Darío Grandinetti estrena en Rosario El escritor de todas las cosas, el unipersonal que celebra sus 50 años de teatro. La obra, escrita y dirigida por Javier Daulte, se presentará el viernes 7 de agosto, a las 21, en el teatro La Comedia (Mitre y cortada Ricardone).

En un conmovedor monólogo, Grandinetti interpreta a un hombre que hizo de la escritura su forma de habitar el mundo. En la previa del estreno, el actor rosarino dialogó con Rosario3.

El arista eligió su ciudad natal para presentar este espectáculo concebido especialmente para él y pensado desde su origen como una obra itinerante. El estreno tiene además un fuerte valor simbólico: coincide con los 50 años desde que Grandinetti comenzó a hacer teatro en Rosario, la ciudad donde dio sus primeros pasos como actor y a la que ahora regresa para celebrar ese recorrido con un proyecto profundamente personal.

El escritor de todas las cosas propone un viaje íntimo hacia el universo de un hombre que se gana la vida escribiendo aquellos textos cotidianos que todos leen y casi nadie recuerda que alguien debió escribir: carteles de tránsito, etiquetas, sobres de azúcar, anuncios de aeropuertos o indicaciones hospitalarias.

Mientras espera en un pasillo de un teatro, donde vuelve a representarse una obra escrita por él muchos años atrás, el protagonista reconstruye su vida y desanda los recuerdos que marcaron su existencia.

Con humor, emoción y una profunda sensibilidad, la obra reflexiona sobre el poder de las palabras, la memoria, el amor, los vínculos familiares, el paso del tiempo y la necesidad –muchas veces inexplicable– de crear.

 El director y dramaturgo Javier Daulte y el actor Darío Grandinetti (Alejandra López).

Para Javier Daulte, la pieza "propone un viaje íntimo y conmovedor por la vida de un hombre que hizo de la escritura su manera de estar en el mundo". A través de un relato que evita la solemnidad, el autor explora cómo las palabras pueden herir, separar o destruir, pero también acompañar, consolar y salvar. La escritura aparece aquí atravesada por la vida cotidiana, por esas frases aparentemente insignificantes que terminan dejando una huella inesperada.

La propuesta también plantea interrogantes esenciales: ¿para qué escribir?, ¿qué responsabilidad implica poner palabras en circulación?, ¿qué sentido tiene crear? Sin ofrecer respuestas definitivas, la obra invita al espectador a encontrar las propias.

La entrevista


—¿Cómo empezó el proyecto de este unipersonal que estrenás en tu ciudad?
—Fue una idea que nació hace bastante tiempo. Javier Daulte escribió este monólogo especialmente para mí, incluso fue un pedido mío. Yo tenía ganas de hacer una obra que pudiera salir de gira por todo el país, algo que no dependiera de una gran producción, que pudiera moverse con facilidad y que me permitiera recorrer distintas ciudades. Desde el principio, también tuve claro que, si iba a estrenar esa obra, tenía que hacerlo en Rosario. Siempre digo que cuando uno viene de Buenos Aires con una obra, el primer lugar donde la pone a prueba suele ser Rosario porque es un gran termómetro. El público rosarino siempre fue muy exigente y muy generoso a la vez. 

"Y cuando ya estaba todo organizado –añadió Grandinetti–, me di cuenta de una coincidencia hermosa: el estreno cae exactamente cuando se cumplen cincuenta años desde que empecé a hacer teatro acá, en esta ciudad. No lo había calculado. Fue una de esas cosas que aparecen solas y que uno después entiende que tenían que pasar. Entonces pensé: qué mejor manera de celebrar medio siglo de oficio que estrenando una obra argentina, escrita por un autor argentino, en la ciudad donde empezó todo para mí. Creo que tiene un valor emocional muy grande. No es un estreno más. Hay algo muy personal en volver al lugar donde uno empezó y encontrarse con tanta gente querida después de tantos años.

—¿Qué cuenta El escritor de todas las cosas?
—El protagonista no es un escritor famoso, no es Shakespeare ni un premio Nobel. Es un hombre común que vive de escribir esas cosas que todos leemos todos los días, pero nunca pensamos que alguien tuvo que escribir. Los carteles de tránsito, las etiquetas de un vino, los sobrecitos de azúcar, las indicaciones de un hospital, los mensajes que aparecen en un aeropuerto cuando un vuelo se demora... él vive de escribir todo eso. Pero al mismo tiempo hay otra escritura que lo acompaña desde la infancia, algo mucho más profundo y más íntimo, que tiene que ver con una historia personal que el público va descubriendo de a poco.

