El actor Gerardo Romano visitó a Mario Pergolini en Otro día perdido (el Trece) y no esquivó ningún tema: desde su pasado ligado a un catolicismo ferviente hasta sus noches de excesos y el impacto que significó recibir el diagnóstico de Parkinson.
Con su estilo habitual, Romano repasó cómo su alejamiento de la Iglesia Católica marcó el inicio de una etapa de libertad desenfrenada. "Fui mujeriego, pero porque tenía que cobrarme los años de celibato. Era muy católico, iba a misa todos los sábados, pero el cura me soltó el bozal. Fue en aquella época, en la iglesia de Balvanera, en el Colegio San José", recordó sobre su juventud.
Sin embargo, un episodio en el confesionario fue el punto de quiebre definitivo: "Ahí estuve arrodillado, en mi primera confesión, cuando tuve mi primer orgasmo. El cura me echó y eso me alejó de la religión. Cumplí con mi penitencia de los Ave María y rezos y no aparecí más", reveló.
A pesar de ese alejamiento, relató que a sus 50 años terminó en Luján a las 8 de la mañana, fisurado, con unos amigos. Decidió entrar a un confesionario donde se encontraba un sacerdote muy viejito que se estaba durmiendo. El actor se arrodilló y le preguntó “¿me puedo confesar?”. Reveló que en ese momento le dijo "tuve sexo múltiple, tomé drogas, participé de orgías…".
Otro de los momentos más destacados de la entrevista fue cuando Pergolini le preguntó qué sintió al enterarse de que padecía Parkinson. Romano fue directo sobre el miedo que lo atravesó: “Me asusté. Morirme, está tan buena la fiesta”.
A pesar del diagnóstico, el artista explicó cómo su profesión se convirtió en su principal refugio y motor para seguir adelante. "Me salvó que a la noche tenía función de teatro, tenía que subirme a un escenario solo, una hora y pico, y no tenía mucho margen: «O dejo todo porque tengo parkinson y me voy a morir, o no, y elegí no»", sentenció.
Hoy, el actor mantiene una rutina activa para combatir el avance de la enfermedad, combinando el ejercicio físico con el entrenamiento mental. "Hay movimientos y temblores y cosas suaves, como la que ves. Pero también hago natación tres veces por semana, hago un kilómetro cada vez, voy y vengo en bicicleta, repaso la letra de una obra de teatro que ya no hago porque el músculo de la memoria, como cualquier músculo, se trabaja y hacés el esfuerzo de acordarte de algo. La peleo", concluyó.