Rosario atraviesa su música, sus recuerdos, sus tragedias y buena parte de la obra que lo convirtió en uno de los artistas argentinos más importantes. En marzo Fito Paéz reunió cerca de 300 mil personas frente al Monumento a la Bandera, pero en los últimos años son escasas las entrevistas que ha brindado a medios de su ciudad. La inquietud de por qué habla tan poco con los periositas locales resurge al ver anoche al músico en el programa de Mario Pergolini en Buenos Aires. Allí se sentó durante casi una hora y media con Mario Pergolini y contó todo: sus amores, las drogas, Malvinas, Charly García, Spinetta, el accidente que cambió su vida y hasta los siete dientes que se hizo sacar para evitar el servicio militar.

Fito Páez hizo historia en Rosario mucho antes de ser reconocido en el país y en toda Latinomamérica. Acá aprendió a tocar el piano, aparecieron sus primeras bandas y conoció músicos, amigos y personajes que después entrarían para siempre en sus canciones. De Rosario salió para sumarse a Juan Carlos Baglietto y comenzar una carrera que terminaría ubicándolo entre las figuras fundamentales del rock argentino.

También acá ocurrió la tragedia que transformó brutalmente su vida y derivó en uno de sus discos más desgarradores, Ciudad de pobres corazones. Rosario nunca dejó de estar en Fito porque aparece en su obra, en entrevistas, películas, libros, documentales y recuerdos.

Fito Páez en sus primeros años de carrera, cuando comenzaba a construir desde Rosario una trayectoria que lo convertiría en una figura central del rock argentino.

Sin embargo, existe una paradoja. Uno de los artistas que más llevó el nombre de Rosario por el mundo casi no conversa, al menos en los últimos años, con los medios de la ciudad que ocupa un lugar fundamental en su identidad. No hay una explicación pública reciente de Páez que permita afirmar por qué sucede y sería injusto inventarla. Pero la distancia existe.

Ayer volvió a hacerse visible cuando se sentó frente a Mario Pergolini en Otro día perdido y protagonizó una charla de 88 minutos. Hubo canciones al piano, recuerdos compartidos y una conversación que recorrió casi todos los rincones de su biografía.

Un Fito dispuesto a contar

La cercanía entre Pergolini y Páez hizo que la conversación tuviera poco de entrevista promocional. Se conocen desde hace décadas y eso permitió que apareciera un Fito relajado, por momentos divertido y por otros profundamente reflexivo. Habló de las mujeres de su vida, de sus años más descontrolados, de las drogas, de la soledad, de la Guerra de Malvinas, de Charly García, Luis Alberto Spinetta y de la cultura argentina. También recordó situaciones mucho más recientes, como el accidente doméstico que sufrió en 2024 y que lo obligó a interrumpir su actividad.

Pero incluso, entre los recuerdos, hubo espacio para historias que parecían sacadas de una película. Una de ellas ocurrió cuando todavía era aquel joven rosarino que estaba muy lejos de convertirse en Fito Páez.

Los siete dientes 

Fito recordó qué hizo cuando le llegó el momento de cumplir con el servicio militar obligatorio. Primero intentó adelgazar considerablemente para que lo declararan no apto. Como no funcionó, tomó una medida bastante más extrema, se hizo extraer siete dientes.

La anécdota derivó después en una conversación sobre la Guerra de Malvinas y sobre una generación que vivió aquellos acontecimientos desde muy cerca. Para Páez, Malvinas no es simplemente un asunto que reaparece periódicamente en la agenda pública, sino algo mucho más permanente dentro de su memoria generacional.

Sofía Gala y los rumores

Pergolini tampoco esquivó su vida sentimental. Cuando apareció el nombre de Sofía Gala, Fito habló de manera directa sobre las versiones que durante los últimos meses los vincularon sentimentalmente. Dijo que alrededor de ambos se había construido una historia desde el “imaginario popular” y lamentó que la actriz hubiera tenido que salir públicamente a aclararla. “Somos amigos, después puede pasar cualquier cosa”, señaló Páez.

La conversación había comenzado cuando Pergolini observó esa forma afectuosa en que Fito suele hablar de las mujeres con las que compartió su vida. El músico respondió sin entrar demasiado en viejas historias: “Las cosas se mueven, la vida cambia”. Una frase breve, pero bastante representativa del Fito que apareció durante toda la noche un hombre que mira hacia atrás sin necesidad de permanecer detenido allí.

Aquellos años de excesos

También hubo lugar para hablar de drogas, un territorio que no es desconocido dentro de la historia de Páez. Él habló muchas veces sobre una época del rock atravesada por los excesos, las noches interminables y un modo de vivir difícil de separar de aquellos años.

Con Pergolini apareció otra ventaja, no hacía falta explicarle demasiado el contexto, porque ambos conocen de cerca esa escena. Fito recordó sus años de descontrol y puso esa etapa en perspectiva frente al hombre que es hoy.

 

Fito Páez junto a Luis Alberto Spinetta, uno de los artistas que siempre reconoció como maestro y parte fundamental de su formación musical. 

Fito habló de Charly y Spinetta y de la responsabilidad de continuar ese legado

Uno de los tramos más interesantes llegó cuando Pergolini mencionó a Charly García y Luis Alberto Spinetta. El conductor se preguntó por aquella época de la música argentina y por la dificultad de encontrar actualmente figuras con semejante dimensión cultural. Fito no respondió solamente desde la nostalgia. “Me siento muy responsable de todo lo que he heredado de parte de ellos”, dijo al referirse a Charly y Spinetta.

