Nada parece indicar que se podrán evitar los penales. A pesar de que Argentina juega con uno más desde hace mucho tiempo, la definición desde los doce pasos, con todo el riesgo que implica, parece el destino marcado para la selección y Suiza. En el primer tiempo pareció que se alineaban los planetas, que todo estaba en orden, pero hubo un retroceso pronunciado en el segundo tiempo y los helvéticos empataron el partido. Ahora todo parecía encaminado al peor de los sufrimientos. Es que, con Argentina, si no se sufre, no vale, o no sirve, o no se sabe qué cuernos. 

El sufrimiento es como que forma parte del ADN de esta selección. Habrá que asumir algunas cuestiones para sobrellevar lo que falta, lo poco que falta. Esta Argentina no es aquella, aunque aquella también sufrió, pero hay un secreto. Se le roba la frase al relator de una de las tantas transmisiones de la tele. “Con la Argentina no se puede, la Argentina es de acero”, dice cuando se define el partido.

Antes, un ratito antes, Julián se viste de Atlético de Madrid y pone la pelota en el ángulo para romper el cerrojo suizo. Argentina jugará ocho partidos en la Copa del Mundo. Uno de los grandes objetivos está cumplido.
Es cierto, la expulsión de Embolo marcó el desarrollo del partido, pero durante lo que quedaba del segundo tiempo y casi todo el alargue, Argentina fue impotente. Se repitió un poco la historia de partidos anteriores: Argentina no jugó bien, pero ganó. Ningún jugador albiceleste cometió el error de Embolo y ese es un dato distintivo. No es culpa del equipo de Scaloni que una de las figuras del rival cometa el error infantil, insólito, que lo sacó de la cancha.

El campeón del mundo está de pie, tambalea a veces, pero maneja el ring como casi ningún otro rival. El campeón está en carrera. Un equipo angelado que a pesar del sufrimiento da señales de supervivencia que robustecen la templanza.

Ahora será Inglaterra, ni más ni menos. Y como en los partidos anteriores habrá que mejorar.
Ayer, el día del partido, murió Antonio Ubaldo Rattín, un estandarte de la lucha contra la Inglaterra corrupta de 1966. 

El triunfo fue un tributo al Rata, capitán de aquel equipo que fue despojado de la chance de pelear por el título por una Fifa más corrupta, aunque parezca mentira.

Era imposible que la selección perdiera el día que Rattín se hizo eterno. Porque hay que recordar siempre a los ídolos de todos los tiempos.

El remate de Julián todavía viaja al ángulo imparable. Lautaro festeja el tercero y se consuma la gran victoria.
“Tenemos que mejorar, pero ganando siempre es mejor”, dice Scaloni todavía en la cancha y lleno de emoción.
El miércoles en Atlanta se escribirá la penúltima historia frente a Inglaterra.

Nadie puede asegurar que Argentina jugará mejor, ni siquiera que merecerá ganar. Pero el campeón del mundo está vivo.

España-Francia es una final anticipada, pero no se apuren: Argentina puede hacerlo de nuevo.