Los números y nombres del saxofonista Eduardo J. Calle (Ed Calle, de ahora en más) abruman: participó en la grabación de más de 1.700 CDs y casi 10.000 simples, y colaboró con Frank Sinatra, Gloria Estefan, Bee Gees, María Marta Serra Lima, Eddie Money, Will To Power, Plácido Domingo y Arturo Sandoval, por enumerar algunos artistas. En su música confluyen diversos estilos que van del jazz al pop y de la música sinfónica al folclore latinoamericano.
“Se dice rápido pero son muchos años de estudio. Nunca quise ser una persona que se quedara encerrada en un marco”, advierte el también doctor en matemáticas en la entrevista con Rosario3.
Nacido en Venezuela y radicado en Miami desde hace varias décadas, Ed Calle se presentará con un repertorio de jazz fusión el viernes 21 de abril a las 20.30 en el teatro Fundación Astengo junto la banda integrada por Lisandro Pidre (México), Junior Braginha (Brasil), Brian Anadon (Argentina) y Marcelo Villanueva (Argentina).
“Tenemos un libreto extenso y pueden pasar muchas cosas. Siempre hay sorpresas”, anticipa sobre el concierto.
El saxofón me dio una voz que no tenía. Cuando me vine a Estados Unidos no conocía el idioma, entonces, era más fácil hablar con el instrumento”
Con una mirada sin tabiques, para el entrevistado “la música no es un estilo u otro, sino solo música”: “Me gusta casi todo y siempre hay algo que aprender. Pienso en el rap o la música urbana, que no me atraen, pero siempre hay algo, ya sea en la parte de la batería, del ritmo, en la producción o la mezcla. Además, el saxofón es un instrumento muy versátil que tiene su sitio en el jazz, el pop, la música latina. Nunca quise ser una persona que se quedara encerrada en un marco. Y como músico, me siento parte de un equipo. No toco desde el «aquí voy yo» sino que quiero ser parte de la visión musical que tiene artista (…) Creo que la humildad es importante cuando uno quiere tocar con mucha gente.”
Cuando la gente dice que el smooth jazz es «música de ascensor» yo digo que lo que se hace es tocar la melodía con sentido"
Consultado sobre ciertos prejuicios en el jazz respecto de quien se abre a otros géneros musicales, que son entendidos como “simples”, Calle elige no entrar en la discusión.
“Los críticos tienen muchas opiniones y hay que respetarlas –sostiene–, pero no me preocupo por eso. Creo que hay grandes músicos haciendo música que puede ser más o menos simple en términos de armonía. En el caso del smooth jazz, pienso en Grover Washington o George Benson que no solo son grandes instrumentistas sino que son virtuosos. Kenny G es un gran saxofonista. Cuando la gente dice que el smooth jazz es «música de ascensor» yo digo que lo que se hace es tocar la melodía con sentido. Pero todo eso es parte de un mundo de opiniones”.
—En una entrevista dijo: “En algún punto del jazz, perdimos el sentido de la melodía”. ¿Cuál debería ser el lugar los músicos a su parecer?
—Hay dos cosas que la gente entiende: una es el ritmo, que es eso que marcamos con los pies, y la otra es la melodía, eso que la gente canta en el auto, en los estadios de fútbol. La armonía es para mí un estudio de por vida y es aquí donde pienso en Claude Debussy, Bill Evans o Chick Corea. Pero si pensamos en la música como un producto, la mayoría (del público) no está interesado en que le den una clase de armonía o les enseñen cuánto sé yo y cuánto no sabe usted.
