¿Cuántas veces habrá pisado Lionel Messi el Monumento a la Bandera? Tal vez la primera haya sido con su escuela General Las Heras, si es que a Leo lo llevaron a hacer el ritual de la promesa en cuarto grado, por el que pasaron todos los rosarinos. De la última de la que hay registros es la de 2005. Las fotos tomaron estado público en las últimas horas y el responsable es Nicolás Ferrario, el rosarino que gestó la primera publicidad protagonizada por el campeón del mundo.

"Esas fotos son de diciembre de 2005. Lo sacamos de la casa un domingo al mediodía, en medio de un asado familiar. Todo bastante precario, lo nuestro. Yo había empezado a trabajar en una agencia de publicidad en Buenos Aires y, la verdad, fue una apuesta fuerte porque era un trabajo para una tarjeta de crédito y Leo todavía no era la figura de la selección", contó Ferrario a Rosario3.

Messi debutó oficialmente en la selección mayor el 17 de agosto de 2005, cuatro meses antes de las fotos en el Monumento. Un mes y medio antes del debut había sido la figura y el goleador del Mundial Sub 20 de Holanda. Y empezaba a sumar minutos de a poco en Barcelona. Apenas un año antes se produjo aquel mítico amistoso contra Paraguay, armado específicamente para "blindar" al rosarino y evitar que se lo llevara España. Pero las figuras de aquel equipo eran Crespo, Saviola, Samuel, Ayala, Riquelme y Tévez, entre otros.

Justamente, Tévez era la figura de la primera parte de la campaña para el Mundial 2006. El Apache, que jugaba en Corinthians, incluso había firmado un contrato. "Que el mejor jugador del fútbol brasileño sea argentino no tiene precio", decía el eslogan.

"En la segunda parte de la campaña teníamos a Riquelme, en su mejor momento. Se cayó lo de Román por cuestiones de contrato y fue un caos. Mucha desesperación". Y hubo que buscar un reemplazante.

"Yo recién empezaba, tenía 22 años, y me invitaron a participar de esta campaña, que era muy grande; era la que se iba a presentar para el Mundial 2006. Yo soy canallón y me animé a decirles que teníamos al Kily González, a Abbondanzieri, al propio Mascherano, que era de San Lorenzo. Y apareció el nombre de Messi. Ya era un crack, pero no era el de hoy. Era Messi antes de ser Messi", sumó Ferrario, que a los 14 años se fue de Rosario a Buenos Aires por cuestiones laborales de su familia. 

Las campañas publicitarias también jugaban su Mundial: en aquel tiempo hasta Diego Maradona apareció con la camiseta de Brasil. Y los creativos eran muy celosos de sus ideas. "Yo era joven, dormía poco y fumaba mucho. Vendía sopas como creativo o redactor: me pagaban la comida si me quedaba después de las 21 y yo tenía que aprovechar todo", contó Nicolás.

Como era rosarino y tenía pocos años más que Leo, Ferrario encajaba bien para romper el hielo. "Yo creí que me iban a mandar a verlo a Barcelona, pero era diciembre y Leo siempre viene para las fiestas. Así que me mandaron a Rosario. Todo muy improvisado de nuestra parte. Vergonzoso a nivel producción. Fuimos a filmar a un pibito haciendo jueguitos. En el rollo tengo el cumpleaños de mi mamá y después a Messi sentado en el Monumento".

Messi en el Monumento en 2005 (Crédito: Nicolás Ferrario).


Y agregó: "Nos habíamos mandado una macana muy grande: le pusimos una remera de Argentina de otra marca que no era la suya y la mamá fue hasta la casa a buscar una camiseta de Leo. Así que me quedé solo con él. Había pasado el Pirulazo, empezamos a hablar del Diego en Newell's, del equipo de Bielsa del 91. No lo veía como una celebridad. Le pedí perdón por sacarlo del asado. En casa se habían quedado como 20 personas comiendo y él se fue. No había comido nada y entonces le digo: «Te invito un pancho». Y me salió del alma, pero como una forma de romper el hielo: «El día que seas campeón del mundo voy a contar que te pagué un pancho». 

Finalmente, Messi no usó ninguna de las camisetas. Apareció con una gris que no dice mucho. El spot tuvo otra vuelta de rosca, tal vez por la improvisación de la que da cuenta Nicolás o tal vez porque Jorge Messi, en un momento, sacó un sobre de papel madera que contenía dos DVD con horas y horas de Leo jugando desde los 3 años.

—Che, ¿voy a tener que hablar? —le preguntó Leo a Ferrario. No fue necesario: las imágenes hablaron por sí mismas. Tampoco fueron necesarias aquellas fotos que hoy toman estado público, porque la historia se puede contar; porque Messi fue campeón del mundo. "Estuvieron guardadas durante 21 años y los pocos que conocían la historia tenían prohibido difundirlas", explicó el publicista.

En Brasil 2014 casi ven la luz. Los seis amigos de Nicolás que guardaron celosamente el secreto se animaron a decirle, por lo bajo, antes de tiempo: "Ahora la vas a poder contar". A ellos les dedicó el cuento que hizo de esta anécdota. También a Fontanarrosa y a Juan Villoro, sus escritores favoritos.

Acaba de publicar —porque no puede quedarse quieto— una novela titulada La vida útil, en la que desarrolla una trama coral que explora los límites de la desaparición voluntaria y la inmortalidad digital.

Sus amigos dicen de él: "Conocer a Nicolás es un problema porque empieza a hablar y, sin que te des cuenta, ya estás metido en uno de sus proyectos". Es escritor, guionista y director creativo. Fue nombrado National Geographic Explorer por su trabajo en nuevas formas de narrar. Fundó Talk2U, donde desarrolla intervenciones digitales con inteligencia artificial para generar cambios de comportamiento a gran escala, y Ateneo Islandia, un estudio donde cruza arte, ciencia y tecnología para crear relatos y campañas que llegaron a millones de personas.

"Me defino como escritor, guionista y creativo. Y soy explorador de National Geographic. Trabajo mucho con impacto social, me gustan las historias. Le hice un corto a Fito Páez y el video Las fuerzas armadas del amor. Además, ayudo a exploradores a contar sus historias", dice Ferrario, que de niño vivió en Italia y en Virasoro, enfrente del Hospital de Niños Víctor J. Vilela. "Mi viejo cambió de laburo y me fui a Buenos Aires. A los 27 me mudé a Brasil, viví en Madrid tres o cuatro años. Ahora viajo mucho a México".

Ferrario nunca se fue del todo de Rosario. Y si se fue, Fito y Leo lo trajeron de vuelta a sus 43 años. Mucho más después de que esas fotos del campeón del mundo vieran. Emanan rosarinidad y sueños por todos lados. Como aquella frase publicitaria que hoy se mira distinta: “que haya una ilusión después del Diego no tiene precio”.