Dicen los expertos que para ganar una guerra es fundamental conocer al enemigo. Y en este momento de la historia de la humanidad los virus aparecen como nuestros enemigos. Gran parte de mi vida profesional como médico los tuve cerca, los estudié y los enfrenté con desiguales resultados: gané algunas batallas y perdí muchas más. ¿Y qué sabemos de ellos?

1) Que, muchísimos millones de años antes de que  nosotros lográsemos mantenernos erguidos ellos  habitaban nuestro planeta.

2) Que, aunque no faltan teorías al respecto y sí bien ha sido ampliamente estudiado, poco se sabe sobre sus orígenes.

3) Que, numéricamente hablando, son infinitamente superiores a cualquier tipo de organismo conocido. Aseguran los especialistas que convivimos con 10 quintillones (31 ceros) de virus individuales.

4) Que, desde tiempo inmemorial los coronavirus, por ejemplo, no son más que una de las  infinitas expresiones diferentes de virus capaces de colonizar a todos los habitantes de la tierra tanto del reino animal como vegetal.

5) Que, son causantes de enfermedades de variada gravedad desde simples resfríos hasta verdaderas catástrofes sanitarias que, a través de los tiempos, han generando cientos de millones de víctimas.

¿Y que hemos aprendido?

Hoy conocemos mucho de su genealogía, su estructura molecular, sus formas de invadir y también algunos  de sus puntos débiles que han permitido a los científicos desarrollar tratamientos y vacunas preventivas con singular éxito.

Ahora bien, la gran pregunta es sí sólo están aquí para provocar el mal o en nuestra ignorancia no hemos logrado entender cuál es su verdadera función en el equilibro ecológico global, y cual su significado en el “Planeta de Virus”, como lo bautizó el genial Carl Zimmer en su exitoso libro publicado allá por el 2011.

Y acá comienza el apasionante mundo de lo desconocido que por décadas me ha motivado a intentar conocerlos, desentrañar sus secretos y asomarme a la mayor de las incógnitas como es, el significado de nuestra vida.

El poder haber comprendido que son ellos los que “mueven” el ADN entre especie. Vaya el ejemplo tan de actualidad del paso de una enfermedad de murciélagos al terreno humano. Y es que ellos han generado a través de los tiempos las condiciones para que las células de los organismos receptores tomen parte del material genético transmitido y lo utilicen para su propia evolución lo que nos permite deducir que los virus además de los efectos deletéreos que conocemos, en forma indirecta son los que dictan, nada menos que, el “orden general de las cosas”.

Es decir, son ellos los que nos brindan a través de la incorporación de información molecular interespecies la capacidad de modificar nuestros propios genes lo que en definitiva es, sencillamente dicho, el mejoramiento y adaptación de la especie humana a los cambios universales que apenas alcanzamos a comprender.

Esta visión tan diferente a “lo establecido” nos debe motivar a profundizar los conocimientos actuales no sólo para luchar contra las infecciones sino para poder avizorar nuestro futuro como especie y sí somos capaces, prepararnos para vivir en un mundo absolutamente diferente.

*El autor es Jefe del Servicio de Clínica Médica del Hospital Escuela Eva Perón.