El reconocido consultor político Mario Riorda vendrá este lunes a Rosario para presentar su nuevo libro “El mito de gobierno: cómo comunicar el largo plazo”, una publicación en conjunto de las editoriales de la Universidad de Buenos Aires (Eudeba) y de la Córdoba (UNC editorial). Se trata de una compilación de trabajos donde el profesional utiliza ese concepto para entender a la comunicación de tipo simbólica que, en la gestión, tiene la función de generar esperanza, previsión e idea de rumbo y que, una vez instalada, puede alimentarse a sí misma siempre y cuando exista coherencia entre la narrativa esbozada y las políticas públicas implementadas. 

Riorda lo define como “algo más que un relato” y es “cuando existe coherencia entre el hacer y el decir” aunque también con un relato. También lo constituyen esa serie de políticas públicas y la aceptación no con unanimidad por parte de la ciudadanía mediante las victorias electorales que va teniendo ese mito de gobierno. 

El consultor que participó en múltiples campañas electorales y asesoró a más de ochenta gobiernos dio como ejemplos a las gestiones del kirchnerismo a nivel nacional y a la del Frente Progresista en la ciudad. En cuanto a la gestión del presidente Javier Milei no cree que lo sea ya que tiene “un nivel de desaprobación” muy importante como así tampoco la de Maximiliano Pullaro en la provincia que está en un “proceso inicial” a la espera de los resultados en las elecciones que lo consoliden en ese sentido, según su mirada.

 El nuevo libro se presentará este lunes a las 16 en el SUM de la facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario en el marco de una nueva edición del Congreso de la Democracia que organiza esa casa de estudios. 

El consultor político Mario Rioda

-¿Cómo definís a un mito de gobierno? 

-El mito de gobierno no es puramente relato aunque contiene relato. Es cuando existe coherencia entre el hacer y el decir, y también con un relato que la sociedad toma y lo siente como propio. Muchos creen que se trata solo de relato, pero más bien de una coherencia narrativa y de respuesta como un todo. A un mito de gobierno lo constituyen muchos componentes: la existencia de políticas públicas, cierta estética de ritualizaciones y características de visibilidad, un rumbo ideológico claro y un set lingüístico de palabras que lo caractericen, que ese gobierno tenga victorias legislativas y de plebiscitos de políticas públicas claves, mecanismos de comunicación de ciudadanía directa, entre otros. Muchos de esos componentes algunos gobierno los tienen y algunos tienen una parte. 

-¿Un gobierno para ser considerado un mito debe contar con el aval de grandes mayorías? 

-La idea de mito de gobierno es una gestión avalada mayormente por la ciudadanía, aunque no represente unanimidad. Un mito de gobierno presupone democracia y mayorías que apoyen un ritmo y un modo de gobernar. 

-¿El del presidente Milei es un mito de gobierno?

-Guste o no; Milei tiene una claridad ideológica muy potente, un estilo narrativo muy directo, un estilo de gobernar, ritos, estéticas, un branding en definitiva. Pero básicamente tiene serios problemas para ser considerado un mito. Tiene una valoración negativa ampliamente, hay muchas dudas del rumbo futuro y ninguna de sus políticas públicas tiene más imagen positiva que negativa. Una cosa es que te guste y otra que represente un mito de gobierno.

-¿Cuáles son ejemplos de mitos de gobierno? 

-El kirchnerismo lo fue en algún momento. Gano más de lo que perdió en términos de batallas electorales y estableció un núcleo de políticas públicas como la asignación por hijo, YPF, Aerolíneas Argentinas, la obra pública, el programa Conectar Igualdad o el plan Procrear. La universalización de esas políticas públicas y la consistencia en el tiempo no son un cheque en blanco de por vida. Todo mito necesita una especie de actualización, enfoque y revisión. El mito no representa una permanencia permanente e incuestionable en el futuro, en algún momento cruje y hasta provoca una transformación de sus políticas; eso explica el triunfo anti-k. Hay otros ejemplos en América Latina como el de Uribe en Colombia o los gobiernos progresistas como los de Lula en Brasil. Hoy pueden ser México y El Salvador. Son gobiernos que uno los adjetiva, no son vacíos de rumbo ideológico y de políticas públicas. Son cualquier cosa pero no híbridos.

-¿Hay algún proyecto en el país que pueda entenderse como un posible mito de gobierno?

-No, evidentemente no porque esto se mide desde los gobiernos. Habrá que ver hacia adelante quien termina de consolidarlo. Podríamos pensar en el cordobesismo desde De la Sota a Schiaretti, el PRO en CABA desde Macri a Larreta pero ya no hoy. Uno vigente es la sucesión de gobiernos de La Pampa sobre todo los tres últimos quieren fueron bastante coherentes en la linealidad de un mito de gobierno. Quizás lo fue Misiones a lo largo de cinco períodos, sólo que hoy esta discutido porque se ha quebrado el oficialismo. 

 

-¿Hubo gestiones en Santa Fe que podrían considerarse mitos de gobierno? 

-El mito de gobierno de Santa Fe fue en Rosario, ahí es donde es indiscutido. Una continuidad de políticas públicas consolidadas y más visibles como la planificación urbana, la cultura, la política sanitaria, y el trabajo por las infancias. Fueron hechos distintivos que se mantuvieron en el tiempo. Generaron una identidad rosarina e hicieron distinguir a la ciudad dentro del resto de las ciudades del país. Incluso ganó el premio a la gobernabilidad democrática en 2003 bajo esos cuatro pilares de gestión. 

-¿El frente Unidos constituye un mito de gobierno en la provincia?

-Hoy no creo que exista. Hubo un tramo interesante donde hubo continuidad de muchas políticas desde Bonfatti a Lifschitz. Hoy es un proceso inicial todavía. Pullaro tiene un gran liderazgo, habrá que ver si se plasma electoralmente ya que una de las características es que tenga victorias y la última elección donde jugó a su vicegobernadora terminó tercera. Habrá que ver si puede consolidarse un mito, hoy le pongo un signo de interrogación.

-¿Qué liderazgos ve a futuro?

-Los oficialismos tienden a perder. Va generando un recambio con líderes emergentes de un descontento más que una aspiración sostenida, identitaria de parte de la sociedad. Se acabó la ola de izquierda y viene otra de derecha. Pero hasta ahora tampoco le fue nada bien. Los niveles de desaprobación de Milei son altísimos así como también los niveles de erosión en Bolivia, de desaprobación en Paraguay, Chile, Perú y hasta ha empezado caer el de Colombia. Hoy la oferta es de derecha pero la erosión es transversal. Hoy hay liderazgos críticos del sistema, son antisistema, y la realidad es que ante el deterioro pueden volver otros que representen al sistema. Los liderazgos emergentes sirven para ganar elecciones pero son una incógnita a la hora de gobernar y tener capacidad de fijar políticas públicas que sean aceptadas por la sociedad. Una cosa es ser canalizadores del cambio producto del enojo y otra cosa es ser legitimados a largo plazo.