Este 24 de marzo se cumplen 50 años del golpe de Estado de 1976 en Argentina. Durante la dictadura que se extendió desde entonces hasta 1983, el gobierno militar avanzó sobre todas las instituciones, en especial las escuelas. Allí persiguieron a directivos, docentes y estudiantes, como método de amedrentamiento colectivo, e impusieron preceptos de orden y subordinación como germen para las generaciones futuras. Medio siglo después de aquella fecha, volvimos a las escuelas para indagar cómo se enseña hoy ese período de la historia argentina y qué saben los estudiantes sobre el tema, en pleno resurgir de la ultraderecha en el país y en el mundo.
“Desde la sanción de la Ley de Educación Nacional Nº 26.206 (año 2006) que promueve la enseñanza del pasado reciente argentino y la construcción de memoria con materiales y recursos específicos sobre Educación y Memoria, el tema «última dictadura militar en argentina 1976-1983» entró con protagonismo a la currícula escolar. El tema ingresó como efeméride a la escuela –al igual que otras como el 25 de mayo de 1810 y su Revolución o el 9 de julio de 1816 «Día de la Independencia»– y significa la posibilidad de hablar del tema a través de un acto escolar, invitando a la reflexión en torno a este período de la historia argentina”, explicó en diálogo con Rosario3, la profesora Virginia Martoglia, docente de Lengua y Literatura y Formación Ética y Ciudadana del Complejo Francisco de Gurruchaga.
Y agregó además, que desde el año 2006 a la actualidad, el ejercicio de memoria se tornó recurrente en las aulas y en la escuela. Previo al 24 de marzo, desde diferentes espacios curriculares (Lengua y Literatura, Formación Ética y ciudadana, Construcción de ciudadanía e Historia, entre otros) y a través de variadas actividades (cine debate, conversatorio, visita a algún sitio de memoria en la ciudad, muraleada, pintada colectiva de pañuelos, entre otras tantas) el aula se convierte en un espacio donde la palabra circula para hablar de ese período de la historia reciente.
“La escuela como la «gran ocasión» –subraya, citando a Graciela Montes (escritora y traductora argentina)– para que las generaciones actuales puedan mirar el futuro considerando de dónde venimos, y sobre todo, la importancia de valorar la democracia y sus formas, contrarias a formas autoritarias y dictatoriales. En este sentido –puntualiza– podríamos decir que hace aproximadamente 20 años (si tenemos en cuenta el año de sanción de la última Ley de Educación Nacional) el tema y el estudio sobre el pasado reciente en Argentina es política educativa y curricular que apuesta a formar ciudadanía comprometida con los valores democráticos”.
En esa institución, el acto por el 24 de Marzo lo organizan docentes del área de Ciencias Sociales (en algunos casos, se suma Lengua) en conjunto con el Centro de Estudiantes que asume un rol progónico en las actividades: hacen intervenciones y actuaciones en el patio de la escuela.
Negacionismo, descalificación y cuestionamiento a la memoria
En los cincuenta años transcurridos entre 1976 y 2026 hubo muchos vaivenes políticos y sociales. No sólo en Argentina, sino también en el mundo y los ideales democráticos, tan valorados y abrazados durante los primeros años posteriores a 1983, comenzaron a ser cuestionados por distintos sectores.
Lentamente, impulsado por algunos medios de comunicación y redes sociales, influencers reales y virtuales volvieron a poner en discusión el sistema democrático de gobierno, sobre el que recayeron responsabilidades por hechos de corrupción política, falta de crecimiento económico, inseguridad y ayuda social discrecional.
Todo un accionar montado al servicio de la censura –o la autocensura en más de un caso– sobre la temática.
Se reinstaló –ya en voz alta– la teoría que describe el golpe de Estado del '76 como el accionar de las Fuerzas Armadas en el marco de una guerra civil. Desde algunos sectores, se empezó a cuestionar la cifra de personas desaparecidas y hasta se justificaron hechos aberrantes como: secuestro, tortura, asesinato, robo de bebés, supresión de identidad y apropiación de bienes, que en nombre de esa supuesta “guerra”, los genocidas, en representación del Estado, llevaron adelante.
