La actriz Lydia Lamaison recorrió las distintas formas del arte escénico argentino. Su elegancia y distinción la convirtieron, en los últimos tiempos, en la abuela aristocrática de novelas como Celeste siempre Celeste, Nano o Muñeca brava. Sin embargo, su carrera con el cine había comenzado tiempo antes, en 1939 con Alas de mi patria, bajo las órdenes de Carlos Borcosque.
Filmó más de una veintena de películas, su última participación fue en Mentiras Piadosas (2008) de Diego Sabanés, basada en el cuento de Julio Cortázar La salud de los enfermos. También fue concertista de guitarra y llegó a tocar en un reducto llamado La Peña, emplazado en el subsuelo del café El Tortoni. En ése espacio conoció a Alfonsina Storni y Federico García Lorca.
En Chile, durante una gira con la compañía de Tita Merello se encontró con Pablo Neruda a quien le pidió que leyera alguno de sus escritos. “Mejor que los leas vos”, fue la respuesta del escritor, según recordó tiempo después la actriz
Fue la madre de Norman Briski en La Fiaca (1969) y tuvo un encuentro, “de lejos” con Simón de Beauvoir, de quien confesó “haber leído todo”. Su cruce con la literatura la llevó a ser amiga de Raúl González Tuñón.
En su paso por el teatro compartió escenario con Rodolfo Bebán, en Un guapo del 900, y Alfredo Alcón, entre otros. También participó de las obras Perdidos en Yonkers, Pasajeras, Ollantay y Ricardo III. Fue parte de la novela Muchacha italiana viene casarse, con Rodolfo Ranni y Claudia da Passano, que estuvo cuatro años en la pantalla chica local.
Lamaison fue reconocida como Ciudadana ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (1997), recibió el Premio Konex de platino a su trayectoria (2001), además del galardón Santa Clara de Asís, y el rótulo de una de las "Notables argentinas".
“El trabajo necesita esfuerzo y para mí hacer lo que hago es un placer”, le dijo a Felipe Pigna, durante una entrevista para el programa Qué fue de tu vida.