Según una encuesta realizada por el Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica Argentina, 1 de cada 4 alumnos entre 10 y 18 años manifestó tenerle miedo a alguno de sus compañeros, en un contexto en el que el uso de celulares e Internet ha dado lugar a nuevas modalidades de violencia y acoso.

La UCA comenzó a indagar entre alumnos y profesores los alcances del “bullying”, un fenómeno de acoso entre compañeros que ocurre en el interior de las escuelas, casi siempre a espaldas de los adultos porque quienes lo sufren rara vez lo manifiestan o lo hacen cuando la agresión ya lleva largo tiempo. Según Alejandro Castro Santander, psicopedagogo institucional y coordinador del Observatorio, "ahora, la violencia verbal directa (insultos, burlas) se da en todas las edades, pero a medida que van creciendo se transforma en más indirecta (murmuración). Entre los más chicos la violencia es más física directa (golpes) pero en la adolescencia se incrementa el esconder o romperse los útiles u otras pertenencias".

"El efecto en las víctimas varía. En algunas es mínimo, el ataque les resulta indiferente. En otras es traumático, dejan de ir al colegio, y si los ataques aumentan intentan cambiar de escuela, sufren depresiones y lamentablemente también conocemos casos de suicidio", sostiene Castro Santander.

Según el estudio, "las víctimas hoy son atacadas cara a cara dentro de la escuela y también fuera de ella, a través de las nuevas tecnologías que hoy están a disposición de los chicos". "Las formas de violencia indirecta mediante el uso de nuevas tecnologías son cada vez más habituales y se han convertido en una de las armas preferidas por los abusadores o acosadores, a la hora de burlarse, atemorizar o, en definitiva, buscar la forma de dañar a sus compañeros", agrega el informe de la UCA.

El informe del Observatorio revela que un 50 por ciento de los padres sabe que sus hijos tienen acceso a Internet, pero sólo el 20 por ciento ha establecido normas para asegurarse de que los menores hagan un buen uso de este recurso, mientras que un 40 por ciento reconoce que no establece ninguna regla. La televisión, en cambio, aparece como el medio que más preocupa a los padres, quienes aseguran imponer normas a sus hijos sobre el tiempo y la programación.