El consumo en exceso de bebidas de elaboración industrial, es decir, más de 350 ml por día (tres vasos), a veces se convierte en una fuente de trastornos para la salud de los niños ya que, en relación con los distintos ingredientes que contienen, pueden ocasionar mayor riesgo de sufrir caries y erosión dental, trastornos nutricionales como la obesidad o el bajo peso y dolores abdominales o gastritis.

También lo más pequeños pueden sufrir alteración en el crecimiento de la talla (menor estatura a la determinada por su potencial genético), disminución del calcio en la sangre, llegando en algunos casos extremos en lactantes a convulsiones, irritabilidad y trastornos de la conducta e insomnio, urticarias y otras alergias.

En el mercado existe una inmensa variedad de bebidas elaboradas industrialmente a partir de frutas, hortalizas, hierbas, semillas y otros componentes vegetales:
- gasificadas;
- jugos, pulpas y jugos concentrados;
- jarabes, polvos y granulados efervescentes para preparar con agua;
- infusiones, extractos, percolaciones y maceraciones.

Pero se debe tener en cuenta que también el consumo en exceso puede perturbar hábitos saludables ocasionando rechazo o disminución de la necesaria ingesta de leche (al reemplazarla por estas bebidas) y desórdenes en el apetito a la hora de comer (las calorías que contienen interfieren en el natural ciclo hambre -comida -saciedad).

Las bebidas de elaboración industrial suelen contener una variedad de aditivos (colorantes, acidulantes, edulcorantes, reguladores y neutralizantes de la acidez, aromatizantes, conservantes, espesantes, antioxidantes, estabilizantes, etc.) que, si bien están permitidos, no se recomienda su ingesta en los niños pequeños.

Aunque para los niños habituados a las bebidas azucaradas en un comienzo no sea de buen agrado, los especialistas aconsejan instalar el hábito de beber agua fresca.

En general, los niños dicen que tomar agua no les gusta cuando tienen la opción de tomar otras bebidas dulces de elaboración industrial. Los más pequeños conocen estas bebidas y las piden desde muy pequeños porque los adultos se las ofrecen o los inducen a tomarlas. También por imitación de su entorno familiar o por presión publicitaria y social.

Los azúcares que contienen se consideran calorías vacías y desplazan la ingesta de alimentos con nutrientes de mejor calidad e imprescindibles para su crecimiento y desarrollo madurativo.

Las bebidas dietéticas suelen tener azúcares en cantidades reducidas, pero mantienen el hábito de consumo de bebidas industriales.
Los niños, sobre todo los más pequeños, tienen una predilección especial por las bebidas dulces pero ignoran los riesgos de su consumo excesivo. Los padres, los adultos e instituciones responsables que los cuidan deben estar informados sobre estos potenciales trastornos y regular su ingesta a no más de 120 ml por día (un vaso), siendo desaconsejable ofrecerlas a lactantes y menores de 1 año.

Fuente: Sociedad Argentina de Pediatría