Mil participantes buscaron desafiar sus propios cuerpos, sus ritmos y resistencias. Más allá de quienes lograron subir al podio de los premiados, la emoción por tocar de cerca la gloria de la superación, embargó a todos, incluido al público, que no dejó de aplaudir a cada uno de los que llegaban al punto final de la carrera, ubicado frente al Monumento de la Bandera.
La Sexta Maratón Internacional Día de la Bandera premia a los 40 primeros competidores en llegar en cada una de las categorías, sin embargo sólo se reserva a los primeros cinco ganadores un lugar en el podio. Este estuvo integrado, en la categoría caballeros General por el ganador José Romero, Alejandro Jiménez de La Pampa (2 horas, 32 minutos), Cristian Mangiglio, de Mendoza (2 horas, 34 minutos, 10 segundos), Ignacio Mansilla de Concordia (2 horas, 37 minutos, 28 segundos) y Ángel Batalla, de San Martín (2 horas, 37 minutos, 41 segundos). El ganador recibió la copa Canal 3 y un cheque por dos mil pesos.
En la categoría damas General, la ganadora Andrea Grasciano, fue seguida por Verónica Tou de Capital Federal (3 horas 8 minutos 44 segundos). El tercer puesto lo obtuvo Verónica Acuña de Pilar (3 horas, 10 minutos, 3 segundos), el cuarto fue para Laura Aspirós, de Mar del Plata (3 horas, 11 minutos, 42 segundos) y finalmente, el quinto lugar lo obtuvo la chilena Susana Quesada (3 horas, 14 minutos, 12 segundos), la única persona extranjera entre los ganadores y doblemente aplaudida ya que no sólo salió victoriosa de la competencia sino que viene ganando en una pelea propia contra el cáncer. Las ganadoras recibieron similares premios al de los varones.
En cuanto a los deportistas discapacitados, el triunfador número uno fue Pedro Velásquez, proveniente de Paraná, que impuso marca con 2 horas, 18 minutos y 2 segundos. Tiempo después, alcanzó el objetivo Esteban Roldán, de Tostado, con un tiempo de 2 horas, 31 minutos y 30 segundos. Otro que subió al podio fue Rubén Martínez, del Chaco, el tercer puesto de la categoría.
Los número uno del Maratón
Apenas la bandera argentina le cruzó el cuerpo y lo bendijo como ganador de los caballeros, José Romero, mostró toda su emoción a la prensa, que no dejaba de fotografiarlo. “Agradezco a Dios que me dio la posibilidad hace cinco años de aprovechar este deporte que es muy sano”, expresó tratando de recuperar su ritmo respiratorio. “Es mi primer maratón en el país y ganar es algo grandioso”, subrayó.
Por su parte, Grasciano, llegó muy calma a la meta y eso se reflejó en sus palabras: “Estoy emocionada. El año pasado se me escapó por ocho segundos”, dijo en referencia a su participación en el maratón 2006. “Tuve un triunfo cómodo, no lo sentí peligrar en ningún momento, corrí cómoda y llegué enterísima”, resumió.
Un párrafo aparte merecen los primeros rosarinos en pisar la llegada. Ellos son Edgar Moreno y Paula Villalba, quienes lograron una muy buena marca y a cambio también recibieron una mención entre los ganadores.
Otra presencia que no pudo pasar inadvertida fue la de Stella Maris del Papa de 55 años, la primera mujer del país en correr los 42 kilómetros. Su arribo a la meta tuvo un efecto especial, ya que se trataba de su maratón número 50, la que decidió correr en la ciudad, este domingo.
Los personajes de la carrera
El hombre araña y la pantera rosa también corrieron por la ciudad pero no quedaron entre los destacados. El primero, dijo ser rosarino pero decidió no develar su identidad y aunque la máscara tapara su rostro, el pulgar hacia arriba fue una clara señal de que hizo propio la frase “no importa ganar, lo que importa es competir”. Evidentemente, esta vez, no usó sus poderes.
El otro es un parisino que suele competir en maratones bajo la piel del rosado personaje. El joven no fue uno de los primeros en vislumbrar el punto de llegada, sin embargo, su color no dejó a ningún observador indiferente.
Al costado del camino
A lo largo del recorrido siempre hubo personas al lado de los participantes, para alentarlos, ayudarlos y asistirlos. En el Monumento, se apostaron en los márgenes, desde los voluntarios que en medio de la carrera les entregaban Gatorade, los que les daban naranjas y bananas una vez terminada la competencia, pero también otros fueron hacerse unos pesos.
De cara al río un verdadero mercado de pulgas tomó cuerpo. Más allá del praliné, sólo se vendían productos deportivos y de acuerdo a uno de los comerciantes, todos los puestos eran de deportistas o gente vinculada al deporte que aprovechan el maratón para “intercambiar mercadería”.
También, tuvieron su oportunidad vendedores ambulantes de pochoclo, panchos y gaseosas. Incluso, un hombre se las ingenió bien: armó un puesto que ofrecía jugo natural de naranja. ¿Qué más sano en semejante ocasión?