Existe un viejo axioma que dice que las reelecciones que no se consuman no las gana la oposición, sino que las pierde el oficialismo. Según esta “verdad”, la posibilidad de que Maximiliano Pullaro gobierne por un segundo período consecutivo depende de sí mismo y de la coalición que lo llevó al gobierno de Santa Fe en 2023.

Hay otro axioma, más provincial y de coyuntura, sobre el que hay consenso en la política santafesina. El gobierno de Unidos tiene viento a favor para que Pullaro repita otros cuatro años en la Casa Gris, como proclamó Susana Rueda. La ministra de Cultura, referente en el gabinete del sector bonfattista del Partido Socialista, dio la voz de aura a un proceso sobre el que no hay experiencias en la política provincial.

Con tres años de desgaste en el lomo, Pullaro y su gestión conservan números de imagen cómodos respecto de las expectativas sobre otros espacios y posibles candidatos. Aunque no sean para tirar manteca al techo ni descuidarse, les permiten construir el camino para buscar la reelección desde la delantera y no a la defensiva. En definitiva, depende de sí mismo.

Por otra parte, construir candidatos para una gobernación no es algo que se haga de un día para el otro. Un problema para las oposiciones, que, a cuatro o cinco meses de inscribir listas, no tienen hoy un candidateable instalado y competitivo. La excepción sería el exgobernador Omar Perotti, que, a pesar de que no pudo asegurar un segundo mandato para el peronismo en la provincia, dentro del universo opositor aventaja a cualquier otro por ahora.

Amalia Granata analiza la conveniencia de competir por primera vez por la Casa Gris, aunque sea con objetivos y expectativas más modestas que las del peronismo. El nuevo régimen electoral que juntó las boletas de gobernador y vice con las de diputados la empuja a candidatearse a la Casa Gris. No podría acceder personalmente a una banca, pero, si repite la performance electoral de 2019 y 2023, podría conservar lo que tiene y hasta sumar algo, teniendo en cuenta que de ahora en más las bancas se reparten por sistema proporcional.

La Libertad Avanza es un misterio. Seguramente armará lista y tendrá un o una candidata a la gobernación. Lo que no tiene es un desarrollo político y territorial que le permita discutir de igual a igual con Unidos. Podría haberlo intentado, pero eligió no avanzar en ese sentido. Los libertarios santafesinos, como los de otras provincias, persiguen un objetivo táctico: ser una pieza de apuntalamiento del gobierno nacional. Conservar el poder exige definir prioridades, jerarquizarlas y sacrificar deseos. La razón es que el gobierno de Milei es demasiado débil en términos políticos y parlamentarios como para distraerse en batallas de pago chico cuando cada mañana es un desafío vital. Gobernaciones peronistas y no peronistas con sus respectivos congresistas —finalmente lo comprendió Karina Milei— son garantes de última instancia de la permanencia de Milei en la Casa Rosada y de la chance de que sea reelecto.

Aunque a simple vista no pareciera haber conexión, hay vasos comunicantes entre los Juegos Suramericanos y la posibilidad de reelección de Pullaro. Si en 2024 el gobierno de Unidos dudaba de poder lidiar con la organización y sospechaba que podía distraerlo de sus metas básicas, una vez afianzado el paso de la gestión transformó aquella duda en un objetivo estratégico.

Además de ser una vidriera excepcional para el gobierno, la provincia y las tres ciudades sede, la apuesta política es que los Juegos Suramericanos sean la marca simbólica del fin de la etapa de la violencia extrema y las tasas récord de homicidios. Es decir, el punto determinante del contrato electoral entre Pullaro y los santafesinos, y en particular con los rosarinos.

Oxigenación en la Justicia federal

En la asunción del camarista federal Florentino Malaponte se habló mucho de la crisis de seguridad de la última década y la mejora conseguida en los últimos tres años. “Nos falta mucho aunque las estadísticas digan que estamos mejor”, dijo el presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, que vino especialmente para la asunción. En línea con la cautela de las autoridades provinciales, pisó la pelota: “Esto no está terminado ni mucho menos”.

