Durante meses, el futuro de Cacho Deicas fue incierto. Luego del ACV que sufrió el año pasado, no volver a cantar asomaba como una posibilidad real. Y cercana. Pero el exvocalista de Los Palmeras encontró en la fe y en el amor del público una forma de sostenerse cuando todo parecía detenerse. Hoy, cada vez que sube a un escenario, esa historia también se hace presente.

El presente de Cacho arriba del escenario tiene algo distinto. No en lo musical, donde mantiene la solidez de siempre, sino en la forma en la que habita cada momento. Se lo ve sonriente, con ganas, atento a lo que pasa con el público. Escucha la ovación, se detiene, la deja pasar. No es un gesto más.

Hace no mucho tiempo, el escenario podía no estar. “Podía quedar hemipléjico de alguna parte del cuerpo… y se me terminaba la carrera”, recordó, en un mano a mano con Radio 2 y Rosario3. La frase no busca impacto: describe una posibilidad concreta con la que tuvo que convivir.

“Me siento bien, muy bien. Fue un tratamiento de prácticamente un año que tuve que hacer”, aseguró. El recorrido incluyó incertidumbre, tiempos largos y una realidad que no ofrecía garantías. “No, no tuve miedo… pero este tipo de enfermedades no te asegura nada”, explicó.

En ese contexto, la fe ocupó un lugar central. “Sí, creo en Dios. Entonces se me hizo más fácil”, señaló. A ese sostén se sumó el acompañamiento cercano: “Mi familia estuvo presente en todo. Mi hijo, mi esposa… todos estuvieron al lado mío”.

Deicas atraviesa una etapa de renovación profesional. 

También estuvo el público. A la distancia, pero presente. “Mucho, mucho cariño. Me escribían, me mandaban mensajes, me hacían llegar oraciones… cosas muy lindas que te reconfortan”, contó. Ese vínculo no fue menor. Funcionó como sostén en un momento de fragilidad: “Sí, lloré. Porque uno está sensible en ese momento… y se te caen un par de lágrimas”.

Ese intercambio hoy se vuelve visible arriba del escenario. La respuesta del público no es solamente festiva, tiene una carga emocional evidente. Y Deicas la recibe. No la esquiva. Se toma un segundo, mira, agradece. Hay una conexión más directa, menos automática.

En paralelo, el cantante atraviesa una etapa de renovación profesional. Después de muchos años como voz histórica de Los Palmeras, inició su camino solista, una decisión que marca un nuevo capítulo en su carrera y que convive con este presente atravesado por la experiencia personal que acaba de superar.

“Siempre hay una emoción especial. Si no hay emoción, no pasa nada”, resumió. La frase, en este contexto, adquiere otro peso.

  La respuesta del público no es solamente festiva, tiene una carga emocional evidente. Y Deicas la recibe. No la esquiva. 

El regreso, además, se da con proyección. Está próximo a lanzar una colaboración con Uriel Lozano y recientemente participó del último videoclip de Tini Stoessel, lo que lo mantiene en diálogo con nuevas generaciones.

A lo largo de su carrera, Deicas sostuvo una forma de transitar la exposición sin estridencias. Esa línea se mantiene. “Uno es así arriba y abajo del escenario. No tenés por qué cambiar. No tenés que subirte a ningún caballo”, sostuvo. 

El escenario sigue siendo el mismo. La voz también. Pero el recorrido que lo trae hasta acá es otro. Y en cada aplauso, en cada pausa, en cada mirada, esa historia aparece, sin necesidad de ser contada.