La incontinencia urinaria afecta a millones de personas en todo el mundo, pero continúa siendo un problema del que poco se habla. Se trata de la pérdida involuntaria de orina, que puede manifestarse con pequeños escapes al toser o reírse, o con una necesidad tan urgente de ir al baño que no da tiempo a llegar. Aunque es una condición frecuente, los especialistas remarcan que no debe considerarse normal ni inevitable.
Una revisión internacional publicada en 2025 y citada por la International Continence Society estimó que el 25,7% de las mujeres adultas presenta algún grado de incontinencia urinaria, es decir, aproximadamente una de cada cuatro. A nivel mundial, se calcula que cerca de 200 millones de personas conviven con este problema y el 70% de los casos corresponde a mujeres.
En Argentina, la situación también preocupa. Estudios locales indican una prevalencia del 28,35% entre las mujeres y muestran que los síntomas aumentan notablemente a partir de los 35 años. Sin embargo, apenas el 7,89% de quienes los padecen consulta de manera espontánea con un profesional de la salud, principalmente por vergüenza o porque creen que se trata de una consecuencia natural de determinadas etapas de la vida.
La Organización Mundial de la Salud considera a la incontinencia urinaria una prioridad de salud pública y la define como una pérdida involuntaria de orina que genera problemas higiénicos y sociales. Además del impacto físico, puede afectar la autoestima, limitar la vida social, reducir la actividad física e incluso deteriorar las relaciones de pareja, ya que muchas personas modifican sus rutinas para evitar situaciones incómodas.
Entre los principales factores de riesgo se encuentran el embarazo, el parto, la menopausia, el sobrepeso, el sedentarismo y la constipación crónica. También existe una fuerte relación con el índice de masa corporal, ya que la prevalencia aumenta de manera considerable en mujeres con sobrepeso u obesidad.
Los especialistas distinguen tres tipos principales de incontinencia urinaria. La de esfuerzo provoca pérdidas al toser, estornudar o reír; la de urgencia aparece junto con una necesidad repentina e incontrolable de orinar; y la mixta combina características de ambas. Identificar el tipo de incontinencia es clave para indicar el tratamiento más adecuado.
El abordaje puede incluir ejercicios para fortalecer el suelo pélvico, cambios en los hábitos cotidianos y tratamientos de kinesiología especializada. En algunos casos, también existen procedimientos mínimamente invasivos que evitan la cirugía convencional. Uno de ellos consiste en la aplicación, mediante un procedimiento endoscópico y ambulatorio, de un material biocompatible que mejora el cierre de la uretra y ayuda a disminuir o eliminar las pérdidas de orina.
El urólogo Martín Lerner explicó que este tratamiento, utilizado desde hace más de 30 años en distintos países y aprobado por organismos como la FDA, la Comunidad Europea y la ANMAT, puede ofrecer buenos resultados en pacientes seleccionados. No obstante, aclaró que la indicación depende de una evaluación médica individual y que no constituye una solución para todos los casos.
Los especialistas coinciden en que perder orina no debe naturalizarse. Si bien muchas personas recurren durante años a estrategias como usar absorbentes, reducir la ingesta de líquidos o evitar ciertas actividades, esas medidas no resuelven el problema de fondo. Consultar a tiempo permite acceder a un diagnóstico adecuado y conocer las distintas alternativas terapéuticas disponibles para mejorar la calidad de vida.
Fuente: Agencia NA.