Aprender a hablar es mucho más que sumar palabras. Durante los primeros años de vida, los chicos no solo incorporan vocabulario, también aprenden progresivamente a combinar las palabras y establecer relaciones cada vez más complejas entre ellas. Ahora, un equipo de investigadores desarrolló un método cuantitativo que permite observar cómo se transforma esa estructura del lenguaje durante el desarrollo infantil.

El trabajo fue liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE, CSIC-UPF) y el Instituto de Investigación Sanitaria Illes Balears (IdISBa), con participación del Instituto de Física Interdisciplinar y Sistemas Complejos (IFISC, CSIC-UIB). Los resultados fueron publicados en la revista científica Physical Review Research.

Para realizar el análisis, los investigadores estudiaron 142 sesiones de habla infantil en neerlandés disponibles en la base de datos CHILDES. De ellas, 82 correspondían a chicos con desarrollo típico y 60 a niños con desarrollo atípico, incluyendo casos de síndrome de Down, discapacidad auditiva y trastorno específico del lenguaje.

La particularidad del método está en que los investigadores transformaron las frases en redes matemáticas. Primero analizaron cómo se relacionaba cada palabra con las demás mediante los llamados árboles de dependencias. Después, reunieron esas estructuras en una red en la que cada palabra funciona como un nodo y cada relación sintáctica como una conexión. A partir de allí pudieron medir distintas características, como el vocabulario utilizado, la cantidad de conexiones y la similitud entre palabras.

El análisis mostró que la organización de las frases se vuelve progresivamente más compleja y que existe una transición particularmente marcada alrededor de los dos años y dos meses. En ese momento, las redes pasan de estructuras relativamente simples a configuraciones más densas y conectadas, que reflejan una mayor capacidad para combinar palabras de distintas maneras.

Los investigadores comparan este fenómeno con una “transición de fase”, similar a lo que ocurre cuando el agua cambia de estado al alcanzar determinada temperatura. La idea es que la estructura del lenguaje se mantiene relativamente estable durante un período y, al superar cierto umbral de desarrollo, experimenta una reorganización más abrupta.

El estudio también permitió observar qué ocurre en niños con desarrollo atípico. Sus estructuras sintácticas tendieron a seguir una trayectoria similar a la observada en el desarrollo típico, aunque en muchos casos no llegaron a completar las etapas finales. Según los autores, esto podría indicar que existe un recorrido general compartido en la maduración del lenguaje, pero que determinadas condiciones pueden dificultar el avance hacia las estructuras más complejas.

Los investigadores remarcan que estos resultados no permiten establecer una edad límite para la adquisición del lenguaje ni sirven por sí solos para diagnosticar dificultades. El método todavía necesita ser estudiado en más idiomas, contextos sociales y poblaciones infantiles antes de poder utilizarse en ámbitos clínicos. Sin embargo, podría convertirse en el futuro en una herramienta para describir con mayor precisión distintas trayectorias del desarrollo lingüístico.

Además de aportar información sobre cómo aprenden a hablar los chicos, el trabajo anima a preguntar si las diferentes etapas del desarrollo del lenguaje podrían ofrecer pistas sobre cómo evolucionó la capacidad lingüística humana. Para los investigadores, estudiar la manera en que se organiza el lenguaje durante la infancia podría convertirse en una vía indirecta para explorar cómo surgieron y se desarrollaron las estructuras que hacen posible la comunicación humana.

Fuente: SINC.