Un recluso del pabellón 3 de la unidad penitenciaria Nº 12 –situada en el límite entre Rosario y Pérez– fue imputado este viernes por la mañana por regentear el microtráfico de droga en los barrios Godoy y Empalme Graneros a través de un celular que solía esconder en el colchón de su celda. Se trata de Cristian Gonzalo Alonso, que quedó en prisión preventiva efectiva por el plazo de ley más una incomunicación de tres meses, según resolvió el juez Rafael Coria.

Según expuso el fiscal Diego Giro de la unidad de Microtráfico del Ministerio Público de la Acusación, Alonso coordinaba las operaciones con su pareja Jésica Nadia L. –que fue arrestada este jueves por la noche y será acusada la próxima semana–, un excompañero carcelario, otro hombre y al menos tres adolescentes.

Las maniobras, de acuerdo a las tareas llevadas a cabo por el fiscal, comenzaron en diciembre del año pasado, después de detenciones de la “Banda del playón” que comercializaba estupefacientes en la plaza de Bielsa y Magallanes, situación que fue aprovechada para hacer pie en ese territorio del distrito noroeste.

Sin embargo, los planes de expansión del preso no se detuvieron allí. A través de un excompañero de pabellón, con quien había entablado una amistad, comenzó a regentear un nuevo búnker "detrás del cementerio", ubicado en calle Brasil al 2600.

De acuerdo a las escuchas del caso, Alonso alardeaba ante otras personas de haber conseguido "cabida" y "línea directa" con conocidos proveedores de la región para conseguir panes de marihuana y cocaína.

El teléfono del interno fue incautado en una requisa que se hizo en la unidad penitenciaria Nº 12 el pasado 29 de mayo. Allí se encontraron datos respecto de las personas a las que llamaba, a quiénes encargaba la provisión de la droga y cómo dirigía los puntos de venta.

Pero más allá del negocio del microtráfico, el legajo mostró el nivel de violencia con el que se maneja la estructura. En las transcripciones telefónicas que obran como evidencia, Alonso no solo coordinaba transacciones en dólares para adquirir un kilo de cocaína, sino que también ordenaba ataques violentos. En una de las llamadas interceptadas en febrero, se escucha a los presuntos miembros de la banda manipular pistolas frente a su pareja y planificar balaceras contra supuestos transas rivales.

"La semana que viene tengo para hacer un ataque terrorista, andamos con explosivos", llegó a amenazar el propio Alonso desde su celda, ensayando planes para incendiar comercios locales en la zona de Juan José Paso.

La red delictiva comenzó a desmoronarse a raíz de varios procedimientos de flagrancia y allanamientos simultáneos. En febrero, la Policía interceptó una vivienda en calle Campbell al 400 bis, logrando detener a varios presuntos soldaditos y secuestrar dosis de cocaína listas para la venta, una balanza de precisión y una pistola Browning 9 calibre milímetros con la numeración limada.

Finalmente, el pasado 29 de mayo, un operativo en la vivienda de barrio Godoy terminó con el secuestro de 437 gramos de marihuana compactada , sellando el destino judicial de Alonso, quien sumó la imputación en su contra mientras se busca a sus laderos.