La frase muestra también otro cambio porque durante mucho tiempo Fito fue el joven que llegaba desde Rosario y se encontraba con sus maestros; ahora él mismo forma parte de esa historia. Tiene 63 años, una obra que atraviesa más de cuatro décadas y generaciones enteras que crecieron escuchando sus canciones. Ya no está solamente recibiendo una tradición porque también la transmite.

 

Cerca de 300 mil personas acompañaron a Fito Páez en el recital gratuito que cerró Casa Páez frente al Monumento a la Bandera, en marzo de 2026. 

El Monumento, 300 mil personas y una relación que sigue intacta

Si algo dejó claro 2026 es que el vínculo afectivo de Fito con Rosario está lejos de haberse roto. El 15 de marzo cerró el ciclo “Casa Páez” con un recital gratuito frente al Monumento Nacional a la Bandera que reunió a cerca de 300 mil personas, una de las convocatorias más grandes registradas en ese escenario.

Precisamente por eso resulta todavía más llamativa otra característica de ese vínculo. Fito vuelve a Rosario, toca, reivindica sus raíces y protagoniza encuentros masivos con su público, pero son pocas las ocasiones en las que se sienta largamente frente a periodistas de la ciudad para conversar sobre su vida y su obra.

¿Y por qué Fito casi no habla con los medios de Rosario?

La pregunta aparece inevitablemente desde esta ciudad. No existe, hasta donde surge de sus declaraciones públicas, una explicación específica y actual de Páez confirmando que decidió no conceder entrevistas a periodistas rosarinos. Tampoco sería correcto sostener que nunca habló con ellos, hay antecedentes.

En 1999, por ejemplo, dio una extensa entrevista a La Capital antes de presentar “Abre”. En aquella conversación habló abiertamente sobre Rosario, su relación con la ciudad, sus recuerdos y hasta su historia como hincha de Central.

Lo que sí existe es una relación históricamente compleja de Fito con las entrevistas y la exposición mediática en general. Ya en 1998 decía en una nota en la revista Rolling Stone, que casi no daba entrevistas porque había elegido correrse de una exposición que consideraba excesiva. “La violencia del público está ligada a la aparición constante en los medios”, explicaba entonces. También sostuvo que la entrevista era “un espacio muy devaluado” y cuestionó ocasiones en las que, según su mirada, algunas declaraciones terminaron convertidas en titulares que alteraban su sentido.

Eso permite entender parte de su relación con los medios, pero no alcanza para asegurar que esa sea la razón de su actual distancia con la prensa rosarina. Ese dato sigue sin tener una explicación pública concreta.

Fito Páez de niño junto a su abuela y su tía abuela, dos figuras fundamentales de su infancia y de una historia familiar que quedó marcada por la tragedia de 1986. 

Una relación con Rosario que tampoco siempre fue sencilla

La relación entre Fito y Rosario pasó por momentos de enorme amor y otros atravesados por el dolor. Después del brutal crimen de su abuela, su tía abuela y la empleada de la familia en 1986, el músico atravesó uno de los períodos más oscuros de su vida.

La noticia del triple crimen que en 1986 marcó profundamente la vida de Fito Páez y atravesó la creación de Ciudad de pobres corazones. 

Los periodistas iban hasta la casa donde estaba alojado y él no quería hablar con nadie. De aquel dolor nació “Ciudad de pobres corazones” y también quedó durante años una relación tirante entre cierta parte del público rosarino y el músico.

Pasó mucho tiempo desde entonces y hoy sería difícil sostener que Fito está distanciado afectivamente de la ciudad. Todo indica exactamente lo contrario, el recital frente al Monumento fue probablemente una de las demostraciones más contundentes de amor, una multitud volvió a abrazar públicamente a uno de los músicos que más hizo de Rosario una parte de su identidad artística.

Hubo momentos en los que el nombre de Fito quedó en el centro de discusiones públicas nacidas en Rosario.

En 2012, su contratación para los festejos del Bicentenario de la Bandera generó una polémica política por los 425 mil pesos pagados por la Provincia, un tema que tuvo amplia repercusión en los medios locales y nacionales. Un año después volvieron a cuestionarse contratos vinculados a actuaciones oficiales. No existe, sin embargo, una declaración pública de Páez que permita vincular aquellas coberturas con la escasez actual de entrevistas a medios rosarinos. Este año incluso, el escenario fue distinto porque para su multitudinario regreso al Monumento, el músico no percibió honorarios, fue un regalo para su ciudad.

Fito habla de Rosario, pero pocas veces desde Rosario

Ahí aparece quizás la contradicción más interesante. No parece haber un conflicto abierto entre Fito y su ciudad, no hay una declaración reciente contra los periodistas rosarinos y tampoco existe una explicación conocida sobre por qué las entrevistas locales son tan poco frecuentes. Simplemente está el hecho,  Rosario permanece en Fito, pero Fito pocas veces se sienta frente a un periodista de Rosario para hablar largamente de todo eso.

Mientras tanto lo hace en Buenos Aires, en otros países, en documentales, medios nacionales y publicaciones internacionales. Y cada vez que ocurre, Rosario escucha, porque cuando Fito habla de aquella infancia, de sus primeros pianos, de Baglietto, de las tragedias, del amor, de Charly, de la música o de la Argentina, inevitablemente también está contando una parte de la historia cultural de esta ciudad.

Ayer volvió a hacerlo frente a Pergolini. Durante 88 minutos hubo un Fito disponible para el recuerdo, la confesión y la discusión. Un artista que, a esta altura de su vida, parece menos interesado en proteger el personaje y más dispuesto a contar lo que pasó.

Y desde Rosario queda una curiosidad periodística que todavía no encuentra respuesta.