Castro, de 81 años, lleva casi 17 meses apartado del poder y de la vista del público por una enfermedad no revelada que lo obligó a transferir el mando a su hermano Raúl.

La semana pasada sugirió, en una carta leída por la televisión, que no pretendía aferrarse al poder ni obstruir el paso a nuevos líderes. Su papel, dijo, era aportar la experiencia acumulada en casi medio siglo de Gobierno.

"Lo que más ha destacado la prensa internacional sobre Cuba en días pasados fue la frase en que expresé (...) que no soy una persona aferrada al poder. Puedo añadir que lo fui un tiempo, por exceso de juventud y escasez de conciencia", dijo en el mensaje leído al inicio de una sesión del Parlamento.

"¿Qué me hizo cambiar? La propia vida, a medida que profundizaba en el pensamiento de (el héroe de la independencia, José) Martí y de los clásicos del socialismo", añadió.

El futuro político de Castro será aclarado en marzo, cuando una nueva legislatura del Parlamento decida si lo reelige o no como presidente del Consejo de Estado, el cargo que ha ocupado durante más de tres décadas. El líder cubano llegó al poder con la revolución de 1959.