La distribución demográfica en Israel y los territorios palestinos ocupados dará un vuelco en menos de doce años, pasando a representar la población árabe más del 55 por ciento de los habitantes al oeste del río Jordán.

Se trata de una unidad geográfica en la que, más allá de sus aspiraciones políticas, ambos pueblos comparten recursos naturales y socio-económicos, y sobre su reparto girará el proceso de negociación que Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP) deberán iniciar tras la conferencia de paz de Annapolis.

"Ahora ambas comunidades están equiparadas en torno al 49 por ciento pero en 2020 los judíos serán poco más del 40", afirmó Arnón Soffer, investigador de la Universidad de Haifa, al advertir que Israel perdería su carácter judío si no se crea urgentemente un estado palestino.

A este demógrafo, que ha asesorado a los últimos seis gobiernos israelíes en las relaciones con los palestinos, se le atribuye el histórico viraje que el ex primer ministro Ariel Sharón dio en 2004, cuando decidió evacuar la franja de Gaza.

"A todos aquellos de la corriente del Gran Israel, no les puedo decir más que, con todo el cariño del mundo... ¡No se puede anexionar Cisjordania!", sentencia sin ambages Sofferno, quien no está precisamente motivado por sentimientos pacifistas, respecto a ese otro territorio palestino.

La corriente del "Gran Israel" es la que siguen los judíos que creen que su país debe comprender todas las tierras que ocupaban en los tiempos bíblicos y que incluían, además del actual Israel, los territorios de Cisjordania y Gaza, donde los palestinos aspiran a crear su estado.

Según el investigador, en estos momentos hay unos once millones de habitantes en la que fue la Palestina Británica de antes de 1948: algo más de siete millones en Israel y cuatro en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este.

De los siete millones de personas con ciudadanía israelí, sólo 5,33 millones son judíos, y el resto minorías de origen árabe -1,3 millones-, y de origen diverso no-judío.

Para 2020, Soffer prevé un estallido demográfico hasta... los 15,5 millones, un estallido demográfico que favorecerá a los palestinos debido a su más alta tasa de natalidad.

Y es que mientras cada mujer palestina tiene de promedio más de 5 hijos, las israelíes se quedan muy por detrás, con sólo 2,8.

Respecto a los objetivos de las negociaciones entre palestinos e israelíes que deberían emanar de la inminente conferencia de paz de Annapolis (Estados Unidos) el académico apuesta por una única solución: "la separación urgente de los palestinos para preservar la mayoría judía en Israel".

"Israel es la que tiene que resolver el problema porque el tiempo corre contra él", insiste sobre la amenaza demográfica que, dice, "se cierne sobre el Estado judío".

Las conclusiones de este experto se han filtrado en todos los estratos del Gobierno israelí que dirige el primer ministro Ehud Olmert, a juzgar por el debate que domina las actuales negociaciones con la ANP, a la que el actual ejecutivo pide que reconozca a Israel como "estado judío".

Es también el principal argumento que esgrime Olmert para defender ante su electorado la intención de negociar con los palestinos la creación de un estado independiente.

En los últimos años, incluso el pacifista Yosi Beilin, líder del frente Meretz-Yahad, alertó sobre "al final del sionismo" como argumento fatalista para promover su "Iniciativa de Ginebra".

Esa iniciativa prevé un acuerdo de paz sobre la base de las fronteras de 1967 sin el regreso a Israel de los cuatro millones de refugiados palestinos, algo que también defiende Soffer.

"¿Tienen que volver a Haifa en nombre de la Justicia? No, la solución no está en Israel, tendrán que ir al estado palestino o integrarse en los países en los que están desplazados...como ocurrió tras la Segunda Guerra Mundial...otra opción sería suicida", sentencia.