El fiscal Ramiro González Raggio expuso el trasfondo de la causa que investiga el secuestro y la aplicación de tormentos a un joven que permaneció cuatro horas retenido en un taller mecánico de la zona oeste el mes pasado. Los captores lo acusaron de haber robado dos baterías del local, aunque en la investigación surgieron ribetes adicionales: la víctima había trabajado allí y dos de los imputados son parientes políticos suyos.
La investigación tiene a cuatro detenidos vinculados a un taller de Matienzo y Dean Funes, allanado la semana pasada por la Policía de Investigaciones. Se trata de los hermanos Ángel y Matías Ch., de 37 y 22 años; el dueño del taller, Juan Pablo O. (27); y Sofía M., pareja de Ángel.
Según la pesquisa, el 4 de agosto desaparecieron dos acumuladores del taller Mecánica Oeste. Los dueños y allegados sospecharon de Thiago C., quien había trabajado unas semanas como ayudante de limpieza, hasta que –según declaró– se cansó de que “le pagaran muy poco”.
El 8 de agosto, alrededor de las 16, Thiago caminaba por Sanguinetti y pasaje Emilio Zolá cuando fue interceptado por Matías Ch., que llegó en un Fiat Palio negro. Tras conversar brevemente, el Matías llamó por celular a sus cómplices. Minutos después apareció una camioneta Chevrolet S10 gris de la que bajaron tres hombres: lo golpearon con puños y un caño de hierro y lo obligaron a subir bajo amenazas de muerte, indicó el fiscal.
El joven fue llevado primero al taller y luego introducido en un Volkswagen Gol negro. Allí, el propietario del local, los hermanos Ch., un hombre identificado solo como Pablo y otros tres aún no individualizados lo sometieron a una brutal golpiza, mientras Sofía M. “los incitaba a continuar”, según describió el fiscal a partir del testimonio de la víctima.
Thiago relató que lo sacaron del auto, lo mojaron con baldes de agua fría, lo golpearon en las rodillas con un caño y lo amenazaron con llevarlo a un campo para aplicarle electricidad, además de advertirle que lo dejarían días sin comer. Durante las agresiones le exigían que devolviera las baterías o revelara a quién se las había entregado, aunque insistía en que nada tenía que ver con el faltante.
Tras cuatro horas de cautiverio, pudo escapar cuando quedó momentáneamente bajo la custodia de dos de los agresores y corrió a pedir ayuda. Primero llegó a la casa de un tío en la zona oeste, que lo acompañó hasta la vivienda de su madre, y desde allí fue trasladado a la guardia del Hospital Centenario. Ingresó alrededor de las 20.20, donde los médicos constataron politraumatismos, hematomas en varias partes del cuerpo y dolor en el hemitórax izquierdo.
El entuerto comenzó a investigarse poco después de que Thiago fuera secuestrado en Sanguinetti y Zolá, ya que conocidos suyos presenciaron la escena y, ante la gravedad, radicaron una denuncia en la comisaría 19ª.
Un dato que no pasó desapercibido es el vínculo familiar: los hermanos Ch. son cuñados del padre de la víctima. “Lo extraño de todo esto es que Thiago se crió con mis cuñados. Yo le conté a mi señora que sus hermanos estaban metidos en lo que le pasó a Thiago y ella no lo podía creer”, expresó un allegado.
Las evidencias citadas por el fiscal bastaron para que la jueza Lorena Aronne impusiera cuatro meses de prisión preventiva para el cuarteto por secuestro coactivo agravado por la participación de tres o más personas en calidad de coautores).