Erica Di Salvo es violinista desde los 14 años. Un instrumento que, en el inicio, no la “convencía”. Sin embargo, con el tiempo, devino en una manera de estar en el mundo. Ese tiempo también le sumó los créditos de compositora y directora de orquesta. Con un recorrido familiar ligado al tango (su padre era el baterista Luis Di Salvo), su vida musical cambió en 1995 cuando “hizo una prueba” junto a su hermano Ulises –en violoncelo–para integrar la sección de cuerdas del futuro unplugged de Charly García para la cadena MTV.

El artífice de todas las melodías buscaba un violín y un violoncelo. La recomendación de los hermanos Di Salvo llegó de la mano del Zorrito Fabián Von Quintiero. De ese encuentro en la sala de ensayo surgió una relación musical que se extendió a lo largo de los discos –El Aguante, Demasiado Ego, Charly x Charly– y las giras Casandra Lange, Say No More.

En la semana del cumpleaños número 75 de Charly, parte de la formación que acompañó a García en la grabación de Hello! MTV Unplugged lo homenajea en Rosario con un concierto que replica en vivo ese disco y recorre parte de su discografía.

En rigor, el recital es también la oportunidad de escuchar en vivo las canciones de la placa editada el 6 de agosto de 1095 que no tuvo gira de presentación. El concierto Hello!, el unplugged llega a la ciudad luego de 15 presentaciones agotadas en La Fábrica.

El show es este miércoles en Casa Brava (Pichincha 120). La banda está integrada por Fabián Von Quintiero, en teclados y bajo; Fernando Samalea, en batería; Érica Di Salvo, en violín; y Ulises Di Salvo, en violoncelo. Y se suman Emme, en voz invitada; Matías Mango, en piano (las partes de Charly); Santiago Mauriño, en guitarra (las partes de María Gabriela Epumer); y la cantante y saxofonista Michelle Bliman.

Las entradas pueden adquirirse a través del sistema ticketsbravos.com. La apertura de puertas es a las 20.30.

Antes del recital que tiene como premisa “celebrar y agradecer” al autor de “Promesas sobre el bidet”, entre otras canciones, Érica Di Salvo dialogó con Rosario3 sobre el concierto, su ingreso en la banda de García, el “desafío” de seguir “la mente de un genio”, el lazo que une al rock y al tango y la inmortalidad de la obra de obra de Charly.

La charla telefónica se dio a horas de la presentación de Hello!, el unplugged en el teatro Coliseo de Buenos Aires, “una auténtica fiesta y celebración. Como dice Fernando Samalea: «Fue épico». Vivimos una noche increíble homenajeando a uno de los más grandes compositores de la música argentina”.

Con ese envión, llegan a Rosario 48 horas después. “La propuesta es recrear en vivo el unplugged completo, respetando las versiones originales y el orden de los temas del disco. Después, sumamos algunos temas de otras épocas y otros álbumes”, adelantó la entrevistada.

 A Charly no le atraía la idea de hacer un show acústico impuesto por MTV, pero el formato de cuerdas le dio el cierre conceptual que buscaba"

—¿Qué te generó volver a tocar esas canciones, con los arreglos de aquel momento?
—Una emoción enorme. Para mi hermano Ulises y para mí, nuestro acercamiento a Charly fue precisamente a partir de ese disco. Conocerlo y después formar parte de su banda durante tantos años es algo que te moviliza. Se sintió como un viaje en el tiempo.

—¿Qué recordás de aquella “prueba” en la sala de ensayo, en 1995? ¿Qué habían preparado con Ulises?
—Llegamos a la sala y estaban María Gabriela Epumer, Fernando Samalea y el Zorrito. Preparamos unos cuatro o cinco temas mientras esperábamos a Charly, que se demoró por horas. Cuando llegó, dijo, sencillamente: «Hola, soy Charly». Como si no lo supiéramos, y nos dijo: «A tocar». Grabó todo el ensayo. A mitad de un tema, me pidió improvisar un solo. Después escuchamos las tomas juntos y nos invitó formalmente a sumarnos. Más tarde, el Zorrito nos contó que, cuando sonaron las cuerdas por primera vez, Charly los miró a él y a Samalea, se bajó los lentes y dijo: «Esto es lo que quería». A él no le atraía la idea de hacer un show acústico impuesto por MTV, pero el formato de cuerdas le dio el cierre conceptual que buscaba.

