Después de casi una década de anuncios, demoras, rediseños, empresas que entraron y salieron, fondos que no llegaron y obradores que se volvieron parte del paisaje, la obra de remodelación del Monumento Nacional a la Bandera dio este jueves un paso que, en los papeles, puede cambiar su historia: la Nación firmó el convenio para transferir formalmente a la provincia de Santa Fe la culminación de los trabajos, y el gobierno de Maximiliano Pullaro anunció que el lunes volverán las tareas con la meta de llegar al próximo 20 de junio.
La novedad la confirmó el ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, en diálogo con el programa El Contestador, de Radio 2, donde contó que el acuerdo terminó de cerrarse este mismo jueves luego de una serie de trámites administrativos contrarreloj con el gobierno nacional. El objetivo político está claro: que el principal símbolo de Rosario llegue en condiciones al Día de la Bandera y deje atrás una obra que, para la ciudad, se convirtió hace rato en sinónimo de frustración.
“Me acaba de llegar el convenio firmado, así que ahora sí, para adelante con los faroles. El lunes arrancamos”, dijo en el diálogo con el periodista Pablo Motto el funcionario, que relató además la complejidad burocrática de transferir una obra pública de jurisdicción nacional a la órbita provincial que sumó, a último momento, una complicación extra: el secretario de Obras Púiblicas de la Nación, que debía poner la firma, tuvo días atrás un ACV.
“La idea del gobernador es: si lo agarramos en Santa Fe, lo tenemos que terminar para el 20 de junio”, dijo Enrico. Y agregó que, apenas recibió el documento, le avisó a Pullaro para coordinar la reactivación de la obra. Si no hay contratiempos, el mandatario estará el lunes en Rosario para mostrar el reinicio formal de los trabajos.
La escena tiene algo de reparación política y también de necesidad práctica. Porque si bien el Monumento es un sitio de valor nacional, la sensación en Rosario desde hace años es que quedó atrapado en un limbo donde todos lo invocan como emblema, pero nadie lo termina.
Una obra interminable
Lo que ahora la provincia intentará cerrar antes del invierno es apenas el último capítulo de una historia larguísima.
La puesta en valor integral del Monumento a la Bandera fue anunciada por primera vez en 2016, durante la presidencia de Mauricio Macri. La obra se licitó, comenzó en 2017 y tenía un esquema de financiamiento compartido: 70 por ciento a cargo de Nación y 30 por ciento de la Municipalidad de Rosario. El plazo original preveía terminarla en 2018. Nunca ocurrió.
Lo que siguió fue una secuencia ya conocida en Rosario: atrasos en los pagos, recortes presupuestarios, reformulación del proyecto, desaceleración de tareas y un cronograma que se fue corriendo una y otra vez. En 2018, con la crisis económica de aquel año, el proyecto se achicó. En 2019, la entonces intendenta Mónica Fein dejó una frase que resumió el clima de época: dijo que el Monumento estaba “secuestrado”.
La gestión siguiente tampoco logró sacarlo de esa condición. Durante el gobierno de Alberto Fernández hubo nuevos anuncios y una nueva adjudicación. En febrero de 2023 se informó la continuidad de las tareas con la empresa Dyscon S.A., bajo un presupuesto de 530 millones de pesos y un plazo de ejecución de 12 meses. Pero la obra volvió a frenarse. Primero por la interrupción de pagos nacionales, después por la inflación y la redeterminación de costos, y finalmente por el congelamiento práctico del proyecto.
En febrero de 2025 se produjo una reactivación parcial, que generó otra vez expectativas de finalización. Sin embargo, esa reanudación tampoco alcanzó para darle continuidad plena. Este año volvió a quedar frenada y se aceleró entonces una alternativa que venían explorando la provincia y el municipio: que Nación cediera formalmente la obra para que Santa Fe pudiera tomarla y concluirla con recursos propios, sugerida desde el propio programa El Contestador.
Eso es, precisamente, lo que terminó de encaminarse este viernes.
En términos políticos, el acuerdo le permite a la provincia apropiarse de una obra con alto valor simbólico en Rosario y, al mismo tiempo, despegarla del cuello de botella nacional que la mantuvo empantanada. En términos administrativos, significa que Santa Fe asume la responsabilidad de terminar lo que falta.
El ministro Enrico explicó que el trámite no fue sencillo. “Transferir una obra que es nacional y pasársela a la provincia es un lío para la Nación, para la provincia, papeles, recambio de presupuesto, de un montón de cosas”, dijo en Radio 2. Incluso contó que el proceso se demoró algunos días más por un imprevisto: el secretario de Obras Públicas de la Nación, Luis Jovini, sufrió un problema de salud grave justo antes de firmar la documentación.
Eso obligó a rehacer parte del circuito formal. “Hubo que hacer un decreto, una resolución del ministro de Economía para hacer otra autorización a otro funcionario”, detalló. La descripción, más allá de la anécdota, sirve para mostrar que el acuerdo no fue solo una decisión política sino también una ingeniería administrativa para que la obra pudiera salir del limbo.
La provincia ya se puso en contacto con la empresa contratista para que reconstituya el equipo de trabajo y vuelva a montar la dinámica de obra. “Hay que darle duro, día y noche”, dijo Enrico, al describir la exigencia de tiempos que le trasladaron a la firma para llegar con el predio en condiciones al 20 de junio.
Según el último detalle técnico difundido días atrás por funcionarios municipales, la obra tiene todavía un tramo importante pendiente. No se trata de terminaciones menores sino de intervenciones sensibles en distintos sectores del complejo.
Entre las tareas faltantes figuran la puesta en marcha del ascensor, trabajos en la Sala de las Banderas, la impermeabilización de la fuente de la proa, la restauración de la llama votiva y revisiones eléctricas e intervenciones de detalle sobre distintos componentes del conjunto monumental.
También resta completar sectores donde ya hubo trabajos parciales de restauración, limpieza, consolidación de placas, recuperación de esculturas y tratamiento de superficies de mármol y bronce.
El cálculo oficial es que todavía queda una porción significativa de la obra, aunque el mensaje político del municipio y la provincia viene siendo el mismo: si la obra vuelve a tomar ritmo continuo y se despeja definitivamente el problema del financiamiento, el plazo del 20 de junio es exigente pero alcanzable.