La Fermi Explorer Mission anunció que planea enviar en 2029 una pequeña sonda hacia Alfa Centauri, nuestro sistema vecino a 4,4 años luz. El viaje durará unos 80.000 años.

Philip Johnston, cofundador y presidente, que también es CEO de la empresa de centros de datos espaciales Starcloud, creó el proyecto junto a Ezra Feilden y Adi Oldean. La operación diaria está en manos del exoficial de la Fuerza Aérea de EE. UU. Garrett Jamison, y cuenta con asesores de peso como Rob Meyerson, expresidente de Blue Origin, y Matt Gialich, de la minera de asteroides AstroForge.

La propuesta rompe con todo lo hecho hasta ahora. Las Voyager 1 y 2 de la Nasa sí están en el espacio interestelar, pero no van hacia ninguna estrella en particular; simplemente se alejan siguiendo la inercia de su gran recorrido por los planetas exteriores. Fermi Explorer, en cambio, nacería con destino fijo.

Y lo haría de forma sorprendentemente austera. El equipo habla de una nave de apenas 100 a 200 kilos, capaz de llevar al menos un kilo de carga útil, con propulsión eléctrica ya probada - no láseres futuristas como los que proponía el proyecto Breakthrough Starshot para llegar a Próxima Centauri en 20 años - y un costo total por debajo de los 15 millones de dólares. Aseguran que ya tienen una propuesta de un gran fabricante de satélites dentro de ese presupuesto. Los detalles de construcción y cargas útiles se definirán en los próximos meses, mientras la organización, constituida como 501(c)(3), busca donaciones.

Pero el objetivo no es solo llegar. Es lanzar una pregunta. La misión toma su nombre de la paradoja de Fermi, esa famosa interrogante que Enrico Fermi planteó en 1950: "¿Dónde está todo el mundo?". Hoy, cuando sabemos que los exoplanetas abundan en la Vía Láctea, la pregunta incomoda más que nunca.

El equipo la resume en tres posibles respuestas: que la inteligencia como la nuestra sea extremadamente rara, que sea común pero efímera, o que sea común y duradera pero decida no mostrarse.

Enviar una sonda que tardará 80 milenios no resolverá el enigma, pero dejará un precedente. Como ellos mismos explican, después de esta misión sabremos con certeza algo que hoy solo intuimos: que es posible para una especie inteligente intentar llegar a su estrella más cercana sin gastar una fortuna, y que al menos una especie lo intentó.