El 4 de octubre de 1986, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una banda independiente de La Plata y, por entonces, de culto, lanzaba su segundo disco: Oktubre. Con el tiempo, esa placa sería mencionada una y otra vez como “la mejor” de los Redondos.
Grabado en los estudios Panda con la producción técnica de Roberto Fernández, Oktubre representó un salto respecto al casi festivo Gulp! (1985). Más sombrío, atravesado por el post-punk, el álbum propuso una atmósfera apocalíptica.
La guitarra de Skay Beilinson, en diálogo con los saxos de Willy Crook, servían de trama para la voz del Indio Solari en una narrativa urbana cargada de paranoia. Canciones como "Fuegos de octubre" y "Preso en mi ciudad" reflejaban el aislamiento individual dentro de la masa. En tanto que "Música para pastillas", apuntaba contra la anestesia social y el consumo vacío.
A esa “oscuridad” también abonaron “Canción para naufragios”, "Motor psico", “Semen-Up”, “Divina TV. Führer” y “Ya nadie va a escuchar tu remera”. Sin embargo, fue "Jijiji", el segundo tema del Lado B, montado en un riff inmortal de Beilinson, el que llevó a Los Redondos a otra escala de popularidad, siempre en el campo acotado de los escenarios porteños. Todavía faltaban algunos años para aquello de "el pogo más grande del mundo".
Rocambole fue el en encargado del arte de tapa de Oktubre, al igual que en las posteriores portadas de los discos. La icónica ilustración en tonos rojo, negro y blanco inmortalizó las siluetas de las masas revolucionarias en plena rebelión, invocando la estética del constructivismo ruso y la Revolución de Octubre de 1917.
A cuatro décadas de su edición, Oktubre no ha perdido un solo gramo de su vigencia. Es más, el disco fue reeditado en 2025 con una nueva masterización para continuar la historia de aquellos “fuegos” en el presente.