Y sigue: "La obra transcurre en un teatro. Él está esperando algo en un pasillo mientras, del otro lado, se representa una obra que escribió hace muchos años. No vamos a contar qué espera porque ese es uno de los secretos del relato y el espectador lo descubre recién al final. Mientras tanto, habla muchísimo de su infancia, de su familia, de los barrios, del amor, de la soledad, del paso del tiempo. Lo hace con mucho humor y también con mucha ternura. Es un personaje muy humano. Y, sobre todo, la obra habla del valor de la palabra. De cómo las palabras pueden ayudar, acompañar, consolar o incluso salvar a alguien. Pero también de cómo pueden lastimar o producir daño. Eso me parece muy interesante porque todos convivimos con las palabras todo el tiempo y pocas veces pensamos en el peso que tienen. Es una historia muy sensible, pero nunca cae en golpes bajos. Javier tiene una enorme inteligencia para escribir personajes que emocionan desde lugares muy cotidianos.

El actor Darío Grandinetti (Alejandra López). 

—¿Desde el principio pensaron la obra como un unipersonal?
—Sí. De hecho, fue parte de mi pedido. Me acuerdo perfectamente que le dije a Javier: «Escribime una obra que pueda meter en una valija, subirme a un auto con un asistente de dirección y salir a recorrer el país». Y terminó siendo bastante eso. Obviamente, no entra literalmente en una valija y somos algunos más trabajando, pero la idea era construir un espectáculo liviano, fácil de trasladar, que pudiera hacerse un día en cada ciudad sin depender de una estructura enorme. Hay una imagen que siempre me acompaña, desde que estudiaba teatro con Héctor Barreiros. Él nos contaba la historia de Tespis, ese actor griego que muchos consideran el primero de la historia. Andaba recorriendo los pueblos con un carro donde llevaba máscaras, vestuario y contaba historias. A ese carro se lo recuerda como el carro de Tespis. Esa imagen nunca se me fue de la cabeza. Siempre pensé que nuestro oficio también tiene algo de eso: salir a encontrarse con el público donde esté. Esta obra dialoga mucho con esa idea. 

"Javier suele decir que el teatro no tiene que servir para nada. Yo también creo que el arte no necesita justificar su existencia. Pero, inevitablemente uno termina preguntándose cómo impacta lo que hacemos en los demás. Qué produce una obra, una canción, un libro, una pintura. Si acompaña, si conmueve, si deja alguna huella. De eso habla también El escritor de todas las cosas".

—¿Cómo vivís el desafío del unipersonal, de estar solo durante toda la función?
Es una experiencia muy particular. Es esa metáfora de tirarte a la pileta sabiendo que, si aparece un problema, no tenés a nadie arriba del escenario que te dé una mano o te salve una situación. Pero la verdad es que eso no me da miedo. El teatro se ensaya mucho, se trabaja durante meses. Uno llega preparado. Lo que realmente me preocupa es otra cosa: que la historia resulte atractiva, que el público entre en ese universo, que se emocione, que ría cuando tiene que reírse y que salga del teatro con algo dando vueltas en la cabeza. Sí debo reconocer que estoy más ansioso que en otros estrenos. Pero no tiene que ver con hacer un unipersonal. Tiene que ver con Rosario. Con estrenar acá. Con saber que va a estar mi familia, mis amigos, compañeros de toda la vida, gente que me vio empezar. Esa es la verdadera responsabilidad que siento.

—Este estreno coincide con tus 50 años de carrera. Si mirás hacia atrás, ¿cuáles fueron los grandes hitos de ese recorrido?
—Empezar a hacer cine fue muy importante. También haber trabajado en teatro con directores enormes como Sergio Renán, David Stivel y ahora Javier Daulte. Pero si miro todo el recorrido tengo que decir que jamás imaginé que me iban a pasar la mayoría de las cosas que me pasaron. Cuando empecé, mi único sueño era poder vivir de este oficio. Que cuando alguien me preguntara cuál era mi ocupación yo pudiera responder simplemente «actor». No pensaba en hacer cine, mucho menos en una carrera internacional, ni en trabajar tanto como finalmente trabajé. Después llegaron las películas, la televisión, el teatro, los viajes, muchísimos personajes. Trabajé muchísimo y todavía hoy me cuesta dimensionar todo ese recorrido. Y esta obra tiene algo muy especial porque nace de una decisión completamente personal. Sentía la necesidad de contar una historia que realmente me interesara, algo que probablemente nadie me iba a ofrecer exactamente como yo lo imaginaba.

Los actores estamos muy acostumbrados a la autogestión, sobre todo en el teatro. Gran parte del teatro argentino funciona gracias a iniciativas privadas y al impulso de los propios artistas. Entonces decidí producir este proyecto, elegir este texto y contar esta historia de la manera que yo quería. Después de cincuenta años de trabajo, me pareció que era un buen momento para volver a empezar desde ese lugar: con una obra que me representa profundamente y que me permite salir a recorrer el país, encontrándome otra vez con el público, que al final es la razón por la que hacemos teatro”, concluyó Grandinetti.

Las entradas


Las entradas para la función de El escritor de todas las cosas, este viernes, a las 21, pueden adquirirse a través del sistema 1000tickets.com.ar y en la boletería del teatro La Comedia.