“Estoy en guerra con vos”. La mujer guardaba su kayak cuando se cruzó con un hombre que acaba de hacerla temblar. Le costó aceptar las disculpas por haber pasado cerca suyo a gran velocidad con su moto de agua. Ambos estaban en el río, cerca de La Florida, disfrutando del Paraná como tantos miles de rosarinos que cada verano elige navegar.

Últimamente, este cruce de palabras es algo frecuente en la ribera. Es que la multiplicación de embarcaciones complicó el tránsito en el río, sobre todo las motos de agua y lanchas que logran alcanzar una velocidad considerable, alterando el clima de tranquilidad que aportan los kayacs y los botes. Otros que sufren el nuevo ritmo que adopta el río –mucho más intenso en los fines de semana–son los nadadores. Así las cosas, los escasos controles no ayudan demasiado.

Si bien las embarcaciones con motor deben circular a 100 metros de distancia de la orilla, diariamente se puede constatar el incumplimiento a la hora de transitar por el río. En contacto con Rosario3.com, el director de la escuela de kayakistas Río Marrón, Juan Olivera, contó que “de repente se vino el mundo de la ciudad al agua”.

“El kayak es como una bicicleta. No podés herir a nadie. Una lancha y una moto de agua van a gran velocidad y no tienen respeto por el otro. Es como si manejaran una moto en la calle, conducen con la misma displicencia”, señaló Olivera, quien agregó: “hay pocos controles, pero es lógico, hay muchas más embarcaciones que los vehículos que tiene Prefectura”.

El director de Río Marrón expresó que “las principales violaciones de tránsito son las motos de agua que circulan de noche sin las luces prendidas”.

Por su parte, el kayakista Alejo Piñeiro indicó que “en esta temporada todos colaboran a generar caos”. “Las motos de agua y las lanchas son las que menos respetan, pero la falta de convivencia es de todos. Es que se volcó mucha gente nueva y la gente que conduce a veces no tiene la capacitación necesaria”, apuntó.

Piñeiro explicó que actualmente “falla el sistema de control de Prefectura por falta de recursos”.

“También hay que decir que el carné de conducir náutico es obsoleto. No sirve. Lo obtenés con un curso de pocas horas. Se debería hacer algo más fuerte. Después hay otro problema que incide mucho: las drogas y el alcohol. Muchos consumen, se suben a una embarcación y no les importa nada”, sentenció el kayakista.

Pedido desde el Concejo

Hace algunos días, el concejal radical Jorge Boasso pidió al municipio que se forme y delimite correctamente una bajada específica para los kayakistas en la zona de playa pública con el objetivo de brindar mayor seguridad.

Además, la iniciativa apunta a colocar un boyado triple y de mayor dimensión para separar bañistas, nadadores, kayakistas y vehículos náuticos de mayor tamaño.

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