“Desde 2020, la práctica educativa de construcción de memoria y ciudadanía a partir del conocimiento y la reflexión sobre la historia y el pasado reciente en la escuela, se vio cuestionada. En primer lugar –señala Martoglia– desde las declaraciones públicas del gobierno nacional y sus funcionarios quienes permanentemente desprestigian este enfoque y perspectiva educativa con calificativos despectivos tales como: «políticas de adoctrinamiento», «el curro de los derechos humanos», «docentes kuka», «escuela kuka», «contar la historia completa», entre tantos otros. En segundo término, por medio de la proliferación de discursos negacionistas en redes sociales y en medios de comunicación que van moldeando la «palabra pública» y los discursos sociales de época. A esto se sumó el posicionamiento de familias autoconvocadas en torno a grupalidades que buscan incidir a través de petitorios con planteos a equipos directivos y docentes, sobre las políticas educativas; sobre todo, aquellas referidas a memoria, verdad y justicia. Todo un accionar montado al servicio de la censura –o la autocensura en más de un caso– sobre la temática”.
Los gobiernos de facto cuentan siempre con el aval de algunos sectores de la sociedad civil que también salen a la luz en períodos democráticos, cuando el poder se ejerce con rasgos autoritarios.
Así, aquella antigua y horrenda sensación de sentirse –y saberse– vigilado y perseguido (casi olvidada por muchos y desconocida por otros que nunca habitaron las escuelas en la dictadura) volvió a percibirse con mayor o menor fuerza en algunos ambientes educativos, poniendo de relieve, una vez más, que los gobiernos de facto cuentan siempre con el aval de algunos sectores de la sociedad civil que también salen a la luz en períodos democráticos, cuando el poder se ejerce con rasgos autoritarios.
La memoria como bandera
“En la Escuela Nº 514 Madres de Plaza 25 de Mayo (ubicada en barrio Triángulo) estamos conmemorando los 50 años del golpe de Estado con un acto importante por la impronta de la misma escuela que tiene como proyecto central la Pedagogía de la Memoria. Es una institución en la que las Madres tuvieron mucha participación y que hoy tiene vinculación permanente con el Centro Cultural Madres de Plaza 25 de Mayo”, cuenta la profesora Carolina Cosatto, docente de Historia de nivel medio y vicedirectora de la mencionada institución, donde el tema se trata de una forma mucho más intensa y se lo incluye en las materias relacionadas con Ciudadanía e Historia. En las materias artísticas y en artes visuales se trabaja sobre el símbolo característico de las Madres –los pañuelos– y también se realizan banderas y murales relacionados con la temática, ya que todos los docentes están muy involucrados con esa impronta.
“A veces –dice– el hecho de que la fecha del aniversario del golpe de Estado –24 de marzo– esté tan cerca del comienzo de clases, hace que sea más dificultotoso organizar actividades. En el caso de la Escuela Normal Nº 2, donde di clases en 2025, no hubo una indicación específica por parte de la escuela. El tema lo aborda el área de Ciencias Sociales, ya que el acto lo realizan los docentes de Historia. De hecho, uno de los docentes trabaja en el Museo de la Memoria, que está en la misma cuadra de la escuela. Pero no había nada instituído como parte de la conmemoración”, indica la docente y añade que ella trata el tema “desde el aula”.
Señala que a lo largo de estos años, hubo distintas formas de abordarlo: desde las Madres, desde el aspecto económico (para que se conozca y se visibilice el plan económico de la dictadura), desde la violación de los derechos humanos, desde la narrativa del horror (la desaparición de personas, la tortura, el robo de bebés, los vuelos de la muerte) y también desde el contexto internacional. Hubo años en los que se organizaron talleres como el de “Mujeres y dictadura” y “Periodismo y dictadura”, entre otros.
24 de marzo: feriado, reflexión y regreso a las fuentes
“En mi escuela secundaria, en los años '90, casi no se daba el tema –recuerda Cosatto–. En la facultad sí se abordaba, pero (aunque resulte extraño) desde la cátedra de Historia Argentina 3, no lo abordaron desde la perspectiva específica de los Derechos Humanos, sino desde el enfoque político y económico. De modo que todo lo que fuimos aprendiendo lo veíamos en bibliografía complementaria. Cuando empecé a trabajar –recuerda– todavía no era feriado el 24 de marzo, recién se estaba instituyendo y se trabajaba tímidamente como algo establecido”.
