En medio de la proliferación de dietas milagro y suplementos que prometen reducir la inflamación o aliviar el dolor, la evidencia científica plantea un escenario bastante más moderado para las personas con enfermedades reumáticas. Según la Sociedad Española de Reumatología (SER), no hay una alimentación capaz de curar estas patologías ni evidencia suficiente para afirmar que la dieta, por sí sola, pueda modificar de manera significativa su evolución.
Esto no significa que la alimentación sea irrelevante. Según los expertos, determinados patrones alimentarios sí pueden asociarse con beneficios moderados y favorecer el bienestar general.
Entre ellos aparece la dieta mediterránea, basada en una mayor presencia de alimentos de origen vegetal y grasas cardiosaludables. Una mayor adherencia a este tipo de alimentación puede relacionarse con una menor incidencia o actividad de algunas enfermedades reumáticas, como la artritis reumatoide, aunque se trata de un complemento y no de un tratamiento curativo.
En cambio, los patrones asociados a la llamada “dieta occidental”, con un consumo elevado de carnes rojas, productos ultraprocesados, bebidas azucaradas, snacks y dulces, pueden favorecer un estado de inflamación sistémica y afectar negativamente la salud general.
¿Hay que dejar el gluten o los lácteos?
Una de las dudas más frecuentes tiene que ver con la eliminación de determinados alimentos. Sin embargo, actualmente no existe evidencia científica sólida que demuestre que retirar el gluten o los lácteos mejore los síntomas o la evolución de las enfermedades reumáticas, salvo que exista una intolerancia, alergia u otra patología diagnosticada que lo justifique.
Algo similar ocurre con los suplementos. Aunque se estudió el posible papel del omega-3, la vitamina D o el colágeno, la evidencia disponible todavía no alcanza para recomendar su consumo de manera generalizada en personas con enfermedades reumáticas. La indicación, según la SER, debería realizarse cuando existe un déficit demostrado.
Además, la automedicación con suplementos no está exenta de riesgos, ya que algunos pueden interactuar con determinados medicamentos o provocar efectos adversos cuando se consumen en exceso. “En nutrición, no siempre más es mejor”, advierte la especialista.
La alimentación también puede ser importante para abordar otros aspectos vinculados con estas enfermedades. El cuidado del riesgo cardiovascular, la salud ósea y la composición corporal, así como el manejo de patologías asociadas como diabetes, hipertensión, alteraciones de los lípidos o enfermedad renal, forman parte de los objetivos en los que una alimentación adecuada puede contribuir.
El papel de la microbiota
Otro de los aspectos que concentra la investigación es la relación entre la microbiota intestinal y el sistema inmunitario. Según expertos, una alteración de la microbiota puede asociarse con cambios en la permeabilidad intestinal y favorecer una respuesta inflamatoria sistémica de bajo grado.
Por eso, algunos hábitos pueden contribuir a mantener una microbiota saludable, como una alimentación rica en fibra, frutas, verduras y legumbres, la práctica regular de actividad física, un descanso adecuado y un uso responsable de los medicamentos. Los probióticos, prebióticos y otras estrategias para modificar la microbiota son, a su vez, áreas que continúan en investigación.
La recomendación apunta a evitar las restricciones alimentarias sin fundamento y las promesas de soluciones rápidas. Para las personas con enfermedades reumáticas, la alimentación puede ser una herramienta de acompañamiento para cuidar la salud y otros factores asociados a la enfermedad, pero no reemplaza el tratamiento indicado por los profesionales.
Fuente: EFE.