Esta vez no fueron atentados, ni bombas, ni choques de tribus armadas. Esta vez fue la blanca nieve la que hizo de Bagdad el centro de todas las miradas. Y el extraño fenómeno, que no se repetía en la capital de Irak desde hacía casi un siglo, dejó atónitos y sorprendidos a los habitantes, que se tomaron una tregua y disfrutaron del regalo del cielo.