A fines de 2024, a la empresaria dueña de la firma Lindor SA le llegó por Instagram un mensaje de un sujeto apodado “Paco” —identificado luego como Jerónimo Gianello, quien le manifestó haber adquirido un vehículo de su compañía, un BMW, y solicitaba que los titulares suscribieran la documentación para concretar transferencia. El tema era que ellos no habían ordenado la venta del auto, pero sí sospechaban que algo raro estaba ocurriendo porque le habían encargado a Guido Garay, con quien existía una relación de confianza, la realización de un service mecánico del rodado pero, con diversas excusas, no se los restituía respondiendo de manera sistemática con evasivas y maniobras dilatorias para retener el bien en su poder.

Ante el desconocimiento de la operación, los directivos de la empresa se reunieron con Gianello, quien ratificó dedicarse a la intermediación de automotores y haber actuado a instancias de Guido Garay, quien se presentó como apoderado de la empresa y le ofreció el auto para la venta, concretando la transacción con un tercero por la suma de U$D 28.000 y suscribiendo el boleto de compraventa correspondiente. 

Y cuando los fueron a confrontar, Garay negó la existencia de la venta y persistió en su actitud evasiva, omitiendo hasta la fecha la restitución del vehículo. Por eso, finalmente, la empresaria lo denunció penalmente por el perjuicio patrimonial ocasionado por los 28 mil dólares.

Ese fue un de los tres hechos delictivos que el Ministerio Público de la Acusación le imputó ayer al financista Guido Garay, quien saltara a la luz pública por haber sido parte de Cofyrco, la financiera propietaria de jóvenes y reconocidos que -ubicada en Corrientes y Córdoba- a través de la que operaban grupos narcos. El 9 de diciembre de 2021, Garay acordó la suspensión del juicio a prueba por tres años mientras los directores recibían una pena de prisión condicional.

Pero este miércoles, Garay entró detenido a la audiencia en la que escuchó a la fiscal Georgina Pairola imputarle dos hechos de estafa y uno de estelionato por unos 130 mil dóláres. El financista durmió ayer tras las rejas, pero este jueves recupera la libertad tras abonar una fianza de 150 mil dólares gestionada por su abogado defensor Hugo Varela.

El otro caso que tiene a Garay como protagonista fue el de un inversor que le entregó 50 mil dólares para inversiones financieras desde la época de Cofyrco, desarmada en 2021 tras el escándalo, pero continuó cuando el financista abrió su oficina en el Palacio Minetti. Si bien lo conoció a través de Patricio Carey, quien manejaba Cofyrco, la víctima entabló buena relación con Garay. 

No obstante, en 2022, el financista dejó de recibir los intereses pactados y tampoco podía sacar su capital. Según sostuvo, Garay le respondía que los intereses supuestamente se capitalizaban, evitando así cumplir con la devolución del dinero. A fin de ese año, y ante la falta total de cumplimiento comenzó a intensificar sus reclamos tanto de forma personal como telefónica solicitando la devolución del capital y los intereses, obteniendo como respuesta evasivas y negativas, manteniendo cautiva a la víctima. 

Por la presión,  Garay suscribió un pagaré por la suma de cien mil dólares,supuestamente garantizando el doble de la deuda inicial.  “Sin embargo, esto no implicó la restitución efectiva del capital, sino que tenía la única finalidad de dilatar el cumplimiento de la obligación y que la víctima deje de reclamar el pago de la deuda. Desde entonces, la víctima no ha logrado establecer contacto con el imputado”, sostuvo la fiscal,

Y el último caso fue de una ahorrista que en abril del 2022 contactó a Garay con la finalidad de realizar una operación de cambio de divisas. Dicho contacto fue establecido por recomendación directa de la hermana de una persona muy allegada a la víctima en quien ella confiaba plenamente. Garay recibió a la ahorrista en sus oficinas del Palacio Minetti y luego en las que tenía en calle Santa Fe al 1300. Desde entonces,  la ahorrista entregó diversas sumas en dólares estadounidenses, tanto en forma directa como por medio de terceros, que el Guido Garay recibió bajo el compromiso de conservar y restituir a requerimiento. 

Además, el propio imputado le ofreció la utilización de su caja de seguridad personal para resguardar parte del dinero como solución ante la imposibilidad de obtener nuevas cajas en entidades bancarias de Rosario, “lo cual reforzó la confianza de la víctima y además justificó en apariencia la tenencia física del dinero por parte de Garay”, según la lectura de la fiscal. 

En 2023, el propio Garay reconoció que tenía en su poder 3.995 dólares en un plazo fijo a nombre de la víctima, cifra que posteriormente aumentó con nuevos aportes y reinversiones hasta alcanzar los 52 mil dólares. Ante los reclamos por la devolución de su dinero, Garay adoptó una conducta de carácter evasiva y dilatorias y en 2024, y como consecuencia de las numerosas insistencias por parte de la víctima, Garay firmó un pagaré a favor de la ahorrista, reconociendo la existencia y la exigibilidad de la deuda. 

Dicho acto lejos de ser una solución, constituyó una nueva maniobra dilatoria por parte del denunciado, quien nunca restituyó el dinero a la víctima, quien con el patrocino de los abogados Pablo Bedouret y Bárbara Reynoso, también denunció penalmente a Garay.