Escenario de las más memorables páginas de la historia deportiva, cultural y política de la Argentina, el Luna Park ahora es propiedad de la Iglesia. Su dueña, Ernestina de Lectoure, lo dejó en su testamento a Cáritas Buenos Aires y a los salesianos de San Juan Bosco. Corren los rumores sobre su futuro. Uno de los socios minoritarios, Miguel Ángel Lectoure, sobrino de la fallecida, puso en duda continúen sus tradicionales espectáculos. “¿Cómo van a hacer un recital de Village People en el Luna Park? Sería algo contrario a lo que promulga la Iglesia”, disparó.
Según publicó La Nación, Ernestina era la propietaria del 95 por ciento del estadio; tras su decisión –conocida luego de su muerte en febrero pasado, a sus 95 años– ese mismo porcentaje pasó a manos de la Iglesia junto con otros objetos, entre ellos obras de arte y el propio piso donde vivía.
Consultado acerca del futuro del predio, en cuyas paredes resonaron las voces inconfundibles de grandes artistas, desde Frank Sinatra y hasta el ídolo cuartetero Rodrigo, Lectoure aclaró que la sociedad se encuentra por el momento acéfala por lo que el Juzgado en lo Comercial Nº 22 determinó su intervención.
Aclaró además, que los trámites sucesorios aún continúan y que recién cuando la Inspección General de Justicia (IGJ) concluya su oficio, los nuevo dueños podrán hacerse cargo de las cuotas societales heredadas, pero puso en duda continúen con sus eventos.
Declarado monumento histórico nacional en 2007, cualquier intervención o modificación que se quisiera hacer en el Luna Park debe ser autorizada primero por la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos, dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación. Además, el edificio fue reconocido en 2001 como sitio de “interés cultural” por la Ciudad Autónoma.