—¿Te acordás de qué canciones prepararon en esa ocasión?
—Hicimos cuatro o cinco temas. Recuerdo que íbamos a pasar a otro y arrancó con “Yendo de la cama al living”. Ahí me pidió el solo. Ese momento terminó siendo el broche de oro.

Charly tiene una sonoridad muy clara en la cabeza todo el tiempo (…) Tiene una lógica y una visión de las cosas por encima del resto y esto explica la trascendencia"

—¿Ese fue el solo que después quedó en el Unplugged? El momento en el que él dice «Érica...»
—En el ensayo no estaba ese solo. Por ahí, a veces pedía solos en algún tema, pero no estaba. Me lo tiró en (la grabación) el programa.

—¿Cómo trabajaban los arreglos con él? ¿Él pedía cosas específicas o les daba libertad para improvisar?
—Si bien podíamos proponer cosas, la dirección siempre fue suya. Algunas propuestas quedaban y otras las acomodaba. Charly tiene una sonoridad muy clara en la cabeza todo el tiempo. Si le gusta lo que improvisás, queda; si no, te va guiando hasta lograr exactamente lo que quiere.

La relación de García con los hermanos Di Salvo y su “encantamiento” con las cuerdas hizo que los invitara a sumarse a Casandra Lange, la banda/proyecto con la que giró/grabó el disco Estaba en llamas cuando me acosté. La placa, a excepción de dos canciones, está integrada por covers. Seguido, llegó la etapa Say no More, una suerte de manifiesto de libertad creativa que asumió García.

—¿Cómo definirías la experiencia de tocar y girar con Charly?
—Fue una experiencia gigante e intensa porque hay que seguir el ritmo de su mente. Charly siempre va un paso más allá. Tiene una lógica y una visión de las cosas por encima del resto y esto explica la trascendencia de sus composiciones y letras. Yo he trabajado con con mucha gente, pero Charly es especial. La vida con él es completamente anecdótica: vivís situaciones impredecibles que te llevan la adrenalina al máximo.

—¿Qué pasaba en los conciertos, cuando García comenzaba a improvisar?
—Había que estar extremadamente atentos a cada gesto suyo para entender hacia dónde quería ir. Con los años, aprendés a presentir sus movimientos, pero en el escenario nunca podías distraerte.

Charly posee una genialidad propia. Tiene una forma distinta de escuchar, mirar y procesar la realidad"

—Y en el estudio, ¿se repetía esa dinámica?
—Podías sugerir ideas, pero él no paraba hasta encontrar en el estudio el sonido exacto que tenía en la cabeza. Grababa y regrababa instrumentos o voces las veces que fuera necesario hasta lograrlo.

—¿Qué fue lo más complejo de “adaptarte” al rock?
—Al principio, fue el volumen. No estás acostumbrado a eso desde un instrumento acústico. Sin embargo, me adapté rápido y lo disfruté muchísimo. En algunas épocas, dependía del repertorio, usé violín eléctrico. Eso facilitaba la sonoridad. La realidad es que gustaba mucho, disfrutaba un montón.

A momento de sumarse a la banda de García, Érica ya había integrado formaciones tangueras como el Sexteto Sur y había acompañado a Amelita Baltar. También integró Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto, Tanguerísimas y El desquite, por citar brevemente parte de su currículum ligado al género.

Desde ese lugar, Di Salvo se refirió a la conexión que existe entre el ex Sui Generis y el 2x4: “Las letras y melodías de Charly están atravesadas por el tango. De hecho, estoy presentando un proyecto en Buenos Aires donde versionamos sus canciones en ritmo de tango, con contrabajo, bandoneón y piano. Es una idea que concebí hace casi treinta años y que finalmente pude concretar”.

—Ambos tuvieron una formación académica “clásica”, por así decirlo. Desde esa coincidencia y el prejuicio, también, ¿creés que eso le ofreció a Charly una mirada distinta en el rock?
—Más allá de la formación técnica, me parece que Charly posee una genialidad propia. Tiene una forma distinta de escuchar, mirar y procesar la realidad. Su música trasciende generaciones por esa capacidad única de ver y decir cosas en momentos donde nadie más podía hacerlo.