Dicen que lo que más le hace perder la cabeza a la joven millonaria son la magdalenas. Esas masitas mantecosas y rellenas en la mayoría de los casos de dulces y chocolates, además disfruta mucho de las sopas de pollo y de los fideos, de distintos tipos. En la cárcel no se privó de tomar café, salsa de soja, comer caramelos varios y aderezos pero ninguna de estas ingestas lograron que su peso dejara de bajar. Probablemente los nervios, los cambios de humor y el encierro hicieron que no procesara tal alimentación y por eso descendió tres kilos.
Además, cuentan que Paris fue generosa y solidaria con sus compañeras y compartió con ellas todas las delicias y manjares que ella misma disfrutaba. En tanto, se gastó 145,32 dólares para que las demás reclusas sintieran, por lo menos por unos días, cómo se alimenta una chica de la alta sociedad. Y eso, claro, la ayudó a bajar unas libras antes de volver a su hogar.