El nuevo eslabón de las formas de cultura participativa está representado por una enorme cantidad de autores “amateurs” que crean nuevas historias a partir de los personajes de sus libros, series o películas favoritas, siguiendo o rompiendo con las líneas narrativas del universo inventado por los autores originales. Su producción recibe el nombre de “fanfiction” y se publica en Internet en diferentes formatos: como tradicionales textos de relatos, en video y hasta ilustrados con dibujos de artistas amateurs.

Los sitios en Internet que archivan estas obras son cada vez más numerosos. FanFiction.net, considerado el mayor archivo online de ficción escrita por fans y el más visitado entre quienes buscan “fanfiction” en la Red (con el 34,7% de las visitas que surgen a partir de Google), ya tiene más de 1.300.000 usuarios registrados (entre ellos medio millón de autores) y supera los 900 mil relatos originales en más de 30 idiomas. Sólo en ese sitio, existen más de 346.000 relatos de “fanfiction” que se inscriben en el universo de Harry Potter.

En este contexto, el ejercicio de crear “fanfiction” dejó de verse como un pasatiempo de adolescentes o personas con problemas de socialización, para ser analizado sobre el fundamento de la transficcionalidad, las nuevas prácticas de lectura y géneros muy próximos a la narrativa posmoderna como las sagas o series novelescas fantásticas. Pocos ignoran que la difusión de esta práctica pone en jaque los conceptos legales de autor y derechos de la propiedad intelectual además de nuevas formas de circulación cultural.

Los diferentes investigadores coinciden en que el fenómeno, que venía creciendo exponencialmente desde la década del 60 a partir de los relatos inspirados en la serie de televisión "Viaje a las estrellas", explotó gracias a Internet. No obstante, para las productoras audiovisuales, las editoriales y algunos autores, la apropiación de sus personajes que hacen los autores de estos relatos violan sus derechos de propiedad intelectual.

Quienes defienden la fanfiction en particular --y el reino de los fans (fandom) en general-- señalan que muchos reconocidos escritores han empleado personajes y universos procedentes de otros autores a lo largo de la historia. "La fanfiction es una forma en que la cultura repara el daño causado en un sistema donde los mitos contemporáneos son propiedad de corporaciones en lugar de pertenecer al pueblo", sostiene Henry Jenkins, catedrático del Instituto de Tecnología de Massachusetts, experto en la materia y autor de uno de los primeros libros que se ocupó del fenómeno.

Varios autores han autorizado y fomentado estas ficciones, entre ellos J.K. Rowling, que en un comunicado dijo sentirse "halagada" por el deseo de los fanáticos de producir sus propias obras a partir de la saga, de manera amateur, aunque exigió que siempre se haga sin fines de lucro y sin contenido sexual explícito.

Otra de las características de la “fanfiction” es que los propios fans teorizan sobre ella. La catalogan por género, hacen críticas, dan consejos e inician en su actividad a los novatos. Con la dinámica propia de Internet, las respuestas a estas obras no se hacen esperar. Los lectores, que suelen ser también autores de “fanfiction”, publican sus propias críticas. Encumbran o critican los nuevos productos, y hasta alimentan las obras originales influyendo cuando las tramas aún no están cerradas como en el caso de series de televisión o telenovelas.

Fuente: Clarín