Unos jóvenes estudiantes rosarinos, santafesinos, argentinos en realidad, terminaron “rompiendo” los pupitres de una escuela. Me pregunto si sus progenitores, educadores, sociedad toda, no “vieron” algunos síntomas en ellos que pudieran hacer sospechar el arribo a tanta manifestación de violencia.

Por favor, no comparemos. No incurramos en la nostalgia de un pasado que nos parece mejor y simplemente fue distinto.

Pongamos nuestro esfuerzo en comprender que está sucediendo en este gigantesco árbol que es nuestra sociedad, y algunos de sus frutos, no todos por supuesto, aparecen enfermos.

El tema de la descomposición del fruto no es responsabilidad absoluta del mismo, se me ocurre que algo no anda bien en el árbol.

Sus raíces, su riego, su alimentación, el lugar donde está plantado, lo que ve y escucha desde su copa, su poda, el verdor de sus hojas, ¿alguien las controla?

Quizás, por qué no, muchos de nosotros lo viene viendo tambalear, caer algunas ramas, secar inoportunas hojas.
Estamos apurados, no podemos detenernos a observar, y mucho menos corregir. Además son actitudes novedosas, entonces no sabemos bien que hacer. La experiencia en ese sentido no aporta. Es cierto, el árbol ahora es más complicado.

Pero un día, cuando ya se nos cae sobre nuestra cabeza, observamos asombrados su parcial destrucción.
Sancionamos, y eliminamos los frutos enfermos.

Pero la verdadera razón de la violencia está en el árbol, que por un tiempo nos va a parecer saludable, sin embargo seguirá gestando sus malformaciones. Porque no está sano. Porque debemos detenernos a pensar que hacemos con él, como curarlo, y hacerlo entre todos. Los responsables de las raíces, los de las hojas, los del riego, en fin nadie queda excluido en esta empresa. Claro, eso si queremos realmente hacer las cosas bien y no horrorizarnos un instante, volver la cabeza y seguir inmersos en el vértigo.



www.hepatitis-c.com.ar