Hubo un pasaje un poco irritante del discurso de Rosatti. Estaba elogiando al flamante camarista por su currículum con doble “H” (humildad y honestidad) y haciendo un explícito reconocimiento a la labor de jueces y fiscales que “honraron el cargo” cuando les advirtió que “en esta ciudad hay muchas tentaciones”. ¿En esta ciudad? Es de esperar que eligió esa particularización solo porque estaba en Rosario, porque es inimaginable que Rosatti no esté al tanto de que el emporio de las tentaciones está en el barrio de Retiro, en la avenida Comodoro Py. Y, sin embargo, no es común escuchar a la Corte Suprema de la Nación hablar en términos similares sobre las cosas que ocurren en ese distrito judicial donde, dicho sea de paso, todavía los jueces resisten la implementación del nuevo Código Procesal Penal.

Igualmente, Rosatti tiene razón. Hay muchas tentaciones en Rosario para los funcionarios judiciales. Y no es menor que la mayoría de los discursos que se escucharon el viernes no rehuyeran la mención de que en la jurisdicción de la Cámara Federal de Rosario hay dos jueces acusados de corrupción y con prisión preventiva (el retirado Bailaque y Salmain, en funciones). Alentador, porque hasta no hace mucho encumbrados magistrados descreían de que se pudieran acusar y probar las fechorías que en ese momento se publicaban en medios periodísticos sobre el exjuez Bailaque. A veces no escuchamos lo suficiente al periodismo.

En momentos de zozobra, con dos jueces imputados por corrupción y una situación todavía no aclarada sobre miles de causas penales del fuero federal que de pronto salieron a la luz, Rosatti no anduvo con rodeos: reconocimiento a los que honran el cargo; los que no lo hicieron “merecen ser castigados”; y un mensaje hacia adelante que denota respaldo institucional para el Ministerio Público Fiscal y para los jueces que tienen que definir sobre colegas acusados y operadores judiciales históricamente vinculados a otros integrantes de la Corte: “Hay mucho que corregir y que limpiar todavía; y lo vamos a seguir haciendo”, avisó.

Una última apostilla sobre la asunción de Malaponte. Es imposible no destacar lo atípico de que para la asunción de un camarista hayan “bajado” a Rosario el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques; el presidente de la Corte, Rosatti; dieran el presente cuatro ministros de la Corte provincial —Erbetta, Baclini, Zabalza y Falistocco—, la fiscal general de la provincia, una representante del gobierno provincial (María Florencia Blotta) y el intendente Pablo Javkin. Además, estuvieron presentes la diputada socialista Lionella Catalini, denunciante de Bailaque, y la plana mayor de La Libertad Avanza, con la diputada Romina Diez a la cabeza y secundada por los dirigentes y abogados Marcos Peyrano y Froilán Ravena.

La convocatoria escenificó el acuerdo entre La Libertad Avanza y Unidos que permitió cubrir la vacante que tenía una década. Malaponte también tuvo el voto del peronismo, incluido el santafesino Marcelo Lewandowski. Pero lo esencial fue que el candidato no despertaba objeciones en La Libertad Avanza y cumplía con el perfil que pedía Pullaro (la senadora Carolina Losada fue una activa promotora de su pliego) por el papel que tiene la Justicia federal en materia penal, y en especial ese tribunal, que, si bien es multifuero, recibe las apelaciones de las causas penales por delitos federales. Por su formación y trayectoria como fiscal y juez tras la reforma del sistema procesal penal de Santa Fe, para quienes apoyaron su llegada al edificio de Entre Ríos al 400, Malaponte es una apuesta a la oxigenación de la Justicia federal de Rosario.

El peronismo contra la reelección

Si las reelecciones que no se consuman no las gana la oposición, sino que las pierde el oficialismo, ¿con qué chances cuenta el peronismo para recuperar el poder?

En su última visita a Rosario, Sergio Massa les dijo a los referentes del peronismo santafesino que no esperen que Milei se caiga. Según quienes estuvieron en ese encuentro, el candidato presidencial sostuvo que “ni siquiera alcanza con la unidad” y que territorialmente el peronismo está en desventaja, porque hoy gobierna muchas menos provincias de las que tenía en 2023, cuando perdió el balotaje por poco.

Massa respalda a Giuliano, que pretende ser candidato a gobernador del peronismo.

