Desde el mediodía del soleado sábado se podía observar la larga fila de autos, motos, bicicletas y peatones con los colores rojo y negro que, movilizados por el sentimiento y la gratitud, se dirigían hacia el predio de la academia Jorge Bernardo Griffa, en la vecina localidad de Granadero Baigorria. La cita con el pasado más glorioso de Newell’s actuó como un imán irresistible para miles de leprosos.
La concurrencia desbordó todos los cálculos y no hubo organización –estuvo muy correcta- ni seguridad que pudieran evitar los desbordes de pasión, como cuando arribó al complejo deportivo el micro con los ex futbolistas de la Lepra que iban a protagonizar el emotivo encuentro entre los campeones de José Yudica y los de Marcelo Bielsa.
A medida que los rostros de las grandes glorias rojinegras iban enfilando para el vestuario –algunos de ellos difíciles de reconocer por el paso del tiempo y el descuido en las comidas-, los hinchas más cercanos comenzaban a corear sus nombres, recibiendo como eco el coro de los demás, ubicados en las cómodas gradas improvisadas para la ocasión.
Así, los fanáticos fueron adaptando el clásico “Olé, olé, olé…” a los apellidos y apodos de Sensini, Balbo, Chancha (Cozzoni), Galgo (Dezotti), Negro (Zamora), Tata (Martino), Yaya (Rossi) y tantos otros ilustres leprosos. Y cuando algún nene preguntaba ¿y ese quién es?, enseguida aparecía la voz emocionada y orgullosa del papá con el dato preciso sobre la identidad desconocida por culpa de la juventud.
El único trago amargo de la tarde fue la espera por dos figuras que nunca llegaron: Gabriel Batistuta y Marcelo Bielsa, aunque el querido Loco estuvo presente en casi todos los cánticos de la hinchada.
Llegó el momento de los abrazos y el reencuentro en el vestuario entre los muchachos de la temporada 87/88 y los de principios de los 90, aunque en algunos casos eran los mismos. Las risas, los recuerdos, las fotos, los chistes de los más revoltosos –Lunari y Dezotti sacaron ventaja- y… a la cancha.
Allí, en el mismo césped donde ahora el viejo descubridor de talentos Jorge Griffa ilumina a cientos de chicos con su sabiduría, sus nuevos viejos muchachos –parafraseando al nombre del club- le entregaron una plaqueta perfumada con afecto y gratitud. Todo esto orquestado por la voz inconfundible de Julio César Orselli, el tradicional conductor de "De 12 a 14", en Canal 3.
Entonces, Gerardo Martino tomó el micrófono e intentó esbozar el comienzo de un breve discurso para su maestro. No pudo. En ese preciso instante el mini estadio se vino abajo entre aplausos y cánticos para el máximo ídolo leproso que emocionó hasta al más inconmovible.
Después, el Tata pudo terminar su premeditada alocución y le sucedió el agradecimiento de Griffa, el gran homenajeado de la tarde vestida de rojinegro. También hubo reconocimientos para Juan Carlos Montes, el primer técnico de Newell’s campeón en 1974, y para Luciana Aymar, la mejor jugadora de hockey del mundo y fanática leprosa. Luego, el silbato del ex árbitro Pancho Lamolina sonó estridente en el centro del campo y todo quedó listo para el partido entre un pedazo y otro de la historia más gloriosa de Newell’s.
Más de 5000 almas leprosas no pararon de cantar y de tributarle un “gracias” enorme a tanta gloria pasada reunida en un sólo lugar. Y ya no hubo diferencias entre los que estaban adentro de la cancha y los que se deleitaban desde afuera. El sentimiento rojinegro los unió.