A una semana del crimen de Gabriela Banach (47), aún no fue fijada la audiencia judicial en la que será imputado el único detenido, Juan Gabriel A. (24), a partir de un cúmulo de evidencias reunidas en su contra. El sospechoso fue detenido en un sector del parque Independencia, donde se desempeñaba como cuidacoches. La investigación apunta a un hecho de robo, ya que faltaron elementos del departamento de la víctima, pero también busca determinar si hubo un componente de odio hacia la identidad de género de Gabriela, tal como reclama el colectivo travesti-trans. De ese reclamo también surgió el señalamiento sobre la situación de vulnerabilidad que atravesaba la víctima, vinculada con la falta de recursos económicos, vivienda y trabajo, además de consumos problemáticos.
Según pudo saber Rosario3 a partir de fuentes de la investigación, Juan Gabriel A. posee antecedentes y anotaciones penales por delitos contra la propiedad –robos, hurtos, invasión de domicilio y escruches– desde la adolescencia. Por esos hechos llegó a cumplir condenas y, al momento de su detención, oficiaba de trapito en Moreno al 1900. A los investigadores les llamó la atención que, pese a la repercusión mediática del travesticidio, el sospechoso siguiera frecuentando su área de “trabajo”, como si no estuviera al tanto de la muerte.
Los detectives de la Agencia de Trata de la PDI llegaron hasta él con asistencia del Sistema Lince, una herramienta que procesa imágenes de cámaras de seguridad mediante inteligencia artificial, pero también a partir del trabajo de calle. A simple vista, el sospechoso llevaba la misma ropa que había utilizado el día del crimen.
Ese jueves, los investigadores allanaron el domicilio donde pernoctaba Juan Gabriel A., en Pasco casi esquina Italia, un departamento de pasillo donde vive otro hombre, de 48 años. La propiedad estaba marcada por el descuido y la falta de higiene, según indicaron fuentes de la pesquisa. De allí, los investigadores incautaron elementos que pudieron haber sido robados del departamento que Banach habitaba en Cerrito 630: dos camperas, un perfume de mujer, lentes de sol, un gorro de lana gris y un pantalón. Al menos una de esas prendas tenía manchas rojizas, posiblemente de sangre, cuyo análisis será clave para determinar si se trata de material biológico de la víctima y reforzar la evidencia contra el sospechoso.
Además, del departamento de Banach fue sustraído un televisor, que todavía no fue hallado y que, según la hipótesis de los investigadores, pudo haber sido vendido.
Desde el área de prensa del MPA dijeron a este diario que, para avanzar con la recolección de evidencias, el fiscal Urruticoechea pidió una prórroga especial. Por ese motivo, la audiencia para exponer los elementos de cargo y plantear un posible móvil del hecho todavía no fue fijada.
En ese marco, entre los reclamos que disparó el crimen aparece el imperativo de investigar si detrás de la violencia existió un componente de odio hacia la identidad de género de la víctima. Respecto de la relación entre el posible homicida y Gabriela, no está acreditado que hubieran tenido un vínculo previo, aunque sí que ingresaron juntos al edificio.
El cuerpo de Gabriela, quien murió tras ser atacada a golpes, fue descubierto el 11 de agosto alrededor de las 22 en el piso 3° B de Cerrito 630. La víctima “presentaba lesiones compatibles con un hecho de violencia y había un marcado desorden en los distintos ambientes del inmueble y signos compatibles con un forcejeo”, señalaron desde la investigación.
La puerta de ingreso al domicilio se encontraba cerrada con llave y debió ser violentada para posibilitar el acceso al inmueble. El ataque tuvo lugar entre la noche del domingo y la madrugada del lunes, según trascendió.