Soy músico porque me gusta la música y soy estudiante no porque quiero que me aplaudan, sino porque respeto mucho al público"
Y sigue: “A veces, los músicos podemos hacer cosas que están «fuera del marco», pero pasa que perdemos público. En el jazz, por ejemplo, el bebop nos fascina a los músicos, pero no tanto a la gente porque al final del día pueden cantar «In the mood» o el Himno Nacional, pero no pueden cantar los solos. En ocasiones, los músicos de jazz estamos esperando a que se termine la melodía para decir: «Ahora sí voy a tocar, voy a improvisar». A diferencia del swing, que se bailaba, cuando vinieron John Coltrane o Charlie Parker, esa música se convirtió en música para escuchar. Entonces, hay dos partes: soy músico porque me gusta la música y soy estudiante no porque quiero que me aplaudan, sino porque respeto mucho al público. Un poco esto ha sido parte del gran problema del jazz y por qué el smooth jazz se ha hecho tan popular”.
—¿Cómo comenzó su relación con la música?
—En mi casa siempre había música clásica, zarzuelas, obras de (Paolo) Mantovani y música folclórica venezolana. Viví en España un tiempo con mi madre y ahí escuché música más popular, como Rafael o Julio Iglesias con quien terminé trabajando. La parte de los cantantes para mí siempre ha sido muy importante porque, al final del día, uno quiere poder cantar con el saxofón. Mi padre era un gran pianista y mi madre siempre cantaba en la casa. De niño, tenía la mala manía de inventar cosas, canciones y melodías. Y cuando escuchaba la radio, me fascinaba la construcción de la música: las partes, la melodía, qué está haciendo ese instrumento y qué este otro. Después, cuando llegué a los Estados Unidos y fui a la escuela pública, me encontré con el saxofón. Siempre fui muy inquieto y no me gusta tocar lo mismo de la misma manera. Y siempre he tenido un sonido muy personal. Yo le digo a la gente que si no tienes nada que decir, no vas a decir nada. Eso no se enseña, viene de adentro, del alma.
Para mí, la música y las matemáticas son tanto ciencias como obras de arte en muchos sentidos”.
—¿Cuáles son sus principales influencias en el jazz y la música en general?
—Arturo Sandoval es un hermano mayor y un gran profesor. Pero la influencia más grande fue mi amigo y una persona quien extraño mucho: Michael Brecker. También están Stan Getz, John Coltrane, el Gato Barbieri, Los Beatles, Peter Frampton, John Williams, Astor Piazzolla, Phill Ramone, Debussy, Beethoven, Stravisnky, Bach y los colegas con quienes trabajo que me enseñan cosas todos los días.
—¿Cómo se relacionan la música y un doctorado en matemáticas?
—He estudiado matemáticas toda la vida y me gusta mucho. Estudio y leo un poco de matemática y física todos los días, y aplico (a la música) específicamente la parte del álgebra, como cálculos, fractales, y la geometría. Pero no me interesa la geometría euclidiana sino esa otra en la que un triángulo tiene menos o más de 180 grados. Los físicos la usan para estudiar el universo, donde las líneas no son rectas sino curvas. Es distinto de lo que nos enseñan en “la escuelita” (las comillas son de Calle). Existen otros mundos y la realidad, a veces, no es lo que uno ve. Musicalmente, vamos cambiando, para mejor y para peor”.
“Pensemos en «La consagración de la primavera», de Igor Stravinsky –abunda–. Fue casi una revolución. En ese momento se pensó «qué cosa más más horrible» y hoy la escuchamos y es una maravilla. Digo, poner el fagot en un registro extremo para que el músico esté nervioso. Y suena nervioso. Debussy, por ejemplo, fue el primero en usar la escala de tonos enteros seguidos. Todo eso es parte de la aplicación de la matemática. Para mí, ambas son tanto ciencias como obras de arte en muchos sentidos”.
—¿Qué tema ajeno le hubiera gustado componer?
—Más que componer, me hubiera gustado estar con Debussy. Ravel dijo que le hubiera gustado componer “El preludio de una tarde” porque "es la obra perfecta". Bueno, a mí me hubiera gustado poder hablar y ver lo que estaban haciendo, cómo pensaban y por dínde iban.
Los tickets para el concierto de este viernes a las 20.30 en el teatro Fundación Astengo (Mitre 754) pueden adquirirse a través del sistema tuentrada.com