El peronismo ausculta el futuro inmediato y se debate entre ser alternativa y la supervivencia. Ese dilema atraviesa a muchos dirigentes santafesinos. “En política, para disputar poder, primero tenés que sostenerte. Si no estás, no podés construir nada”, profetiza uno de ellos. Su línea de razonamiento remite a aquella frase popular que dice que “soldado que vive sirve para la próxima guerra”.

El peronismo que va a desafiar la reelección de Pullaro acuna dos grandes sectores en su interior. Uno aglutina a los senadores, al rossismo, los intendentes de Vamos, Ciudad Futura y el Frente Renovador. Sobrevuelan en medio de conversaciones el sector de Lewandowski, el Movimiento Evita y La Cámpora. Fuera de ese esquema está el perottismo, que comparte con el puñado de intendentes liderado por el funense Roly Santacrocce el estado de enfrentamiento con quienes controlan el partido.

Para empezar a discutir con Unidos, el peronismo debe asegurarse de que todos jueguen por adentro y usen las PASO para dirimir internas y sumar volumen político. Las nuevas reglas electorales están definidas y, con ellas, que de ahora en adelante las boletas de candidatos a cargos ejecutivos y legislativos irán juntas. Por lo tanto, el casillero de la gobernación es determinante para el arrastre. Sin un candidato competitivo se deterioran las chances de colocar diputados, que es donde todos los sectores quieren meter la cuchara.

El PJ santafesino tiene muchas tribus y son pocos los que tienen jefes políticos capaces de ordenar las expectativas en una mesa chica. Los acuerdos serán trabajosos. La lógica manda ordenar de arriba hacia abajo: primero, quién o quiénes serán los candidatos a la gobernación y, luego, abrir el juego a listas de diputados. La reforma electoral incorporó la competencia interna por la vicegobernación y varios sectores del peronismo estudian la conveniencia de usarla como otra forma de que distintos sectores sean contenidos y asuman protagonismo.

Lewandowski, Diego Giuliano y el empresario ítalo-argentino de las energías renovables Federico Pucciarello son posibles candidatos a la gobernación por el primer sector. Lo óptimo sería la síntesis detrás de uno de esos nombres para enfrentar al perottismo en las PASO.

Postularse de nuevo a la Casa Gris no parece la primera opción del rafaelino, que por ahora hace la suya. Confía en que, aun con su base electoral menguada, de mínima le alcanza para conservar las cinco bancas de diputados que consiguió cuando dejó el gobierno. ¿Por qué sentarse a negociar y conceder espacios, entonces?

2027 tiene el primer semestre marcado por la elección provincial y el segundo por la elección nacional. Dos procesos diferentes, pero no tanto. ¿Las candidaturas se discutirán por separado o todo va a entrar en la misma bolsa?

El calendario le come los talones al peronismo. Octubre tiene que ser el mes de definiciones. ¿Lewandowski, Giuliano o Pucciarello? El primero concluye su mandato en el Senado nacional. Una segunda candidatura a gobernador es posible, pero el senador exige de mínima un marco de acompañamiento y garantías diferentes a 2023.

Giuliano dio el primer paso. Su futuro está muy atado a su condición de dirigente del Frente Renovador, lo que significa que es un aliado de primer orden, pero no parte del PJ puro, y que es un engranaje en el esquema nacional que ordena Sergio Massa.

Pucciarello es la carta de los senadores y la incógnita a revelar. Los distintos dirigentes del peronismo que se reunieron con él, de forma presencial o virtual desde Italia, se quedan con una sensación ambivalente y se debaten entre el entusiasmo que le notan y el interrogante de por qué un empresario de ese nivel, con intereses de ambos lados del océano Atlántico, quiere involucrarse en la disputa de una gobernación. Pucciarello no tiene jefe político que le diga lo que puede o no hacer, pero acaba de asociarse a la YPF conducida por el gobierno de La Libertad Avanza en proyectos bioenergéticos de enorme relevancia tanto para su conglomerado privado de empresas como para la petrolera nacional. La pregunta se repite en el peronismo santafesino: qué pasaría si la decisión de Pucciarello de participar en política choca con los intereses de su socio y amenaza con perjudicar sus negocios privados.