Duele. Cómo duele. ¿Quién nos va a despertar mañana? ¿Quién va a arrastrar las “ss” al pronuncian Tempraníssssimo? ¿Quién va a retar a los funcionarios que no hacen lo que corresponde?
Esa voz tan particular, tan cálida, tan sensible despertó a generaciones de rosarinos, que aprendieron a informarse con él.
Nacho fue una apasionado de la radio y de alguna manera fue una suerte que haya trabajado hasta el último día. Es inimaginable Nacho sin la radio. Pero también es inimaginable la radio sin Nacho.
Pero además, fue abierto como pocos. Siempre le gustó –y lo decía a viva voz– rodearse de gente joven. Siempre fue abierto a enseñar y a aprender. Hasta el último día.
Ese último día dijo que tenía ganas de trabajar el domingo 2 de septiembre, para el operativo de cobertura de elecciones de Radio 2.
Es que a Nacho le apasionaba la política. Y viajar, leer, ir al cine, la música, la buena comida con buenos amigos –que le estaban preparando un gran festejo porque el sábado 25 cumplía los 74–, sus hijos ABel e Ignacito, su nieta, María Laura. Sí, le apasionaba amar. Y amaba lo que hacía.
Es que a Nacho le apasionaba vivir. Y había aprendido a hacerlo bien.
Te vamos a extrañar, Nachito.