hasta que un motor se apagó.

Yo no recuerdo nada del accidente. Perdí completamente la memoria de los últimos dos días antes de la caída. Pero mi alumno me contó que el impacto fue realmente muy brusco y que es inexplicable cómo salimos vivos”, comentó.

“Nosotros despegamos de Carcarañá luego de cargar combustible y veníamos con destino a Rosario. A unos 200 pies de altura, la hélice se plantó. Mi alumno creyó que era todo una simulación para ver cómo reaccionaba. Pero cuando se dio vuelta, vio mi cara y notó que le quité rápidamente el mando, entendió que era verdad”, narró, en uno de los puntos más tensos de la entrevista.

“Cuando viajás en esos aviones y perdés el motor, si bajás la nariz, ganás velocidad, planeás y lo podés aterrizar en el campo. Pero enfrente teníamos el tendido de cables de alta tensión y no lo podíamos hacer. Mi alumno dice que yo maniobré, pude atravesar los cables e intenté bajar el avión, pero al haber sacrificado velocidad para ganar distancia horizontal, el avión se invirtió y caímos del lado mío”.

El impacto fue muy brusco. Y encima recién habíamos cargado combustible. ¿Por qué no explotó? Como piloto no te lo puedo explicar: aún no lo entiendo. Había baterías, corriente eléctrica, el tanque lleno de combustible, un impacto de dos o tres G de desaceleración. Era para que el combustible explotara con cualquier chispa, pero no sucedió”, acotó con tono asombrado.

“Por eso, al pensar en todo lo que pasó, me dije: «Si no estoy muerto, si quedé vivo conociendo cómo son estos accidentes… entonces algo tengo que hacer»". Y aún hoy sigue intentando remontar vuelo con una entereza admirable.

Vivir sin ver

Mujica había logrado todo lo que se había propuesto. Hacía y vivía de lo que le gustaba en un país que le abrió las puertas de par en par. Pero el destino le cambió drásticamente el escenario: de un día para otro, se encontró luchando contra otras dificultades y con otras armas. Sin uno de los sentidos más importantes, pero con una certeza: avanzar cueste lo que cueste.

Lo que tuve que aprender fue a no enfrascarme en el sentido que no tengo. Me dije: «Si me quedan cuatro, voy a apuntar a esos cuatro y los voy a potenciar». Fue ahí cuando hice el cambio de chip: con las cartas que tengo, haré la mejor jugada. Fue difícil, pero acá estoy”, abundó.

Para Mujica, lo primero y más difícil fue aceptar: "Que no es darse por vencido: todo lo contrario. Una vez que yo acepté mi realidad, me abrí a recibir ayuda. Y entré a un centro de rehabilitación para personas ciegas. En la Asociación de Ayuda al Ciego me enseñaron orientación y movilidad, computación, uso del teléfono. Fue difícil, sobre todo porque siempre querés ver lo que estás haciendo. Pero necesitás mucha paciencia”.

“Había días en los que me levantaba con bronca, pero era quedarme en eso o seguir adelante. Y de a poco empecé a sentir los progresos: manejar la computadora, usar el teléfono; primero salir a la vereda, luego cruzar calles; hoy, a viajar en subte, ir en colectivos y hasta a escribir un libro. Hoy vivo solo, usando técnicas para barrer, cocinar, lavar, darme cuenta de qué ropa tengo puesta y cuál usar. La aceptación es lo que más cuesta, pero una vez que lo lográs, ya todo vuelve a depender de vos”, sentenció, orgulloso por no haber soltado nunca, ni en los momentos más críticos, la palanca de mandos de su vida.

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“Fue entonces cuando comprendí que ningún final tiene la última palabra. Que incluso en las ruinas, un nuevo comienzo aguarda ser descubierto.

Y en medio de las sombras, descubrí la fuerza más feroz: reconstruirme desde lo invisible.

Porque hay vuelos que solo comienzan después de la caída”.

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La presentación del libro “Ascenso y Oscuridad: Punto de no retorno” será el próximo miércoles 5 de agosto a las 11 horas en La Huella Lounge, planta alta del Aeropuerto Internacional Islas Malvinas de Rosario. Será con entrada libre y registro previo al mail gmujica.autor@gmail.com.

El libro se puede adquirir contactando directamente al autor a su teléfono personal: 341 351-7353.