El accionar de una persona que pertenecía a un grupo rebelde armado o a una organización política que se encontraba en la clandestinidad no es lo mismo que la acción sistemática del Estado.
El 24 de marzo fue instituido como feriado nacional inamovible en Argentina en marzo de 2006, mediante la Ley 26.085. Esta norma incorporó la fecha, que ya era el "Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia".
“Yo siempre siento que falta algo a la hora de dedicarnos al tema. Algo relacionado con la legalidad y la ilegalidad, es decir: con la interpretación de la acción cuando proviene de la sociedad civil y cuando procede del Estado. Creo que esto es fundamental aclararlo desde el comienzo, en los primeros y segundos años. Y si bien en un momento, notamos que ya no era necesario hablar de aquellas cosas dolorosas y tristes que causó la dictadura y pudimos pasar a aspectos más complejos relacionados con lo político y económico, siento que hoy tenemos que volver a aquellos relatos porque quizás se fueron perdiendo. Posicionándonos en la difícil tarea de comprender algo tan abstracto como la diferencia entre el Estado y la sociedad civil. Para que se entienda que el accionar de una persona que pertenecía a un grupo rebelde armado o a una organización política que se encontraba en la clandestinidad no es lo mismo que la acción sistemática del Estado. Que la naturaleza de los delitos que se cometen no es la misma, porque si no se nota esa diferencia, quedamos embarrados en la teoría de los dos demonios y no podemos salir”.
El 24 de marzo fue instituido como feriado nacional inamovible en Argentina en marzo de 2006, mediante la Ley 26.085. Esta norma incorporó la fecha, que ya era el "Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.
La docente menciona que también trabajó en la Escuela Nº 518 Intercultural Qom; en escuelas privadas y religiosas (menos tiempo que en escuelas de gestión pública) y dio clases durante varios años en la Escuela Particular Incorporada Nº 1027 "Luisa Mora de Olguín", conocida como la Escuela del Padre Montaldo (privada y salesiana) que se encuentra en un contexto vulnerable y en la que se hace mucho trabajo barrial. “En ninguno de esos lugares tuve dificultades para desarrollar el tema”, afirma.
Cómo se informan y qué saben las y los estudiantes sobre el 24M
Los docentes explican que si bien hoy hay mucha información, la mayoría de los chicos se informan con videos cortos de Tik Tok o de otra red social, que duran no más de treinta segundos.
“No es fácil lograr, en esta época, que los chicos se enganchen mucho tiempo escuchando una argumentación; por eso, también es importante sumar recursos que tengan su código y con formatos accesibles. Me parece que hay que ir respondiendo a los relatos negacionistas que se escuchan hoy y si los estudiantes repiten esas afirmaciones negacionistas (como por ejemplo que la historia verdadera se ocultó) creo que hay que argumentarles y responderles constantemente. No hay que quedarse callados; no hay que dejarla pasar. Hay pruebas, hay datos, hay análisis historiográfico que permite negar ese negacionismo”, sostiene Cosatto.
“Los y las estudiantes que habitan la escuela hoy no están ajenos a las formas y los sentidos con los que circulan estos discursos negacionistas, la «palabra pública» en medios de comunicación y redes sociales o las campañas de desprestigio sobre la temática. Por eso, creo que hoy, más que nunca, la escuela puede seguir resignificándose como ese lugar de «gran ocasión» para hablar y reflexionar en torno a ese período de la historia reciente, en relación con el presente”, afirma Martoglia.
Rosario3 dialogó con 27 adolescentes de entre 17 y 18 años, estudiantes de escuela secundaria, cuyos padres nacieron en Argentina, durante la última dictadura cívico militar o en los primeros años del período democrático que comenzó en 1983. Algunos cuentan que lo que saben del tema lo aprendieron en la escuela, tanto en clases específicas de Historia como en otras materias, en el marco de la conmemoración anual del 24 de marzo de 1976.
También hacen referencia a películas como “La noche de los lápices” o “La historia oficial”, como recursos que les permitieron acercarse a esa parte de la historia y comprenderla. Otros mencionan que en sus familias hay personas desaparecidas durante la última dictadura (en dos casos, se trata de sus abuelos) y señalan que sus propios padres fueron su fuente básica de información sobre el tema, a través de sus testimonios directos.
