Ariel Aleart
Un día me dijo: "Nene, más fuerte, más alto". Sólo había pronunciado mis tres primeras palabras en un medio grande, el sueño cumplido llevaba sólo segundos.
Estaba junto a él, sí, el mismo que nos leía los diarios a la mañana o nos decía qué ponernos para ir a la escuela en los 80.
Era febrero del 95, y juro que temblaba, la noche anterior no pude pegar un ojo y todo lo que me había "estudiado para decir" se derrumbó en un instante; ese "Nene, más fuerte, más alto" me marcó para siempre.
Recuerdo que termine mi primera salida al aire en Radio Dos, con la boca bien seca y las manos transpiradas, y él me dijo: "Bien pibe,bien".
Me volvió el alma al cuerpo y sentí esas tres palabras como una bendición, la misma que le dio a un montón de jóvenes periodistas que recién arrancábamos, porque esa era una de sus grandes virtudes, la que sólo tienen aquellos que están bien lejos de la mediocridad.
Hoy a la distancia desde Buenos Aires, quiero mandarles un abrazo muy fuerte a mis amigos, Ale, Luis y Sergio, y pedirles, a pesar del dolor que te parte en mil pedazos la garganta, que no bajen la voz, que sea bien alta, bien fuerte.
Yo, nunca más la bajé.