Tres hechos puntuales son reconocidos por los habitantes de Victoria como desencadenantes de cambios urbanísticos profundos en el ritmo cansino que tenía la ciudad tiempo atrás. El primero fue la inauguración del puente Rosario Victoria producida el 22 de mayo de 2003, que registró en el primer día de apertura libre de peaje, el paso de 14 mil vehículos. El segundo lo constituye la instalación del casino en octubre de 2005 y el tercero se concretará entre mediados y fines de 2008 cuando se abra el complejo parque temático de agua, que incluirá paseos, parques y piscinas con aguas termales.

Estos importantes atractivos turísticos significaron (y seguirán haciéndolo) grandes modificaciones no sólo en la forma de vida de los victorienses, sino también en la gestión pública de una ciudad en constante crecimiento.

Más población

Desde la apertura del puente Rosario Victoria, esta última se constituyó en la ciudad elegida por 6.718 personas para vivir. Según la jefa del Registro Civil, Zulma Firpo, ese es el número de cambios de domicilio. La población de Victoria se incrementó en forma considerable desde la apertura del enlace vial, fenómeno probado a través de la radicación de personas de diversas nacionalidades: cuatro españoles, un estadounidense, una persona oriunda de Francia, dos de Suiza y una de Venezuela. En 2001 había alrededor de 27.000 habitantes, hoy superan los 33 mil.

“Hay diversidad de edades, pero muchos son parejas de jubilados que eligen venir a vivir en una ciudad más tranquila. La mayoría proviene de Rosario pero también hay personas de otras ciudades argentinas”, explica Firpo.

El crecimiento de la población ha modificado también algunos hábitos y características propias del trato entre la gente. "Antes nos conocíamos todos –dice Joaquín Padularrosa, periodista de LT 39, a Rosario3.com– antes dormíamos con la puertas de calle sin llave y dejábamos los autos con las llaves puestas en la calle y ahora eso se está terminando, la confianza no es la misma, producto de que hay mucha gente nueva y por ahora desconocida”.

De las rejas decorativas a las de seguridad

Junto al aluvión poblacional también cambió el ritmo de vida y las condiciones de seguridad. Los victorienses históricos se quejan de la falta de lugares para estacionar en el centro después de las 8 de la mañana y el caos que se genera los días domingos y feriados, en especial por la noche con interminables embotellamientos de tránsito.

“También incidió en la seguridad con que vivíamos, ya que antes Victoria era conocida como ´la ciudad de las rejas decorativas´ y ahora la gente empezó a instalar rejas en sus puertas y ventanas por cuestiones de seguridad”, afirma Padularrosa.

La visión de los ciudadanos comunes es disímil de la que tiene la repartición de Defensa Civil de la ciudad, ya que para su titular, Fabián Daydé, los incidentes que se producen en la actualidad “son los propios de cualquier ciudad ni más ni menos”.

Más gente, más servicios, menos lotes disponibles

La conexión vial Rosario Victoria es útil como medio de comunicación entre la población de ambas ciudades, pero también como medio del transporte de carga que se incrementó de manera notable en los últimos años. “Hoy circulan por el puente, y por ende por ambas ciudades, más de 120 vehículos diarios con carga peligrosa que antes se trasladaba mediante balsas”, dice Daydé y cita sólo cuatro incidentes con emanación de sustancias químicas, en cuatro años, “que fueron controlados, sin riesgo de contaminación ambiental”.

Más barrios y más viviendas implican necesariamente más servicios esenciales. Pero los pobladores dicen que los precios de venta y alquiler de inmuebles subieron de manera exorbitante y que a causa del advenimiento de tantas nuevas familias, hay muy pocos lotes disponibles, “incluso el gobierno está teniendo problemas con la radicación de los nuevos planes habitacionales, ya que no encuentra terrenos lo suficientemente grandes como para construir todas las casas que conforman el plan en el mismo lugar”.

El lado positivo

Los históricos y los nuevos victorienses dicen que en la ciudad hay trabajo. Tanto la obra pública como el casino, los restaurantes y los emprendimientos hoteleros generaron una importante demanda de mano de obra que atrae no sólo a los locales, sino a habitantes de otros pueblos cercanos.

Aún así, afirman convencidos los que nacieron en Victoria y prometen que allí morirán, la ciudad sigue siendo un sitio ideal para el descanso, donde se puede pasar una tarde tranquila y contemplar la naturaleza. “Para cine, teatro y vida nocturna: –ratifican orgullosos– ya está Rosario”.