El crimen de un niño en el marco de un ritual espiritista conmovió a la población de la localidad correntina de Mercedes, un pueblo de 60 mil habitantes ubicado en el norte de esa provincia.

El caso de Ramón Ignacio González, un niño de doce años que apareció violado, torturado y decapitado, en el cruce entre una vía y una calle, cerca de la estación de trenes se conoció hace diez  meses.

El caso conmueve a los mercedinos porque pone en cuestión una larga tradición de religiosidad popular sincrética en una zona donde cualquier entuerto pasional o material puede resolverse con prácticas mágicas, según publicó hoy el diario de tirada nacional Página 12.

El juzgado que investiga el homicidio hace tres meses decidió retomar el caso con una hipótesis polémica: que la espantosa muerte de Ramoncito, como ya se le dice en toda la provincia al nene, fue un crimen ritual.

Ramoncito era uno de los dos hijos de una mujer sola que para sobrevivir ejercía la prostitución. Según fuentes judiciales, el mismo niño había ingresado al creciente circuito de prostitución de menores.

El 6 de octubre, los últimos que lo vieron fueron sus compañeros de escuela y su maestra. Las huellas del chico se pierden hasta que al día siguiente apareció tirado, vestido sólo con un pantalón corto que mostraba sus nalgas.

Lo que más impactó del hallazgo es que la cabeza había sido seccionada del cuerpo y puesta al costado izquierdo del cuerpo, a la altura del hombro.

El juzgado de Curuzú Cuatiá, a cargo del juez Gustavo Buffil, que investiga el caso, envió los restos de la criatura al Laboratorio de Antropología Forense del Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

“Fue decapitado, de acuerdo con el informe forense, de izquierda a derecha, con un cuchillo de punta aguzada. El niño estaba vivo cuando le ingresan el objeto punzante hasta que le producen el degollamiento. La decapitación es un paso final. Antes fue quemado con cigarrillos en el costado izquierdo, brazos, palmas de la mano. También se notó un corte profundo debajo de la nalga izquierda, en la parte posterior de la pierna”, describió una fuente de la investigación.

La causa tuvo una primera etapa en la que se supuso haber llegado a los culpables. Cinco personas fueron detenidas a los dos meses del crimen, entre ellos un supuesto pai kimbanda. Pero en el mes de junio fueron liberados por falta de mérito. Las pruebas halladas para inculparlos fueron insuficientes.

Luego, hace dos semanas, fueron allanadas dos casas del barrio Matadero, de Mercedes, y detenidas dos mujeres. En las paredes de una de las viviendas los peritos hallaron rastros de sangre humana.

Las mujeres habrían sido practicantes de un particular culto religioso en el que se mezclan el kimbanda, los cultos afrobrasileños, el cristianismo, el espiritismo y en especial, la adoración por El Señor de la Muerte, una divinidad antigua en Corrientes. El Señor es una calavera con una guadaña, y no el San La Muerte, que se conoce ya en todo el país.

La hipótesis en la que intentan profundizar los investigadores judiciales se aferra a la idea de que el niño fue usado como ofrenda a alguna deidad pagana como la de El Señor. “El hallazgo del cuerpo en una zona de cruces de vía con camino".

"La posición del cuerpo, el tronco y los pies con rumbo noreste. La posición del cráneo, que había sido escalpelado por alguien con cierto conocimiento. Y sobre todo el hecho de que la sangre había sido usada para algo, o sea que no encontramos nada de sangre en el cuerpo nos hace pensar en el crimen ritual”, dijo una fuente del Gabinete de Investigaciones Antropológicas a Página 12.

José Humberto Miceli, un etnógrafo correntino que trabaja desde 1985 en el estudio de nuevas religiosidades, señala que para buscar una explicación al crimen se debe revisar el culto centenario del Señor de La Muerte.

Antiguamente se decía que consumía sangre de manera simbólica, porque si no se secaba. Por un período corto se incrustaba en la piel, en plomo, oro o plata. Pero lo que más inquieta a los investigadores es que al cuerpo de Ramoncito le habían extraído las vértebras cervicales, de la cuarta a la séptima.

“Normalmente se sacaban de los cementerios –cuenta Miceli–. Con eso hacían talismanes o con la ralladura de los mismos, ungüentos. Es la tradición mágico-religiosa propia de Corrientes.