El papa Benedicto XVI se entrevistó este jueves con el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, con quien analizó el futuro de Europa, la situación en Oriente Medio y el papel de las religiones, especialmente la Católica. Se trató de la primera audiencia desde que el mandatario fue elegido al frente de la nación francoparlante.
Benedicto XVI y Sarkozy hablaron a solas durante 25 minutos en la Biblioteca privada del Pontífice, en un ambiente de "cordialidad", según manifestó el Vaticano en un comunicado.
"Particular atención fue dedicada a la situación internacional, al futuro de Europa, a los conflictos en Medio Oriente, a los problemas sociales y políticos de algunos países africanos y al drama de los secuestrados", según una nota oficial del Vaticano
El Obispo de Roma y el Jefe del Estado de la nación considerada "Hija predilecta" de la Iglesia analizaron también "el futuro de Europa, los conflictos en Oriente Medio, los problemas sociales y políticos de algunos países africanos y el drama de los rehenes".
Antes de comenzar el diálogo privado, el presidente dijo al Papa: "Su francés es magnífico, ¿donde ha aprendido nuestro idioma, Santidad", a lo que el Obispo de Roma le respondió: "en la escuela, en Baviera". Después se cerraron las puertas y hablaron a solas durante 25 minutos. Sarkozy llevaba consigo varios folios.
Concluido el coloquio, Sarkozy presentó al Pontífice su séquito, compuesto de 14 personas, entre ellos el académico, históriador y escritor Max Gallo, el cómico Jean María Bigard y el religioso dominico Philippe Verdin. Verdin escribió junto a Sarkozy y al filósofo Thibaud Collin el libro "La República, las religiones y la esperanza".
Sarkozy regaló una copia de este libro al Papa, así como sendos ejemplares de "La Joie" y "L´Imposture", del escritor católico francés Georges Bernanos. El Papa Ratzinger le correspondió con la medalla en oro de su pontificado. Sarkozy le preguntó si era la misma medalla para todos los papas, a lo que Benedicto XVI respondió que "no, cada uno tiene la suya".
Tras las entrevistas, y como es tradición en los jefes de estado de países católicos, Nicolas Sarkozy se trasladó a la basílica de San Pedro, donde visitó el sepulcro de San Pedro y la tumba de Juan Pablo II, en las Grutas Vaticanas.