Virginia Giacosa

Rosario tiene adentro otra ciudad que vive en paralelo y, aunque parece moverse en una dimensión ajena, casi nunca es invisible a los ojos de quien la recorre. Porque justamente el territorio que ocupa esa otra ciudad que alberga Rosario son las mismas veredas.

Por el mismo sitio donde durante el día pululan comerciantes, ejecutivos, profesionales, de noche hormiguean los cirujas, los indigentes y los sin techo en busca de un lugar donde pasar la noche.

En Rosario actualmente hay 70 personas en situación de calle reconocidas por el Programa de Asistencia de Intervención Directa de Promoción Social, que por esta semana redobló las tareas para ayudar a las personas que no tienen techo.

El trabajo se intensificó no sólo porque el frío caló hondo desde el fin de semana, sino también porque el lunes se registró la quinta muerte a causa de las bajas temperaturas.

También en este marco se incrementaron los llamados de los vecinos para pedir ayuda para los que le hacen frente al helado invierno y se animan a pasar la noche a la intemperie. Es evidente que cuando el clima gélido amenaza un universo, conocido pero por momentos olvidado, se desnuda: el de las personas que no tienen hogar.

Rosario3.com se metió en el mundo de los que tomaron la calle como su lugar. Donde no existen las direcciones, los documentos, el apellido, el agua potable, el peine ni el baño. Ahí, la desconfianza es moneda corriente, el diálogo nulo, las mujeres minoría y la estrategia para sobrevivir es la de caracol: trasladarse de un lugar a otro con sus pertenencias a cuestas para sortear cualquier peligro.

7pm: San Juan y Moreno / Una joven madre y sus hijos

La recorrida de Mercedes y Leopoldo, dos jóvenes operadores de calle del Programa de Asistencia de Intervención Directa (Paid), comenzó temprano a la mañana y sin embargo ambos suponen que hasta las diez de la noche no volverán a su casa. Pero, claro, todo puede cambiar si suena algún teléfono que anuncie la extensión de la jornada.

Esta vez el llamado de un médico de la Maternidad Martin les hizo desviar el camino que más o menos tienen pautado. El circuito se modifica cuando ocurre un caso fortuito como el de esta noche. “Vinimos porque nos alertaron de la presencia de una mujer con sus tres hijos que se acercó hasta acá porque no tiene donde pasar la noche”, contó Mercedes a Rosario3.com.

Desde que tuvo que devolver la casa donde vivía, Mariela, de no más de 25 años, pasó 20 días con sus hijos adentro de un auto prestado. Cansada de esa situación y resignada a que sola no iba a poder resolverla se dirigió al Cemar para pedir ayuda.

“Evaluamos la situación y la señora accedió a ingresar a un hogar transitorio. Se trata de una situación excepcional porque ella sabe resolver sus problemas y tiene herramientas como para hacerlo, pero lo que necesita puntualmente hoy es un lugar donde acomodarse para seguir con su vida”, indicó Mercedes, trabajadora social y operadora de Paid desde hace dos años y medio. Y añadió: “Por eso estamos esperando que la gente de la Guardia Urbana se acerque con el móvil para facilitar el traslado”.

Actualmente el municipio cuenta con dos lugares transitorios –Ejército de Salvación y Remar– donde se puede vivir de manera interina hasta ser derivado a algún hogar. En el caso de madres con sus hijos en la vía publica se derivan a hogares de tránsito para mujeres, mientras que a los varones se los deriva a centros para hombres.

El programa trabaja en articulación con la Guardia Urbana Municipal (GUM), Defensa Civil, Promoción Social y con el Sies ya que cuando los operadores terminan de hacer el relevamiento en el lugar el resto de las divisiones coopera para los traslados que sean necesarios o para la entrega de mate cocido caliente, frazadas y ropa de abrigo.

La situación de Mariela y sus chicos, que desde que llegaron los operadores no paran de reírse de la mano de Leopoldo que los alejó por un largo de rato del temor de no quedarse sin casa, es bien distinta a la del resto de los sin techo. Apenas la joven madre se dio cuenta que pasar los días y las noches dentro de un auto no era la solución salió a golpear puertas para buscar una respuesta.

Pero los que desde hace años hicieron de un pedazo de vereda un hogar a veces no quieren abandonar fácilmente ese espacio. Por eso, sólo piden pequeñas cosas para hacer su estadía un poco menos dura: abrigo, ropa interior nueva, medicamentos y comida.

8pm: Mendoza y Moreno / Raúl