En un juicio oral que culminó esta semana, un presunto soldadito de la Banda de Los Menores fue condenado a 6 años y 8 meses de prisión por su participación en una ejecución fallida frente al arroyo Ludueña, donde miembros de la organización narco dispararon contra un joven al que consideraban un traidor. Esa noche de septiembre de 2023, la víctima escapó arrojándose al agua y declaró. La investigación condujo a Luciano Cabrera (24), quien estuvo en el lugar de los hechos y contactó al chico con el pretexto de ofrecerle una changa de albañilería. En su momento, relacionado con esta investigación, un policía de la Subcomisaría 21ª estuvo detenido por presunta connivencia con Los Menores, pero esa causa terminó archivada.
Antes de la exposición por el asesinato del jefe de la barra de Central Andrés “Pillín” Bracamonte, la banda de Los Menores, nombre derivado del apodo de uno de sus integrantes, Ezequiel “Menor” Dilascio, era un grupo en expansión que controlaba parte de la zona noroeste de Rosario, especialmente los barrios 7 de Septiembre y Stella Maris, donde el vecino trabajador quedó a merced de un conflicto callejero entre este grupo y los soldaditos de Brian “Negro” Villalba y los hermanos Romero/Coronel.
Gracias a la visión de negocios y las alianzas del cabecilla Matías Gazzani, por entonces fuera de la ciudad, Los Menores, ya como marca delictiva y no como gavilla barrial, terminarían desplazando la hegemonía de Los Monos y el clan Cantero en el bajomundo del narcodelito.
El caso que llevó a juicio el fiscal José Luis Caterina data de septiembre de 2023, involucra a Los Menores en su pago chico y tuvo como víctima a LD, un joven que tenía 18 años y que, al menos en la instrucción del caso, afirmó que había vendido drogas para la banda en un búnker de Juan B. Justo y Olmos.
Tras haber desertado de realizar esa labor delictiva, a LD lo señalaron por haber aportado información a la Policía, y lo quisieron matar a balazos. Por ello, este viernes fue condenado un soldadito de Los Menores, Luciano Cabrera (24), sindicado como partícipe necesario de homicidio en grado de tentativa. La resolución estuvo a cargo del juez Alejandro Cardinale.
El caso
Cabrera fue condenado por llevar engañado a LD hasta la vera del arroyo Ludueña, cerca de Schweitzer y García del Cossio, donde un pelotón quiso ejecutarlo porque lo consideraban un traidor.
LD se había presentado frente al arroyo, en villa La Bombacha porque, según declaró al comienzo de la investigación, Cabrera lo contactó a través de un amigo con el pretexto de que podía ofrecerle una changa de albañilería.
Aunque no ratificó esos dichos frente al tribunal, LD había dicho que esa noche aprovechó la indecisión de los gatilleros, se arrojó al agua, salió ileso de la lluvia de balas, gritó para simular que le habían pegado y se perdió entre la maleza.
LD había indicado durante la instrucción de la causa que Los Menores lo querían muerto porque tiempo atrás había escapado de un búnker donde había estado recluido, casi en condiciones de trata, por el transero Matías Guerra, quien el 21 de septiembre de 2023, un día antes de los hechos, fue detenido en Nicaragua al 300 bis por la Policía Federal.
La víctima se negó a declarar en juicio, pero la Fiscalía fue reconstruyendo su relato y el resto de los hechos a partir de otros testimonios y de prueba digital objetiva. Todo ello ubicó a Cabrera en el lugar de los hechos.
“Se comprobó una llamada al teléfono de la abuela de la víctima, por el cual le ofrecieron la falsa changa. Se lo posicionó con las antenas a Cabrera en el lugar adonde la víctima fue convocada. Y se acreditó que inmediatamente después del hecho Cabrera cambia de línea telefónica para descartarse de la que había usado al momento del hecho y con la cual había citado a la víctima. Se acreditó que tenía agendado a ‘Sarampa’, que con el tiempo fue identificado como Dylan Bartozetti y que actualmente está detenido como miembro de Los Menores”, confiaron desde la acusación a este diario.
Esa noche, tras sobrevivir a la ejecución, LD buscó ayuda y un vecino de avenida Jorge Newbery llamó al 911. Al rato llegaron dos empleadas de la comisaría 17ª, de Fisherton.
Por razones de jurisdicción, esa noche LD fue trasladado a la Subcomisaría 21ª de barrio 7 de Septiembre para que dejara asentado lo sucedido. Ello lo puso aún más nervioso y pidió ir a otra seccional.
“En el camino él decía que llevarlo a esa comisaría era lo mismo que dejarlo solo en la esquina para que lo maten, que se quería ir, porque él sabía que el comisario arreglaba con los narcos”, recordó una de las suboficiales que lo trasladó a la sub21ª.
Allí, LD se negó a entregar sus datos e increpó al oficial sumariante Fernando Molina, acusándolo de recaudar dinero del búnker donde había estado obligado a vender y soldadear, al menos según su relato.
Los señalamientos por poco terminan en trompadas en la seccional de Ayala Gauna al 7900.
En su momento, el sumariante Molina estuvo preso 90 días por cohecho, incumplimiento de los deberes de funcionario público y encubrimiento porque LD aseguró haberlo reconocido como quien pasó a buscar 200 mil pesos de coima por la boca de expendio de Juan B. Justo y Olmos. Pero la causa no prosperó y se archivó en marzo de este año.
“No se reunió ningún otro elemento fuera de los dichos del chico, ni antenas en la zona del búnker ni otra cosa, y además se acreditó que hacía muy poco tiempo que el policía trabajaba en la Sub 21ª. Mientras que la víctima habría estado cautiva en el búnker dos o tres meses antes. En su teléfono tampoco se encontraron elementos que lo vincularan con el comercio de drogas o con cubrir a vendedores de la zona”, confió una fuente de la pesquisa sobre la situación penal del policía.