Quedarse dormido de manera repentina, sentir una necesidad constante de dormir durante el día o experimentar una pérdida súbita del tono muscular pueden ser algunas de las señales de una enfermedad neurológica poco conocida, la narcolepsia. Se trata de un trastorno crónico que afecta la regulación de los ciclos de sueño y vigilia y que, en muchos casos, puede pasar años sin ser identificado.
La enfermedad puede aparecer a cualquier edad, aunque se describen dos momentos de mayor frecuencia de inicio, alrededor de los 15 y los 36 años. Uno de sus síntomas más característicos es la cataplejia, una pérdida repentina del tono muscular que suele desencadenarse ante emociones intensas, como la risa, la sorpresa o el enojo. También pueden presentarse parálisis del sueño y alucinaciones al quedarse dormido o al despertar.
Sin embargo, la narcolepsia no siempre se manifiesta con esos episodios llamativos. “Aunque la mayoría de la población identifica la narcolepsia con los ataques repentinos de sueño, no todos los pacientes presentan estos síntomas. Lo más frecuente es que la enfermedad se manifieste como una sensación constante de sueño mientras la persona se esfuerza por mantenerse despierta”, explica la doctora Celia García Malo, coordinadora del Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la Sociedad Española de Neurología (SEN).
Además, tener narcolepsia no significa necesariamente dormir más ni descansar mejor durante la noche. Por el contrario, el sueño nocturno suele ser fragmentado y de mala calidad, ya que la enfermedad puede afectar tanto la capacidad para mantenerse despierto durante el día como la continuidad del sueño durante la noche.
Una enfermedad que puede tardar años en ser diagnosticada
Uno de los principales desafíos es reconocer el trastorno a tiempo. Según estimaciones de la SEN, el diagnóstico puede demorarse entre 8 y 15 años desde la aparición de los primeros síntomas. En España, unas 25.000 personas conviven con narcolepsia y hasta el 60% podría no estar diagnosticado.
La somnolencia excesiva no debería naturalizarse cuando es persistente e interfiere con las actividades cotidianas. A esto se suma que las personas con narcolepsia pueden presentar otras condiciones asociadas. De hecho, un metaanálisis citado por la SEN estima que alrededor del 30% tiene obesidad, mientras que entre un 10% y un 20% presenta diabetes, hipertensión o alteraciones del colesterol. El síndrome metabólico también alcanza a cerca del 30% de estos pacientes.
Nuevos tratamientos apuntan al origen del trastorno
Actualmente no existe una cura definitiva para la narcolepsia, pero existen tratamientos farmacológicos y estrategias relacionadas con los hábitos de sueño y la adaptación del entorno laboral, académico y social que permiten controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida. En algunos casos, por ejemplo, pueden indicarse siestas breves durante el día para reducir la somnolencia.
La novedad está en el desarrollo de terapias que buscan actuar sobre uno de los mecanismos centrales de la enfermedad, que es el sistema de la orexina, un neurotransmisor fundamental para mantener la vigilia y regular el ciclo sueño-vigilia. En agosto de 2026, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó oveporexton para adultos con narcolepsia tipo 1, el primer tratamiento autorizado que actúa directamente sobre la señalización de la orexina y aborda el conjunto de síntomas de esta forma de la enfermedad.
El nuevo fármaco se administra por vía oral y, en los estudios que respaldaron su aprobación, mostró mejoras en la capacidad para mantenerse despierto, reducción de la somnolencia diurna y de los episodios de cataplejia, además de beneficios en otros síntomas de la narcolepsia. Su llegada a otros mercados dependerá de las correspondientes evaluaciones y autorizaciones regulatorias.
Fuente: EFE.