Un suboficial de la brigada motorizada de 23 años fue condenado a 3 años de prisión efectiva por haber recibido coimas a cambio de favorecer a una vendedora de droga en el barrio Parque Casas en perjuicio de organizaciones rivales. Se trata de Dylan Ezequiel Pérez, a quien se le impuso una inhabilitación especial perpetua para ejercer cargos públicos más una multa de cuatro millones de pesos.

La resolución tuvo lugar en el mediodía de este jueves en el Centro de Justicia Penal, cuando el juez Fernando Sosa homologó el acuerdo alcanzado entre los fiscales Pablo Socca y Karina Bartocci con la defensa del policía.

Pérez fue condenado por los delitos de falsedad ideológica de instrumento público, cohecho pasivo, omisión de persecución penal, omisión de denunciar agravada por ser funcionario público, incumplimiento en los deberes de funcionario público, privación ilegítima de la libertad, amenazas coactivas y apremios ilegales.

De acuerdo a la investigación, el suboficial junto con los policías Jesús Soria, Lucila Bellizi y Rodrigo Ramírez recibían información de una mujer vinculada al hampa en Parque Casas, pero usaban esos datos para obtener beneficios económicos indebidos.

De acuerdo al fiscal Pablo Socca, todo comenzó tras un ataque a tiros, en julio de 2024, contra la casa de una conocida transera, Sandra Álvarez, ubicada en Castagnino al 1200. Por orden judicial, la vivienda quedó bajo custodia policial, tarea que recayó en la Brigada Motorizada. El suboficial Soria, asignado a esa custodia, entabló una relación cercana con Álvarez y mantenía contacto frecuente, con fines espurios.

El 18 de noviembre de 2024, Álvarez les pasó el dato de que un tal “Rana” estaba ofreciendo dos pistolas con cartuchos. Pérez se hizo pasar por comprador, lo contactó y acordó un encuentro en Fournier y Antequera. Cuatro días después, “Rana” cayó en la trampa: fue detenido junto a otro hombre por los suboficiales Pérez, Soria, Ramírez y Bellizi. Según la acusación, los policías se quedaron con las armas y cobraron una coima de dos millones de pesos a cambio de liberarlo.

Incluso con el origen viciado del operativo, en lugar de detener a los dos hombres y secuestrar ambas armas, como correspondía, solo aprehendieron a uno y notificaron oficialmente el secuestro de una sola pistola. Así se concretó el cobro del soborno y se perdió el rastro de la segunda pistola.

“Lo dejé libre. Metí en cana al otro. Igual, nos hicimos amiguitos. A ver si el loco se pone la 10 con nosotros y nos tira alguna data. Ya le dije dónde vive, cómo se llama, qué auto tiene, todo. Por lo menos en pelotudo no se va a poner”, le relató Soria a Álvarez.