“Pagá la droga que debés o matamos a tu marido”. El mensaje, escrito en un cartón y destinado a una mujer, apareció días atrás en el frente de una escuela de Villa Gobernador Gálvez. Para que no pasara desapercibido, los emisarios no optaron por los disparos, sino que prendieron una fogata que alertó a la policía. La misma situación había tenido lugar en otra institución educativa de la vecina localidad, que el 26 de junio fue usada como buzón de una amenaza narco con la misma destinataria, Magalí Z.
Clave en el asedio que sufre esta mujer es la presunta actividad ilícita de su pareja, Pablo Jesús Mogianofski (29), un villagalvense que permanece detenido desde la tarde del 9 de junio, cuando personal de Asuntos Internos lo aprehendió en avenida Belgrano al 2100, en Rosario, acompañado de un hombre llamado Brian Cabrera, hoy preso por encubrimiento.
Horas antes de que lo cortaran frente al Club Apur, Mogianofski había observado cómo un grupo táctico policial irrumpía en su casa de Fornieles al 600, en Villa Gobernador Gálvez. Segundos antes de ser reconocido, aprovechó para escapar a toda velocidad al volante de una Fiat Fiorino de la panificadora de su padre, vehículo que luego abandonó para pedir ayuda a Cabrera.
En la planta alta de la casa de Fornieles, donde vive Mogianofski con su pareja, Asuntos Internos incautó una pistola y 400 gramos de cocaína compactada, sin fraccionar, un hallazgo que acaso explique la deuda que hoy acecha a Magalí Z.
¿Por qué Asuntos Internos buscaba a Mogianofski? A unos 200 metros, por Fornieles al 800, esa misma mañana Asuntos Internos detuvo a la pareja de empleados policiales Romina Galbán (39) y Jonathan Rothar (33). La dupla tuvo un breve paso por la División Microtráfico de la PDI y, junto con Mogianofski, tenía orden de detención por haber simulado un allanamiento y mejicaneado a un villagalvense de apellido Carmelé, en un escandaloso episodio ocurrido el 19 de mayo de 2025.
Según la imputación del fiscal José Luis Caterina, Rothar, Galbán y un tercer agente pergeñaron un allanamiento trucho en Paulo VI al 900, donde vive Carmelé –un hombre con prontuario– junto con su pareja y sus hijos.
Los policías llegaron en un Ford Focus que, no tiene dudas el fiscal, manejaba Mogianofski. A primera hora de la mañana aprovecharon cuando la mujer volvía en moto de llevar a uno de sus hijos a la escuela. La interceptaron a punta de pistola con la excusa de un allanamiento.
Carmelé dormía y se despertó encañonado. Los tres policías, dijo, llevaban pasamontañas y gorros o gorras de la Policía de Santa Fe. Uno de ellos era “grandote”. “Si tenés droga, es momento de arreglar ahora”, le dijeron luego de exhibir órdenes de allanamiento que, en teoría, habían partido de un juzgado federal.
Poco después, Carmelé, un hombre con experiencia en el trato con la policía, notó que era víctima de una mejicaneada. “Vos sabés lo que yo hago acá, Carmelé. Esto es simple: vos no decís nada, vos no denunciás, yo no vuelvo”, se despachó uno de los uniformados, que embolsaron 3 millones de pesos en efectivo y mil dólares frente a las narices del dueño de casa, precintado.
Antes de salir en formación de la vivienda, uno de los policías avisó: “Si nos denunciás, el próximo allanamiento va a ser más grave”. Carmelé se liberó de los precintos y rápidamente se subió a su Toyota Etios en busca de ajustar cuentas con los mejicaneadores. La persecución fue intensa y se extendió por varios kilómetros, con el Etios chocando la parte trasera del Focus en varias ocasiones y el vano intento de Carmelé de que un patrullero se acoplara a la persecución. Hasta que desde el Focus le dispararon –el plomo quedó incrustado en el Etios y más tarde sería recuperado– y Carmelé desistió.
Ese mismo día, Galbán y Mogianofski pergeñaron un relato en un intento de borrar las pistas que condujeran a los autores del hecho. Así, Mogianofski hizo una denuncia en la Comisaría 21ª, donde afirmó que esa madrugada le habían robado el Focus en el Casino City Center mientras se encontraba apostando. Quien le tomó la denuncia terminó imputada por falsedad ideológica. Se trata de la inspectora Jorgelina P., que intervino a pedido de su antigua compañera Galbán, con quien ingresó a la fuerza en 2010, en el BOU.
En la seccional, Mogianofski dio el nombre de un hermano y un número de celular inexistente. El único objetivo era insertar la captura del vehículo, y la denuncia nunca fue elevada a la Fiscalía.
Según la investigación, el Focus fue enfriado en la casa de Galbán y Rothar y, tiempo después, terminó desguazado en un desarmadero de Cochabamba al 7200. El antro fue allanado el 9 de junio y allí encontraron otros dos vehículos con pedido de secuestro vigente.
Tiempo después, un dato complicó a Rothar, que supera el metro noventa de altura: un cotejo vinculó el plomo recuperado del Etios de Carmelé con su pistola reglamentaria.
Desde el 12 de junio, Rothar, Galbán y Mogianofski permanecen en prisión preventiva. Sin embargo, los problemas continuaron para Magalí Z., que esquivó la cárcel, pero no la deuda que habría generado la pérdida de la droga, al menos según las misivas que la nombran en Villa Gobernador Gálvez.
Mogianofski ya se había metido en serios problemas a fines de 2018. Tenía 23 años cuando la Policía Federal le reventó la puerta de su casa de Belgrano al 2400, en Alvear, con motivo de un allanamiento por drogas. Creyó que los visitantes no eran policías y tomó una pistola Beretta .40 para resistir la irrupción a los tiros. El saldo: dos federales heridos y una imputación por tentativa de homicidio, lesiones, portación de arma y resistencia a la autoridad. Meses antes, Mogianofski había figurado como víctima de un supuesto secuestro extorsivo: una patota lo mantuvo cautivo durante unas horas y le pidió medio millón de pesos a su novia, que terminó entregando apenas 20 mil, según la crónica de aquel episodio.
Según fuentes judiciales, los abogados de Mogianofski se las ingeniaron para postergar esos procesos penales en aras de la presunta inimputabilidad de su cliente, una situación que podría cambiar a raíz de las nuevas acusaciones.