La vaporosa vida de la argentina que conquistó al príncipe de Orange, Máxima Zorreguieta, es contada en una biografía no autorizada que acaba de desembarcar en las librerías argentinas, escrita por los periodistas Gonzalo Álvarez Guerrero y Soledad Ferrari.
La biografía no autorizada de Máxima llega a las librerías
La historia de la argentina que conquistó al príncipe de Orange es contada por los periodistas Gonzalo Álvarez Guerrero y Soledad Ferrari. Aunque la portada dice que "la casa real holandesa no quiso que se publicara", su imagen no se ve afectada
Aunque en la portada figura una leyenda que dice "el libro que la casa real holandesa no quiso que se publicara" la imagen de Máxima no se ve afectada por las anécdotas reflejadas en esta biografía, recién publicada por Sudamericana.
El libro ahonda en los orígenes familiares, la historia de sus padres, el pasado de Jorge "Coqui" Zorreguieta como secretario de Agricultura de la dictadura militar, al tiempo que desgrana la cronología de Máxima desde que era una "bella niñita, rubia y cachetona", hasta su metamorfosis en princesa de Holanda.
Frescura, glamour, gracia, desenvoltura, son los atributos mencionados por los autores, para explicar cómo hizo una argentina plebeya para convertir en realidad un cuento de princesas.
Pero agregan que para "asfaltar su camino hacia el trono de Holanda" fue necesario la complicidad activa de la reina Beatrix. "’Se llama Máxima, es argentina pero vive en Nueva York. Confiá en mí y no preguntes nada’", le anunció Willem Alexander a su madre.
Por la inédita seriedad que registró en el tono de su hijo, la reina Beatrix supo que esa chica era la elegida. Fue entonces cuando empezó el plan de indagación e instrucción", escriben los biógrafos.
Sin embargo, justo es reconocer, el rol cumplido por la familia desde los tiempos de la abuela Carmenza, cuyo objetivo de ’pertenecer’ a la aristocracia de Pergamino, fue una bandera seguida y retomada por su hija, María Pame, bella y rebelde como lo fue su primogénita. Coqui Zorreguieta, conocía a Pame desde que ella tenía diez años pero recién en 1963 cuando tenía 35 años, era casado y tenía tres hijas, se fijó en aquella inquieta joven de 20.
Y finalmente formaron una pareja sin papeles, porque en esa época no existía el divorcio. Un año después de sancionada la ley, en 1987, formalizaron su relación.
A pesar de no poseer una fortuna o abolengo que se remontara a la época de la Colonia, como resaltan los periodistas, Máxima fue educada en el Northlands -uno de los colegios privados más prestigiosos- aprendió inglés y a esquiar, hizo las amigas adecuadas y se inscribió en la Universidad Católica Argentina para estudiar Economía.
Los biógrafos aportan una serie de datos en esta etapa de la investigación, que revela información suministrada por allegados a la familia en tiempos alejados al cerco que luego se levantó en torno a la futura princesa.
Cuando Máxima se fue a Nueva York en junio de 1996 ya tenía un trabajo asegurado en el HSBC James Capel Inc y a partir de ese debut laboral, el relato muestra su rápida adaptación a la ciudad, donde conoció a Dieter Zimmermann, "Fue un noviazgo intenso", describen los biógrafos.
La aparición de Cynthia Kaufmann, una vieja compañera del Northlands, fue una señal del destino: en enero del 99 en el centro invernal de Vermont le dijo a Máxima "tengo un tipo ideal para vos...". "El encuentro se concretó en una fiesta de la ExpoSevilla. Willem Alexander se sintió un hombre de suerte cuando descubrió a la chica de las fotos bailando sola (...) Cinthia lo saludó con doble beso y los presentó. Máxima dudó si imitar a su amiga, pero en un segundo resolvió estirar la mano", cuentan Álvarez Guerrero y Ferrari.
"Bailaron juntos. Se rozaron. Willem Alexander, bromeando, improvisó un tango", reconstruyen los biógrafos esa escena inicial en la que el príncipe "se enamoró". A partir de ese momento todo se desenvolvió en medio del vértigo, pasaron 90 días y Máxima conoció a la reina, en Italia y compartió unos días a bordo del Dragón Verde, el yate de la familia real, navegando por la riviera Toscana.
Beatrix quedó encantada con ella pero le marcó las reglas de entrada: "tu amor por Alex también deberá reflejarse en el respeto al protocolo, que establezco yo" le dijo mientras que su marido, el príncipe Claus le recomendó que aprendiera el holandés.
El príncipe de Orange tampoco tardó en viajar a la Argentina, para conocer a los padres de Máxima, quien ya consolidada en la relación se instaló en Bruselas, para comenzar un período de entrenamiento "en pos de convertirse oficialmente en princesa".
La historia que sigue ha sido ampliamente difundida por las revistas del corazón aquí, en Holanda y en todo el mundo, la biografía las sistematiza e incorpora algunas anécdotas propias de la princesa en sus visitas a la Argentina, así como expone algunos testimonios de personas que tuvieron algún contacto con ella.
Estela de Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, recuerda el encuentro que mantuvo con Máxima en 2006: "Fue una reunión muy positiva. Porque demostró que el tema de la violación a los derechos humanos no le es indiferente".
El libro incluye fotos en las que aparece Máxima chiquita, vestida de colegiala, con sus amigas, en Nueva York, el día del casamiento, imágenes oficiales y también instantáneas de sus paseos por Buenos Aires.
Fuente: Télam