Delitos de lesa humanidad son aquellos crímenes cometidos como parte de un ataque generalizado o sistemático contra la población civil y que por lo tanto, son imprescriptibles, no admiten amnistía y pueden ser juzgados internacionalmente.
Entre los hechos que más destacan para describir los procedimientos llevados adelante por los represores, la mayoría pone el acento en el robo de bebés. La apropiación de los mismos por parte de familias de militares y la supresión de sus identidades, señalando, en cada caso, la ilegalidad y la gravedad de estos hechos y asociando estos delitos con el nacimiento de las organizaciones de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que hasta la actualidad siguen actuando para encontrar a los hijos de sus hijos y devolverles la identidad usurpada.
Pero también se reiteran en sus testimonios: las torturas a los secuestrados, luego desaparecidos, el abuso sexual a las mujeres y los simulacros de fusilamiento, entre otras violaciones a los derechos humanos y se los describe como “delitos de lesa humanidad”, entendidos éstos como aquellos crímenes cometidos como parte de un ataque generalizado o sistemático contra la población civil y que por lo tanto, son imprescriptibles, no admiten amnistía y pueden ser juzgados internacionalmente.
Comparan los procedimientos de secuestro, tortura y muerte con lo ocurrido en los campos de concentración del Nazismo. Describen ese período como la “dictadura más sanguinaria en Argentina” y subrayan la complicidad directa o indirecta de los medios de comunicación de entonces, a la hora de informar a la población sobre lo que estaba ocurriendo, aún reconociendo que los periodistas no tenían demasiado margen para decir algo que no estuviera autorizado o aprobado por las sucesivas juntas militares gobernantes o negarse a leer un comunicado de la junta militar.
También remarcan la imposibilidad de expresar un pensamiento contrario, crítico o distinto a la ideología impuesta por la dictadura militar; a la quema de libros, la destrucción de discos, la proscripción, persecución y exilio forzado de autores, compositores e intérpretes.
En sus relatos, el golpe cívico militar aparece vinculado con el Mundial de Fútbol de 1978 realizado en Argentina. Por un lado, como “pantalla” de lo que estaba ocurriendo en el país; por otro, como posibilidad de las Madres, que recién habían iniciado sus rondas en torno a la Pirámide Mayo, de tomar contacto con la prensa internacional y hacer público al mundo entero su reclamo de justicia y la infructuosa búsqueda del paradero de sus hijos, a causa del pacto de silencio de los genocidas.
Del mismo modo, en la reseña de varios adolescentes consultados, la dictadura militar que se extendió entre 1976 y 1983 en Argentina, se muestra ligada a la Guerra de Malvinas, un hecho interpretado por ellos no como un intento genuino de recuperación de la soberanía sobre las islas, sino como parte de la “propaganda de la dictadura” que buscaba congraciarse con la población y ostentaba la contienda como “un hecho patriótico”, mientras ocultaba la información real a la población. La guerra costó la vida a 649 ciudadanos argentinos, que combatieron en clara desventaja con el poderío armamentístico del Reino Unido.
Las expresiones que más se repiten en la descripción de los estudiantes acerca del accionar de la dictadura son: miedo, angustia, horror, represión física y mental, oscuridad, violencia.
Remarcan la necesidad de seguir difundiendo información sobre el tema en respuesta a quienes desde el Gobierno, el Congreso o los medios de comunicación, niegan que haya existido el “terrorismo de Estado”, cuestionan la cantidad de personas desaparecidas y hasta reivindican a los genocidas ya condenados por la Justicia argentina.
Las expresiones que más se repiten en la descripción de los estudiantes acerca del accionar de la dictadura son: miedo, angustia, horror, represión física y mental, oscuridad, violencia.
“Un pueblo que no recuerda su historia está condenado a repetirla, sobre todo en tiempos de resurgimiento de la ultraderecha que apela al discurso negacionista. Por eso, cada 24 de marzo es un día dedicado a reflexionar para no olvidar, no perdonar y seguir luchando en defensa de la democracia, a pesar de los intentos de silenciamiento”, se lee en una de las respuestas.
“La palabra «desaparecido» no tiene traducción en otros idiomas” –apunta uno de los textos de los chicos–, “desaparecer en la dictadura era igual a secuestro, tortura y muerte. Y eso no se volverá a repetir si como país, todos, colectivamente, tenemos memoria”.