Con el descenso de las temperaturas, y luego de que se registrara la quinta muerte a causa del frío, se reforzaron los operativos del Programa de Asistencia de Intervención Directa de Promoción Social. Rosario3.com se metió en el mundo de los sin techo. Cómo sobreviven los que encontraron en las veredas un lugar para vivir y porqué se resisten a dejar ese lugar
Por
Fernanda |
Virginia Giacosa
Rosario tiene adentro otra ciudad que vive en paralelo y, aunque parece moverse en una dimensión ajena, casi nunca es invisible a los ojos de quien la recorre. Porque justamente el territorio que ocupa esa otra ciudad que alberga Rosario son las mismas veredas.
Por el mismo sitio donde durante el día pululan comerciantes, ejecutivos, profesionales, de noche hormiguean los cirujas, los indigentes y los sin techo en busca de un lugar donde pasar la noche.
En Rosario actualmente hay 70 personas en situación de calle reconocidas por el Programa de Asistencia de Intervención Directa de Promoción Social, que por esta semana redobló las tareas para ayudar a las personas que no tienen techo.
El trabajo se intensificó no sólo porque el frío caló hondo desde el fin de semana, sino también porque el lunes se registró la quinta muerte a causa de las bajas temperaturas.
También en este marco se incrementaron los llamados de los vecinos para pedir ayuda para los que le hacen frente al helado invierno y se animan a pasar la noche a la intemperie. Es evidente que cuando el clima gélido amenaza un universo, conocido pero por momentos olvidado, se desnuda: el de las personas que no tienen hogar.
Rosario3.com se metió en el mundo de los que tomaron la calle como su lugar. Donde no existen las direcciones, los documentos, el apellido, el agua potable, el peine ni el baño. Ahí, la desconfianza es moneda corriente, el diálogo nulo, las mujeres minoría y la estrategia para sobrevivir es la de caracol: trasladarse de un lugar a otro con sus pertenencias a cuestas para sortear cualquier peligro.
7pm: San Juan y Moreno / Una joven madre y sus hijos
La recorrida de Mercedes y Leopoldo, dos jóvenes operadores de calle del Programa de Asistencia de Intervención Directa (Paid), comenzó temprano a la mañana y sin embargo ambos suponen que hasta las diez de la noche no volverán a su casa. Pero, claro, todo puede cambiar si suena algún teléfono que anuncie la extensión de la jornada.
Esta vez el llamado de un médico de la Maternidad Martin les hizo desviar el camino que más o menos tienen pautado. El circuito se modifica cuando ocurre un caso fortuito como el de esta noche. “Vinimos porque nos alertaron de la presencia de una mujer con sus tres hijos que se acercó hasta acá porque no tiene donde pasar la noche”, contó Mercedes a Rosario3.com.
Desde que tuvo que devolver la casa donde vivía, Mariela, de no más de 25 años, pasó 20 días con sus hijos adentro de un auto prestado. Cansada de esa situación y resignada a que sola no iba a poder resolverla se dirigió al Cemar para pedir ayuda.
“Evaluamos la situación y la señora accedió a ingresar a un hogar transitorio. Se trata de una situación excepcional porque ella sabe resolver sus problemas y tiene herramientas como para hacerlo, pero lo que necesita puntualmente hoy es un lugar donde acomodarse para seguir con su vida”, indicó Mercedes, trabajadora social y operadora de Paid desde hace dos años y medio. Y añadió: “Por eso estamos esperando que la gente de la Guardia Urbana se acerque con el móvil para facilitar el traslado”.
Actualmente el municipio cuenta con dos lugares transitorios –Ejército de Salvación y Remar– donde se puede vivir de manera interina hasta ser derivado a algún hogar. En el caso de madres con sus hijos en la vía publica se derivan a hogares de tránsito para mujeres, mientras que a los varones se los deriva a centros para hombres.
El programa trabaja en articulación con la Guardia Urbana Municipal (GUM), Defensa Civil, Promoción Social y con el Sies ya que cuando los operadores terminan de hacer el relevamiento en el lugar el resto de las divisiones coopera para los traslados que sean necesarios o para la entrega de mate cocido caliente, frazadas y ropa de abrigo.
La situación de Mariela y sus chicos, que desde que llegaron los operadores no paran de reírse de la mano de Leopoldo que los alejó por un largo de rato del temor de no quedarse sin casa, es bien distinta a la del resto de los sin techo. Apenas la joven madre se dio cuenta que pasar los días y las noches dentro de un auto no era la solución salió a golpear puertas para buscar una respuesta.
Pero los que desde hace años hicieron de un pedazo de vereda un hogar a veces no quieren abandonar fácilmente ese espacio. Por eso, sólo piden pequeñas cosas para hacer su estadía un poco menos dura: abrigo, ropa interior nueva, medicamentos y comida.
8pm: Mendoza y Moreno / Raúl
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El circuito de los operadores sigue en la zona centro hasta la esquina de Moreno y Mendoza. En la ochava y sobre una columna duerme Raúl, que desde hace tiempo eligió ese lugar para vivir.
Acompañado por su perro, con gorro de lana y arropado con varias frazadas que le impiden moverse, toma sopa en un tazón. Desde que estamos ahí, no tarda en aparecer el vecino que le acercó el caldo caliente para buscar la taza prestada que seguro mañana volverá con otra vuelta de sopa.
