El Negro se fue pero no del todo. Sus personajes y sus historias quedarán para siempre como legado para sus fanáticos y también para generaciones futuras que lo aprenderán a conocer.
Entre todas sus creaciones, sin duda el más conocida es Inodoro Pereyra, un solitario gaucho de la pampa argentina, que tiene muy mal genio y también mucha picardía criolla. Este gaucho "macho y cabrío" se presentó a sí mismo diciendo: "soy Pereyra por mi mama, e Inodoro por mi tata, que era sanitario".
Inodoro "nació" a fines de 1972, en la revista Hortensia de Córdoba. La historieta era, originariamente, una parodia en la que se exageraba el lenguaje y las actitudes de gaucho. Mientras Inodoro se desarrollaba, aparecía su compañero inseparable, el perro Mendieta (quien, según relató una vez, en realidad era un "cristiano emperrado por un inoportuno eclipse").
Con la fama, Inodoro "se mudó": Pasó por las revistas Mengano y Siete días, con aventuras por entregas, donde Mendieta gana letra. Pero el broche de oro en la carrera del personajes es cuando, en 1976, se instala junto a su obesa compañera, Eulogia Tapia, y también su fiel Mendieta, en el diario Clarín. En los últimos años quedó fijo en la revista Viva.
El otro personaje creado por Fontanarrosa que superó casi en fama a su creador fue Boogie el Aceitoso.
Algo así como un Harry El Sucio argentino, este personaje pareció por primera vez también en 1972 en la revista Hortensia. Este peligroso delincuente que anda todo el día con un cigarrillo en la boca tiene entre sus hobbies comprar armas y disparar al azar a la gente desde la ventana de su departamento.
Prófugo de la justicia prácticamente desde su nacimiento, Boogie, apodado "el Aceitoso", se convirtió en un profesional de la violencia. ¿Su trabajo? Es un matón a sueldo que se vende al mejor postor. Desde asesinar por encargo hasta extorsiones a domicilio o publicidades de armas, todo figura en su violento curriculum.
Pero Boogie tiene sus admiradoras. Él es rubio y musculoso, con dientes perfectos. Pero el paso del tiempo fue dejando en él sus huellas y comenzó a tener panza, a dejarse estar, a volverse viejo.
Más que familia, mujeres o amigos, la relación más importante en su vida es con las armas, a las que quiere, cuida y protege como no hace con ningún otro ser.