La cirugía míni-invasiva, conocida también como laparoscopía y/o cirugía video-endoscópica, es una alternativa que hoy, en los grandes centros internacionales, reemplaza a la cirugía convencional o “abierta” que exige grandes incisiones. Se trata de una técnica quirúrgica que se practica a través de pequeñas incisiones, usando la asistencia de cámaras de video que permite al equipo médico ver el campo quirúrgico dentro del paciente y accionar en el mismo.
Estas técnicas han modificado de raíz la práctica quirúrgica: el cirujano opera guiado por la imagen del tejido, con más precisión que durante la cirugía abierta. La mayor diferencia con la cirugía abierta, es que las incisiones laparoscópicas de 5 y 10 milímetros contrastan con la tradicional, que implica realizar una herida en la pared del abdomen de más de 10 a 15 centímetros.
La tecnología actual ha permitido el desarrollo de instrumental quirúrgico adecuado para trabajar mejor que la cirugía abierta a través de incisiones de tamaño reducido”. El cada vez mayor cúmulo de evidencias sobre su efectividad y seguridad hace crecer el número de pacientes que recurren a ellas. Las razones hay que buscarlas en el número importante de ventajas que ofrece la técnica mini-invasiva. Entre ellas enumeran el escaso dolor postoperatorio, disminución de internación que oscila en 12 a 48 horas, la rápida deambulación y menor uso de medicamentos como analgésicos y antibióticos. También se destacan la importancia que tiene para el paciente la disminución de posibles complicaciones y los resultados estéticos debido a las pequeñas incisiones que se practican.
La demanda social en técnicas de mínima invasión es ya una realidad. El campo de intervención es amplio; estas técnicas pueden aplicarse para la extirpación de una parte o de todo el riñón por diferentes causas, (nefrectomía parcial o total), la extirpación de la glándula suprarrenal (adrenalectomía o suprarrenalectomía), cirugías reconstructivas de la vía urinaria (pieloplastias) y extracción de cálculos (piedras) de la vía urinaria. También para extirpación de la vejiga (cistectomia), cuando esté indicada, extirpación de la próstata debido a la presencia de un cáncer de próstata localizado (prostatectomía radical) y la corrección del varicocele.
De esta forma, la laparoscopía urológica ha ganado cada vez más aceptación como alternativa a la cirugía tradicional y ha demostrado sus frutos en todos los campos de la cirugía urológica. El trauma al paciente se reduce enormemente y esto redunda también en una estadía hospitalaria mas corta.
Dr. Martín Piana
Director del Departamento de Cirugía Laparoscópica y Renal Percutánea del Sanatorio Parque de Rosario