El trabajo de los operadores apunta a sacar a las personas de la calle, pero la tarea no es para nada sencilla. Por eso, la labor no se acaba en ese objetivo y también se asiste a las personas en el lugar. “Hacemos un seguimiento casi diario apoyando sobre diversas situaciones que van surgiendo hasta que la persona cambie de idea y acceda a salir de la calle. Pero eso no siempre ocurre”, apunta Mercedes.
Ese es el caso de Raúl que definitivamente no quiere salir de la calle. Casi siempre se lo ve en Mendoza y Moreno y a veces en 3 de Febrero a la misma altura. Su teoría para sobrevivir en ese ámbito es que “no hay que molestar para que a uno no lo molesten”. Por eso, cuando la cosa se pone dura con los vecinos del lugar decide juntar sus cosas y mudarse por lo menos hasta que los ánimos se calmen.
Aunque varios habitantes de la zona le arriman comida caliente y alguna ropa principalmente en esta época del año, una vecina hizo una presentación judicial para sacarlo de la esquina. “Pero la Justicia determinó que como él no tiene problemas mentales ni físicos como para no poder tomar una decisión no interviene”, manifestó Mercedes.
9pm: Sarmiento y Mendoza / En busca de Enrique
El viaje por la noche de los que nunca duermen profundo, porque en la calle se hace imposible conciliar ese tipo de sueño, sigue. El frío se siente cada vez más adentro y sin embargo ninguno de los tripulantes del utilitario de la Municipalidad se anima a decirlo.
Ahora el objetivo es encontrar a Enrique, un hombre más que conocido por cualquiera que se precie de circular por Rosario. Recordado por sus rulos prominentes y por acumular más de un sobretodo encima su lugar es desde siempre el de la esquina de la Sala Lavardén.
“Enrique tiene familia pero tiene una historia bastante compleja a nivel de su salud. Por lo que sabemos tuvo varias internaciones por problemas mentales en distintas instituciones. Y después de mucho tiempo pudo retomar el tratamiento psiquiátrico”, cuenta Mercedes mientras llegamos a la esquina, pero esta vez a Enrique no se lo ve.
Sin embargo, en las escalinatas que están a un lado de la sala de teatro están su colchón esparcido por el suelo y las bolsas colgadas de un pasamanos, pero él no aparece por ninguna parte.
“En el caso de Enrique trabajamos en conjunto con el Agudo Ávila y los médicos del Cemar. Gracias al centro de salud ha hecho avances muy importantes, pero todavía le cuesta quedarse a dormir en un lugar que no sea la calle. Lo llevamos varias veces pero cuando llegamos nos pide por favor volver a la esquina”, explica Mercedes.
Aunque no lo llegamos encontrar, los operadores prometen volver más tarde para ver si a Enrique le hace falta algo. Se van con la esperanza de que esté dentro del teatro viendo una película, costumbre que adoptó desde hace poco, después de pasar tantas noches en la escalinata de la sala Lavardén sin animarse a entrar.
10pm: San Luis y Entre Ríos / Yoli y María
Las mujeres, minoría en el universo de calle, son, como se sabe, las más vulnerables a la hora de vivir la vida a la intemperie. Cuenta Mercedes que los mismos hombres que están en la calle les piden protección para las mujeres y no para ellos, porque según argumentan “la necesitan más y ese no es un sitio para que pasen tanto tiempo”.
Metidas casi en una vidriera de un negocio de calle San Luis están Yoli y María, arropadas como para irse a dormir. Se conocieron hace poco pero se ya hicieron muy amigas, al punto de que como Yoli no se sentía bien la otra eligió pasar la noche a su lado, según cuenta.
Muchas preguntas surgen ante aquellos que tienen la calle como hogar: ¿de dónde vienen?, ¿cómo se llaman?, ¿tienen familia? Aunque parece imposible bucear en esa genealogía Mercedes insiste en que el secreto para descubrir parte de su historia es seguir el relato de cada uno, aún cuando en su testimonio lo mítico y lo real tengan un mismo espacio.
Aunque se piensa que muchos no tienen donde vivir y por eso están en la calle, la trabajadora social se arriesga a echar por tierra esa idea: “La mayoría tiene familia, lo que pasa es que cada uno tiene una historia, no cualquiera llega a vivir en la calle. Para vivir en la calle tienen que haberse roto los lazos afectivos, sociales, económicos y familiares. Porque siempre que hay alguien en la calle hay una familia que no supo cómo incluir”, abundó Mercedes.
La noche anterior María se despidió por enésima vez de los operadores. Les dijo que se iba al campo a vivir con su hermana. El comentario suena verosímil, sin embargo es el relato que se repite cada vez que desde Paid se le propone a María pensar en un lugar donde vivir que no sea la calle. “La mayoría usa esas excusas para esquivar el tema. Esa hermana y ese campo existen pero María no tiene intenciones de viajar. Seguramente mañana la volvemos a encontrar acá”, concluyó Mercedes.
Hasta ahora no hubo un llamado que dé la señal de que la jornada de los operadores se va a alargar y todo indica que por esta noche el trabajo está terminado. Sin embargo, falta pasar una vez más por la esquina de Enrique y los operadores no se irán a dormir antes de dar una vuelta por el parque Independencia, donde más temprano no habían podido ver a Daniel que vive entre los árboles frente al Club Gimnasia y Esgrima.
El frío se siente cada vez más y ya atravesó las distintas capas de abrigo que quienes están en la calle, vivan o no en ella, puedan haber sumado sobre su cuerpo. Y va por más. Tanto que se convierte en otra prueba de vida o muerte para los que, se les tienda una mano o no, tienen aún muchas horas por delante en otra noche hostil.